Oslo es una de las ciudades más antiguas de Escandinavia, aunque su nombre no figure entre las grandes capitales medievales de Europa. Las excavaciones arqueológicas en la zona de Gamlebyen (la 'ciudad vieja'), al pie del fiordo, muestran asentamientos urbanos que se remontan al menos al año 1000, en pleno final de la época vikinga. Durante mucho tiempo se atribuyó la fundación al rey Harald Hardrada (Harald III) hacia 1048, pero los hallazgos posteriores demostraron que ya había vida urbana antes, por lo que en 2000 la ciudad celebró su milenio.
La Oslo medieval creció a orillas del fondo del fiordo de Oslo (Oslofjord), en la desembocadura del río Alna (Alnaelva), un emplazamiento estratégico para el comercio y la pesca. En el siglo XIII, bajo el rey Håkon V Magnusson, la ciudad ganó peso político: el monarca trasladó allí su residencia y mandó construir la fortaleza de Akershus (hacia 1300), que todavía hoy vigila el puerto y que sería decisiva en la defensa de la ciudad durante siglos. Oslo se convirtió así en una de las sedes del poder real noruego.
De aquella ciudad medieval, hecha sobre todo de madera, quedan pocas ruinas visibles —iglesias y conventos en Gamlebyen—, porque los incendios eran una amenaza constante en las urbes nórdicas construidas en troncos. El nombre 'Oslo' es de origen nórdico antiguo y su significado se ha discutido mucho: suele relacionarse con 'la pradera (lo) bajo la colina' o con 'la pradera de los dioses (Ás)', sin que exista una certeza definitiva.
El año 1624 marcó un punto de quiebre en la historia de la ciudad. Un gran incendio arrasó la vieja Oslo medieval, construida en madera al pie del fiordo. Por entonces, Noruega estaba unida a Dinamarca bajo una misma Corona, y el rey danés Christian IV tomó una decisión drástica: en lugar de reconstruir la ciudad en el mismo sitio, ordenó levantarla de nuevo en un emplazamiento distinto, al otro lado de la bahía, justo bajo la protección de la fortaleza de Akershus.
La nueva ciudad se trazó con un plano regular de calles rectas y manzanas ortogonales, al estilo renacentista de la época, y se rebautizó 'Christiania' en honor al propio rey. Para reducir el riesgo de futuros incendios, Christian IV impulsó la construcción en ladrillo y piedra en el centro, aunque la norma tardó en cumplirse del todo. Ese núcleo planificado es el actual barrio de Kvadraturen, cuyo damero todavía se reconoce en el mapa de la Oslo moderna.
Durante los siglos siguientes, Christiania fue creciendo como centro administrativo y comercial de la parte oriental de Noruega, siempre a la sombra de Copenhague, la capital del reino dano-noruego. La ortografía del nombre cambió con el tiempo a 'Kristiania' (en 1877 para los documentos oficiales). La ciudad solo recuperaría su nombre histórico, Oslo, mucho más tarde, ya entrado el siglo XX, como símbolo de identidad nacional.
El año 1814 cambió el destino de la ciudad. Tras las guerras napoleónicas, Dinamarca —que había estado del lado perdedor— se vio obligada a ceder Noruega a Suecia por el Tratado de Kiel. Pero los noruegos no aceptaron pasivamente el traspaso: en la localidad de Eidsvoll, cerca de Christiania, una asamblea redactó y firmó el 17 de mayo de 1814 una constitución propia, una de las más liberales de su tiempo, y proclamó la independencia. Aunque finalmente Noruega tuvo que aceptar una unión con Suecia, conservó su Constitución, su Parlamento y un amplio autogobierno, y Christiania quedó consagrada como capital noruega.
A lo largo del siglo XIX, ya como capital de una Noruega autónoma dentro de la unión con Suecia, Christiania vivió un crecimiento notable. Se construyeron las grandes instituciones del nuevo Estado: el Palacio Real, el edificio del Parlamento (Storting), la Universidad, el Teatro Nacional y la Bolsa, y la población se multiplicó con la llegada de trabajadores a las fábricas instaladas a orillas del río Akerselva, en plena Revolución Industrial. La ciudad se llenó de elegantes edificios de estilo historicista a lo largo de la avenida Karl Johan.
Fue también la época dorada de la cultura noruega: en Christiania y su entorno vivieron y crearon figuras como el dramaturgo Henrik Ibsen, el compositor Edvard Grieg (vinculado más a Bergen, pero presente en la vida cultural nacional) y el pintor Edvard Munch, autor de 'El grito'. La unión con Suecia se disolvió pacíficamente en 1905, y Noruega se convirtió en un reino plenamente independiente, con Christiania como su capital indiscutida.
En 1925, ya como capital de un país plenamente independiente, la ciudad recuperó su antiguo nombre nórdico: Christiania (Kristiania) volvió a llamarse Oslo. Fue un gesto cargado de simbolismo nacional, una manera de dejar atrás los siglos de dominio danés y de reconectar con las raíces medievales noruegas. El viejo barrio al pie del fiordo, donde había estado la ciudad medieval, conservó el nombre de Gamlebyen ('ciudad vieja').
Durante la Segunda Guerra Mundial, Oslo y toda Noruega fueron ocupadas por la Alemania nazi entre 1940 y 1945. El rey Haakon VII y el gobierno se exiliaron en Londres, mientras en el país se imponía el régimen colaboracionista de Vidkun Quisling, cuyo apellido se convirtió en sinónimo de traición en varios idiomas. La resistencia noruega protagonizó episodios célebres, como el sabotaje a la producción de agua pesada. La liberación, en mayo de 1945, y el regreso del rey son momentos fundacionales de la Noruega contemporánea.
En la segunda mitad del siglo XX, el hallazgo de petróleo y gas en el Mar del Norte (a finales de los años sesenta) transformó a Noruega en uno de los países más ricos del mundo, y Oslo se modernizó a gran velocidad. Hoy es una capital próspera y volcada a la sostenibilidad, con barrios renovados como Aker Brygge y Bjørvika, este último presidido por la espectacular Ópera de mármol blanco (2008) y la nueva Biblioteca Deichman y el Museo Munch. Oslo es, además, la ciudad donde cada diciembre se entrega el Premio Nobel de la Paz.
Hay un rasgo que distingue a Oslo de cualquier otra capital del mundo: es la ciudad donde se entrega el Premio Nobel de la Paz. Mientras los demás premios Nobel (Física, Química, Medicina, Literatura y Economía) se conceden en Estocolmo, Suecia, el de la Paz se otorga en Oslo. Esta singularidad se remonta al testamento del propio Alfred Nobel, el inventor sueco de la dinamita, que en 1895 dispuso que el galardón a la paz fuera decidido por un comité elegido por el Parlamento noruego.
Las razones exactas de esa elección se han discutido mucho. Una hipótesis frecuente apunta a que, en tiempos de Nobel, Noruega y Suecia compartían unión y que el Parlamento noruego tenía fama de ser menos belicoso y más volcado a la mediación internacional; otras lecturas subrayan el respeto de Nobel por la tradición parlamentaria noruega. Sea cual fuere el motivo, la decisión convirtió a Oslo en un escenario simbólico de la diplomacia mundial.
La ceremonia se celebra cada 10 de diciembre —aniversario de la muerte de Nobel— en el Ayuntamiento de Oslo (Rådhuset), el imponente edificio de ladrillo rojo frente al puerto. La ciudad alberga además el Centro Nobel de la Paz (Nobel Peace Center), un museo dedicado a los galardonados y a la historia del premio. A lo largo del siglo XX y XXI, los Acuerdos de Oslo (1993) entre israelíes y palestinos, negociados en buena parte en la capital noruega, reforzaron esa imagen de Oslo como 'ciudad de la paz' y de la mediación.