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Historia de Tromsø

Los sami, los primeros habitantes del norte

Mucho antes de que existiera la ciudad de Tromsø, y mucho antes de que llegaran los colonos noruegos, estas costas y fiordos árticos ya estaban habitados. Sus primeros pobladores fueron los sami, el pueblo indígena del norte de Escandinavia, cuya presencia en la región es milenaria y anterior a la formación del Estado noruego. En los fiordos alrededor de la actual Tromsø todavía se encuentran rastros de asentamientos sami: campamentos, círculos de piedra, lugares de sacrificio y topónimos en lengua sami que sobreviven bajo los nombres noruegos.

Los sami desarrollaron una cultura profundamente adaptada al Ártico. Los del interior se especializaron en el pastoreo nómada de renos, siguiendo las manadas entre los pastos de invierno y de verano; los de la costa (los llamados sjøsamer o sami de mar) vivían de la pesca, la caza y una agricultura de subsistencia. Su cosmovisión, su lengua —en realidad varias lenguas sami emparentadas—, su vestimenta (el colorido gákti) y su canto tradicional, el joik, forman una de las culturas indígenas más antiguas de Europa.

Durante siglos, sami y noruegos convivieron en el norte, no siempre en igualdad. A partir del siglo XIX, el Estado noruego impulsó una política deliberada de asimilación conocida como fornorsking, la 'noruegización', formalizada hacia 1851 y sostenida durante más de un siglo. Fue un programa dañino y sistemático: se prohibió a los niños sami hablar su lengua en la escuela, a muchos se los separó de sus familias y se los internó en escuelas-hospedaje donde solo se permitía el noruego, y se presionó a las comunidades para que abandonaran su identidad. La consecuencia fue que, durante generaciones, la lengua y la cultura sami se volvieron casi invisibles, y muchas familias dejaron de transmitirlas por miedo o vergüenza impuesta.

El reconocimiento llegó tarde y todavía está en curso. Tras el conflicto de Alta —una dura movilización de fines de los años setenta y comienzos de los ochenta contra la construcción de una represa en territorio sami—, el Estado noruego dio pasos hacia la reparación. En 1989 se inauguró el Sámediggi, el Parlamento sami de Noruega, un cuerpo elegido democráticamente que representa los intereses del pueblo sami (con sede en Karasjok, más al norte y al este). El gobierno noruego pidió disculpas oficiales por la política de noruegización, y en las últimas décadas se han destinado recursos a revitalizar la lengua y la cultura. Hoy Tromsø es un centro importante de la vida sami contemporánea, con instituciones, medios y una universidad que enseña e investiga en lenguas sami, y el visitante puede acercarse con respeto a esta cultura, por ejemplo visitando campamentos de familias sami criadoras de renos.

https://en.wikipedia.org/wiki/Troms%C3%B8https://en.wikipedia.org/wiki/S%C3%A1mi_Parliament_of_Norwayhttps://www.lifeinnorway.net/sami-facts/https://www.lifeinnorway.net/formal-apology-for-norwegianisa

De aldea ártica a ciudad: la carta de 1794 y el comercio pomor

El nombre de Tromsø aparece en documentos medievales: ya en el siglo XIII se menciona una iglesia en la isla, una de las más septentrionales de la cristiandad, levantada en el confín del reino noruego para marcar presencia en tierras de frontera. Pero durante siglos esto no fue más que un puñado de granjas y una pequeña comunidad pesquera dispersa entre los fiordos.

El salto llegó a fines del siglo XVIII. El 20 de junio de 1794, el rey Christian VII —Noruega estaba entonces unida a Dinamarca— le concedió a Tromsø su carta de ciudad (kjøpstad), el derecho a comerciar como puerto. En aquel momento vivían allí apenas unas pocas familias, pero la medida buscaba desarrollar el norte y aprovechar su posición estratégica. A partir de esa base, y a lo largo del siglo XIX, Tromsø creció con rapidez hasta convertirse en la ciudad más importante del Ártico noruego.

Una de las claves de esa prosperidad fue el comercio pomor: durante más de dos siglos, los pomor —comerciantes y pescadores rusos de la región del Mar Blanco, en torno a Arkhánguelsk— cruzaban el Ártico cada verano para intercambiar mercancías con los noruegos del norte. Traían grano, harina, cuerdas, lino y artículos rusos, y se llevaban pescado: sobre todo bacalao. Era un trueque que beneficiaba a ambas orillas, en una zona donde el grano escaseaba y el pescado sobraba. Tromsø, junto con Vardø, Hammerfest y otros puertos, fue uno de los grandes centros de este comercio. Hacia 1870, cuando se liberalizaron las reglas, cientos de barcos pomor visitaban Tromsø cada temporada, y en sus calles se mezclaban el noruego y el ruso en una jerga comercial propia. El intercambio floreció hasta que la Revolución Rusa de 1917 cortó el contacto y puso fin, de golpe, a una relación de siglos.

En paralelo, Tromsø se transformó en la capital indiscutida de la caza ártica. Desde su puerto zarpaban las expediciones balleneras y foqueras hacia Svalbard, el Mar de Barents y Groenlandia; hacia 1850 la ciudad había superado a Hammerfest como principal base de esta actividad. Aquella economía dura y peligrosa —la caza de focas, morsas y osos polares, y el atrapamiento de zorros en el hielo— forjó el carácter de la ciudad y sentó las bases para su papel siguiente: el de trampolín hacia el Polo.

https://en.wikipedia.org/wiki/Troms%C3%B8https://en.wikipedia.org/wiki/Pomor_tradehttps://www.ub.uit.no/northernlights/eng/pomor.htmhttps://thehiddennorth.com/the-history-of-tromso/

La París del Norte y la capital de la exploración polar

A mediados del siglo XIX, Tromsø se ganó un apodo que todavía la acompaña: 'la París del Norte'. El origen exacto es incierto, pero la explicación más aceptada es sencilla y hasta simpática: los viajeros que llegaban del sur de Europa, esperando encontrar en el confín del Ártico una aldea tosca y atrasada, se sorprendían al toparse con una ciudad de gente sorprendentemente refinada, bien vestida y a la moda, con cafés, vida cultural y salones. La distancia entre lo que imaginaban y lo que hallaban dio lugar al apodo. En una ciudad enriquecida por el comercio y la caza, con contactos con toda Europa, esa sofisticación no era casual.

Pero si algo puso a Tromsø en el mapa del mundo fue su papel como base de la exploración polar. A lo largo de las décadas finales del siglo XIX y las primeras del XX, cuando la conquista de los polos era la gran aventura de la humanidad, Tromsø se convirtió en el puerto de partida y en la fuente de conocimiento y de tripulaciones expertas para las grandes expediciones. Los exploradores sabían que allí encontraban marineros y cazadores que conocían el hielo, los vientos y la supervivencia en el Ártico como nadie.

De Tromsø salieron o se abastecieron las expediciones de Fridtjof Nansen y, sobre todo, de Roald Amundsen (1872-1928), el más grande de los exploradores polares noruegos: el primer hombre en alcanzar el Polo Sur, en diciembre de 1911, adelantándose a la trágica expedición británica de Robert Falcon Scott, y el primero en cruzar el Paso del Noroeste. Amundsen usó Tromsø una y otra vez como base logística.

Su final está ligado para siempre a la ciudad. En mayo de 1928, el dirigible italiano Italia, comandado por Umberto Nobile, se estrelló sobre el hielo al regresar del Polo Norte, y su tripulación quedó a la deriva. La desaparición desató una de las mayores operaciones de rescate de la historia. Amundsen, pese a sus diferencias con Nobile, se sumó a la búsqueda: consiguió del gobierno francés un hidroavión prototipo, el Latham 47, y el 18 de junio de 1928 despegó de Tromsø rumbo a Svalbard con cinco compañeros. Nunca llegó. El avión desapareció sin dejar rastro sobre el Mar de Barents, probablemente tras entrar en un banco de niebla. Meses después, cerca de la costa de Tromsø aparecieron un flotador y un tanque de combustible de la aeronave, los únicos restos hallados. Amundsen, que había sobrevivido a los lugares más extremos del planeta, murió buscando salvar a otro hombre. Nobile, paradójicamente, fue rescatado. El Museo Polar de Tromsø conserva la memoria de aquella epopeya de coraje y de hielo.

https://en.wikipedia.org/wiki/Roald_Amundsenhttps://amundsen.mia.no/en/resource/1928-latham-expedition-3https://www.britannica.com/story/what-were-the-circumstanceshttps://en.wikipedia.org/wiki/Troms%C3%B8

La guerra y el hundimiento del Tirpitz (1944)

La Segunda Guerra Mundial llegó al norte con toda su dureza. En 1940, la Alemania nazi invadió Noruega y ocupó el país durante cinco años. El norte, con sus fiordos profundos y protegidos, se volvió estratégico: era la base desde la cual la Kriegsmarine podía amenazar los convoyes aliados que llevaban suministros a la Unión Soviética por la ruta del Ártico, y desde donde acechaba la flota alemana.

La protagonista de esa amenaza fue el Tirpitz, el mayor acorazado construido por Alemania, buque hermano del célebre Bismarck. Su sola presencia en los fiordos noruegos obligaba a los aliados a mantener enormes recursos en el norte por si el gigante salía a atacar. Winston Churchill lo llamó 'la bestia'. Durante años, la Royal Air Force y la Royal Navy lanzaron una campaña incansable para destruirlo: ataques con bombarderos, con submarinos enanos, con aviones lanzados desde portaaviones. El acorazado resistió golpe tras golpe.

El desenlace ocurrió frente a Tromsø. Dañado en ataques anteriores, el Tirpitz fue trasladado a un fondeadero junto a la pequeña isla de Håkøya, muy cerca de la ciudad, donde se lo mantenía como batería flotante en aguas poco profundas para evitar que se hundiera del todo si volvían a alcanzarlo. Allí lo encontró el golpe final. El 12 de noviembre de 1944, en la Operación Catechism, una fuerza de bombarderos pesados Avro Lancaster de la RAF atacó el acorazado con las gigantescas bombas 'Tallboy' de más de cinco toneladas, capaces de perforar el blindaje. Al menos dos impactos directos y varias explosiones cercanas provocaron incendios y una explosión interna; el buque volcó y se hundió en pocos minutos. Murieron entre 940 y más de 1.200 marineros alemanes, muchos atrapados en el casco invertido; los atacantes no sufrieron bajas.

El hundimiento del Tirpitz fue celebrado como un gran triunfo aliado, porque eliminó de un golpe la última gran amenaza naval alemana en el norte. Pero también fue una enorme tragedia humana. Los restos del acorazado permanecieron durante años frente a Håkøya y fueron en buena parte desguazados en la posguerra; la zona está registrada hoy como área protegida y se considera una tumba de guerra. En Tromsø y sus alrededores hay memoriales y un pequeño museo dedicado a aquel episodio, uno de los más recordados de la guerra en el Ártico.

https://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Catechismhttps://en.wikipedia.org/wiki/Troms%C3%B8https://www.rafmuseum.org.uk/blog/target-the-tirpitz/

La universidad de 1968 y la Tromsø de hoy

La Tromsø moderna nació, en buena medida, de una decisión política. El 28 de marzo de 1968, el Parlamento noruego (el Storting) aprobó la creación de la Universidad de Tromsø, la cuarta universidad del país y la que debía servir a toda la mitad norte de Noruega, una región vastísima y hasta entonces desatendida en materia de educación superior. Tras cuatro años de preparación, la universidad abrió sus puertas a los primeros estudiantes en 1972.

Fue mucho más que un edificio nuevo. La Universidad de Tromsø —hoy UiT, La Universidad Ártica de Noruega— es la universidad más septentrional del mundo, y su llegada transformó a la ciudad de arriba abajo: la llenó de jóvenes, de investigadores y de vida cultural, la convirtió en un centro de referencia mundial en estudios árticos, aurora boreal, biología marina, medicina, pesca y lenguas y cultura sami, y la dotó de una energía cosmopolita poco común para su tamaño y su latitud. Buena parte del carácter joven, abierto y animado de la Tromsø actual se explica por esa universidad.

Hoy Tromsø es la mayor ciudad del norte de Noruega y la 'capital del Ártico': una urbe de unos 78.000 habitantes que combina su herencia pesquera y polar con laboratorios de investigación de vanguardia, una escena gastronómica y cultural sorprendente, festivales de cine y de música, y un turismo en pleno auge. En invierno, miles de viajeros llegan de todo el mundo a cazar auroras boreales, a montar en trineos de perros y a ver ballenas; en verano, a disfrutar del sol de medianoche y de la montaña.

La ciudad sigue siendo, además, un punto de encuentro. Es sede de instituciones y medios sami, alberga la sede del Consejo Ártico y de organismos de investigación polar, y funciona como plataforma hacia Svalbard y el gran norte. En sus calles conviven la memoria de los pomor rusos, la de los exploradores que partieron hacia el hielo, la del acorazado hundido en el fiordo y la cultura milenaria de los sami, con una ciudad universitaria que mira al futuro. Tromsø resume, quizás mejor que ningún otro lugar, lo que significa vivir —y prosperar— en el extremo norte del mundo.

https://en.uit.no/om/historiehttps://en.wikipedia.org/wiki/The_Arctic_University_of_Norwahttps://en.wikipedia.org/wiki/Troms%C3%B8

📚 Bibliografía

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