Kristiansand es una ciudad de fundación, nacida de la voluntad de un rey. El 5 de julio de 1641, el monarca de Dinamarca y Noruega Cristián IV ordenó la creación de una nueva ciudad en la desembocadura del río Otra, en el extremo sur de Noruega, y le dio su propio nombre: 'Christianssand', que puede entenderse como 'la arena (o tierra) de Cristián'. El rey, un gran fundador de ciudades (también fundó Kristiania —la actual Oslo— y otras), buscaba un punto fuerte que controlara el estratégico estrecho de Skagerrak, la puerta marítima entre el mar del Norte y el Báltico.
La ciudad fue diseñada según los principios urbanísticos del Renacimiento: un trazado de calles perfectamente rectas que se cruzan en ángulo recto, formando una cuadrícula regular. Ese plano original es el que hoy se conoce como Kvadraturen ('el cuadrilátero') y sigue siendo el corazón de la ciudad, uno de los ejemplos mejor conservados de urbanismo en damero del país. Era un diseño moderno y racional, pensado tanto para la defensa como para el comercio ordenado.
Para atraer pobladores a su nueva fundación, Cristián IV concedió a Kristiansand importantes privilegios comerciales y fiscales, e incluso obligó a comerciantes de otras localidades del sur a trasladarse allí. La ciudad se concibió además como plaza fuerte, con fortificaciones destinadas a proteger el puerto. Así nació, por decreto real, la que sería la gran ciudad del sur de Noruega.
Pocas décadas después de su fundación, Kristiansand recibió un impulso decisivo a su importancia. En 1682, la sede del obispado se trasladó desde Stavanger a Kristiansand, lo que convirtió a la joven ciudad en la cabecera eclesiástica de buena parte del sur de Noruega. Lo que para Stavanger fue el comienzo de un período de decadencia, para Kristiansand significó ganar prestigio, instituciones y peso administrativo.
A partir de entonces, Kristiansand creció como centro religioso, comercial y militar del Sørlandet. Su puerto, bien situado en la ruta marítima del Skagerrak, prosperó con el comercio de madera, productos del mar y el tráfico costero. La ciudad se consolidó como un punto de paso entre Noruega, Dinamarca y el continente, beneficiándose de su posición estratégica.
Como casi todas las ciudades noruegas de la época, construidas en gran parte de madera, Kristiansand sufrió a lo largo de su historia varios incendios devastadores que destruyeron manzanas enteras y obligaron a reconstruir. Pese a ello, mantuvo su trazado original en cuadrícula, que facilitaba la reconstrucción ordenada, y conservó en su parte norte (la actual Posebyen) un valioso conjunto de casas de madera que han llegado hasta hoy.
El siglo XIX fue una época de crecimiento para Kristiansand y para todo el Sørlandet, ligada al mar. La región se convirtió en uno de los grandes centros de la navegación a vela noruega: armadores y marinos del sur poseían y tripulaban flotas que comerciaban por todo el mundo, transportando madera, hielo y otras mercancías. Los puertos y los pueblitos blancos de la costa vivieron su época dorada al calor de esa actividad naviera.
Kristiansand, como principal ciudad y puerto del sur, fue el centro administrativo y comercial de ese floreciente mundo marítimo. Se construyeron astilleros, almacenes y casas de comerciantes, y la ciudad ganó población y riqueza. En este período se levantó también la fortaleza de Christiansholm, que aún se conserva en el frente marítimo como recuerdo de su función defensiva.
El tránsito a finales de siglo del velero al vapor y luego a la navegación moderna obligó a la economía local a transformarse, pero la vocación marinera y comercial de Kristiansand se mantuvo. La ciudad entraba en el siglo XX como un puerto consolidado, con una identidad fuertemente ligada al mar y a su papel de cabecera del sur de Noruega.
El siglo XX trajo a Kristiansand la industrialización y nuevos desafíos. La ciudad desarrolló industria (entre ella, la metalúrgica) y reforzó su papel como puerto y nudo de comunicaciones del sur, con la llegada del ferrocarril (la línea Sørlandsbanen) que la conectó con Oslo y Stavanger, y con el desarrollo de las conexiones marítimas hacia Dinamarca y el continente.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Kristiansand, como el resto de Noruega, fue ocupada por la Alemania nazi a partir de 1940. Su posición estratégica sobre el Skagerrak la convirtió en un punto militar relevante: los alemanes reforzaron sus defensas costeras en la zona, de lo que quedan vestigios en los alrededores. La ciudad vivió los años de la ocupación y la posterior liberación en 1945 como toda la nación.
En la segunda mitad del siglo, Kristiansand se modernizó y diversificó su economía. Las conexiones de ferry con Dinamarca la convirtieron en una de las grandes puertas de entrada a Noruega para los viajeros del continente, y su clima soleado y sus playas empezaron a atraer a un número creciente de turistas, sentando las bases de su futuro como destino vacacional.
En la segunda mitad del siglo XX y, sobre todo, en las últimas décadas, Kristiansand consolidó la identidad por la que hoy es más conocida entre los noruegos: la de gran destino vacacional de verano. Su clima, de los más suaves y soleados del país, sus playas, su archipiélago de islas y su ambiente relajado la convirtieron en el lugar al que bajan miles de familias cuando llega la temporada estival, ganándose el apodo de 'capital de las vacaciones' (ferieby) de Noruega.
Un papel central en ese desarrollo lo tuvo el Kristiansand Dyrepark, abierto en su forma moderna en las décadas finales del siglo y convertido con los años en una de las atracciones más visitadas de toda Noruega: una combinación de zoo, parque temático y mundo de fantasía infantil (con la 'ciudad de Cardamomo' de los cuentos de Thorbjørn Egner) que atrae a familias de todo el país. El parque se convirtió en un motor turístico para la región.
La Kristiansand contemporánea ha completado esa vocación turística con una fuerte apuesta cultural y urbana: la renovación del frente marítimo, la playa urbana de Bystranda, el centro de artes Kilden (2012) y la conservación de su casco histórico de madera. Capital del condado de Agder y mayor ciudad del sur, hoy combina su pasado marinero, su trazado renacentista y su carácter luminoso y veraniego en una de las ciudades más amables de Noruega.