Antes de que existiera la ciudad más inglesa de Nueva Zelanda, las llanuras junto al río Avon eran territorio (rohe) del iwi Ngāi Tahu, el pueblo maorí de la Isla Sur, y antes de Waitaha y Kāti Māmoe. El nombre maorí de Christchurch es Ōtautahi, y el hapū (subtribu) con mana whenua (autoridad ancestral) sobre esta zona es Ngāi Tūāhuriri, cuyo centro principal está en Tuahiwi, al norte de la ciudad. Para ellos, esta no era una tierra vacía, sino un paisaje conocido y aprovechado durante siglos.
La zona de humedales, ríos y lagunas alrededor del actual Christchurch era un rico lugar de mahika kai, término que designa la recolección de alimentos y los sitios donde se obtienen. El río Avon —Ōtākaro para los maoríes— y los humedales cercanos eran fuentes importantes de anguilas (tuna), aves acuáticas, peces y plantas. Los maoríes recorrían la región siguiendo rutas estacionales, y la costa y la península de Banks (Horomaka) ofrecían kai moana (recursos del mar). Existían asentamientos (pā y kāinga) y senderos que conectaban estos recursos.
La llegada de los europeos a la Isla Sur, y en particular el comercio y las armas de fuego del siglo XIX, trajeron episodios dramáticos, como las incursiones del jefe del norte Te Rauparaha en la década de 1830, que golpearon duramente a Ngāi Tahu en la región de Canterbury y Banks. Cuando los colonos británicos llegaron a fundar Christchurch a mediados del siglo XIX, encontraron un territorio que ya tenía siglos de historia y de presencia maorí. Reconocer que Ōtautahi fue, y sigue siendo, tierra de Ngāi Tūāhuriri y Ngāi Tahu, con su nombre, su río sagrado y sus lugares de mahika kai, es el punto de partida imprescindible para contar la historia de la ciudad.
Christchurch nació de un ambicioso proyecto colonial con un sello marcadamente inglés y anglicano. Fue fundada en 1850 por la Canterbury Association, una organización británica que buscaba crear en las antípodas una colonia modelo, ordenada y respetable, basada en la Iglesia de Inglaterra, una especie de 'Inglaterra ideal' en el Pacífico Sur. Los primeros colonos llegaron en 1850 a bordo de los llamados 'First Four Ships' (los cuatro primeros barcos), desembarcando en Lyttelton y cruzando las Port Hills hasta las llanuras donde se levantaría la ciudad.
El nombre 'Christchurch' proviene de Christ Church, el college de la Universidad de Oxford al que había asistido uno de los líderes del proyecto. La ciudad se trazó en una cuadrícula ordenada alrededor de una plaza central (Cathedral Square), destinada a albergar una gran catedral anglicana. Se plantaron árboles ingleses, se cultivaron jardines y se construyeron edificios de piedra de estilo neogótico, dándole a Christchurch ese aire de ciudad-jardín inglesa que la caracterizaría. La ChristChurch Cathedral, la catedral neogótica de la plaza central, se construyó entre 1864 y 1904 y se convirtió en el símbolo y el corazón de la ciudad.
Mientras tanto, en 1848, la Corona había 'comprado' a Ngāi Tahu vastísimas extensiones de la Isla Sur (el llamado Kemp's Deed y otras compras) por sumas irrisorias y con promesas que en gran parte no se cumplieron: se prometieron reservas adecuadas, escuelas, hospitales y el acceso continuado a los lugares de mahika kai, promesas que fueron sistemáticamente incumplidas. Así, mientras Christchurch florecía como próspera ciudad colonial —enriquecida por la lana, el trigo y la ganadería de las fértiles llanuras de Canterbury—, Ngāi Tahu quedaba despojado de su tierra y sus recursos, dando origen a uno de los agravios históricos más importantes del país.
La historia de Christchurch quedó dividida para siempre por una serie de terremotos devastadores. El primero, en la madrugada del 4 de septiembre de 2010, fue de magnitud 7,1: sorprendentemente, dado que ocurrió de noche y en una zona algo alejada, no causó víctimas mortales, aunque sí daños importantes. La ciudad se creyó afortunada. Pero lo peor estaba por venir.
El 22 de febrero de 2011, a las 12:51 del mediodía, un terremoto de magnitud 6,3 sacudió Christchurch. Aunque de menor magnitud que el de 2010, fue mucho más destructivo y letal, porque su epicentro estuvo muy cerca de la ciudad y a muy poca profundidad, generando algunas de las aceleraciones del suelo más violentas jamás registradas en una zona urbana. En pleno horario laboral, edificios enteros del centro colapsaron. Murieron 185 personas de más de 20 nacionalidades; muchas de ellas en el derrumbe del edificio de la CTV (que albergaba una escuela de idiomas) y del edificio PGC. La aguja de la catedral se desplomó, y buena parte del corazón histórico de la ciudad quedó en ruinas o irreparablemente dañado.
El fenómeno de la licuefacción —cuando el suelo saturado de agua pierde su firmeza y se comporta como un líquido— agravó enormemente el desastre, especialmente en los suburbios del este, arruinando casas, calles y cañerías, y cubriendo barrios enteros de lodo. A los grandes sismos les siguieron miles de réplicas durante meses, incluida otra serie destructiva en junio de 2011, manteniendo a la población en un estado de angustia y agotamiento. Miles de personas dejaron la ciudad; barrios enteros del este fueron declarados 'zona roja' e inhabitables, y demolidos. El centro de Christchurch quedó acordonado durante mucho tiempo, con gran parte de sus edificios destinados a la demolición. La ciudad, tal como era, había dejado de existir.
De la destrucción surgió una de las historias de reconstrucción urbana más notables y creativas del mundo. Mientras se demolían los escombros y se planificaba la recuperación, la comunidad de Christchurch respondió con una energía, un ingenio y una resiliencia extraordinarios. Uno de los primeros símbolos fue el Re:START Mall, un centro comercial temporal hecho con contenedores de colores, montado en 2011 en pleno centro devastado para que los comercios volvieran a funcionar: una imagen de optimismo entre las ruinas que dio la vuelta al mundo. Colectivos como 'Gap Filler' llenaron los solares vacíos con proyectos creativos, jardines, arte y espacios comunitarios.
Llegaron también obras emblemáticas de la reconstrucción. El arquitecto japonés Shigeru Ban diseñó la Cardboard Cathedral (Catedral de Cartón), una catedral transitoria hecha con tubos de cartón, inaugurada en 2013, que se volvió un símbolo mundial de resiliencia. Se creó el memorial nacional Oi Manawa junto al río, con los nombres de las 185 víctimas, y el museo Quake City para contar la tragedia. El arte callejero floreció por toda la ciudad. Se levantaron nuevos edificios modernos y sostenibles, un flamante barrio de innovación, el Riverside Market, la restauración de la calle art déco New Regent Street y la regeneración del corredor del río Avon (Ōtākaro Avon River Corridor), donde antes había barrios de la 'zona roja'.
La reconstrucción también abrió un espacio para un mayor reconocimiento de Ngāi Tahu y de la identidad maorí de Ōtautahi. El diseño de la nueva ciudad incorporó de forma más visible la cultura, los nombres y los valores maoríes, en colaboración con el iwi; el propio corredor del río Ōtākaro reconoce su valor ancestral. Esto se enmarca en el largo proceso de reparación que había culminado, años antes, en el histórico Ngāi Tahu Claims Settlement Act de 1998: tras más de un siglo de reclamos por las injustas compras de tierras del siglo XIX, la Corona ofreció a Ngāi Tahu una disculpa formal, una compensación económica y el reconocimiento de su relación ancestral con la tierra y el agua. Hoy, más de una década después de los terremotos, Christchurch sigue reconstruyéndose —la propia catedral histórica está en obras de restauración—, pero ya no es la ciudad que era: es una urbe más moderna, creativa, verde y consciente de su doble herencia, inglesa y maorí. Para el viajero, recorrer sus solares, sus edificios nuevos, su catedral de cartón y su memorial es asistir a una de las grandes historias de pérdida y renacimiento del mundo contemporáneo.