El departamento de Rivas ocupa el estrecho istmo que separa el lago Cocibolca del océano Pacífico, en el suroeste del país, junto a la frontera con Costa Rica. Fue el territorio del cacique Nicaragua o Nicarao —también llamado Macuilmiquiztli—, el gobernante más poderoso de la Nicaragua precolombina, cuyo cacicazgo se extendía desde aquí hasta la costarricense Guanacaste; su asentamiento principal, Kwawkapolkan, se cree situado cerca del actual puerto lacustre de San Jorge.
De este pueblo nahua deriva, según la tradición, el nombre del país. La ciudad de Rivas fue fundada como villa en 1720, con el nombre de Villa de la Purísima Concepción de Rivas de Nicaragua, y su posición de paso entre dos aguas la hizo escenario clave de la historia.
Por su ubicación en la ruta del tránsito, Rivas fue campo de batalla decisivo en la Guerra Nacional contra el filibustero William Walker. Aquí se libraron las batallas de Rivas de 1855 y 1856. En la segunda batalla de Rivas, el 11 de abril de 1856, el ejército de Costa Rica dirigido personalmente por su presidente Juan Rafael Mora Porras derrotó a las fuerzas de Walker, aunque con muchas bajas.
En aquel combate se inmortalizó el soldado costarricense Juan Santamaría, que incendió el mesón donde se atrincheraban los filibusteros, en una gesta que ambos países recuerdan como símbolo de la resistencia centroamericana contra la invasión.
En medio del lago Cocibolca se alza Ometepe, la isla más grande del mundo dentro de un lago de agua dulce, formada por dos volcanes unidos por un istmo: el Concepción, activo y más alto, y el Maderas, apagado y coronado por una laguna y bosque nuboso. Su nombre náhuatl significa «dos cerros».
Declarada Reserva de Biosfera por la Unesco, Ometepe guarda petroglifos precolombinos, estatuas, ojos de agua cristalinos y senderos entre plataneras y bosque. Ideal para el senderismo, el kayak y el turismo rural, es uno de los grandes destinos naturales de Nicaragua y un lugar cargado de simbolismo indígena.
En la costa del Pacífico, San Juan del Sur es el principal balneario y centro de surf del país: un pueblo en torno a una bahía en herradura, con vida nocturna, malecón animado y, en las playas cercanas, algunas de las mejores olas de Centroamérica. Playa Maderas, Playa El Coco y, más al norte en el municipio de Tola, los legendarios spots de Popoyo y Playa Gigante hacen de esta costa un imán para surfistas de todo el mundo.
Al sur, el Refugio de Vida Silvestre La Flor, de más de 7.000 hectáreas, protege una playa donde cada año miles de tortugas marinas —paslama, tora, carey y verde— llegan a desovar en arribadas masivas, uno de los espectáculos naturales más impresionantes de la región. Las visitas nocturnas guiadas, en temporada, suman conservación y asombro al atractivo playero y surfero del departamento.
El istmo de Rivas fue, a mediados del siglo XIX, la pieza clave de la «ruta del tránsito» de Cornelius Vanderbilt: los viajeros de la fiebre del oro cruzaban por tierra estos veinte kilómetros entre el lago y el Pacífico, del embarcadero del Cocibolca a San Juan del Sur, en su camino de Nueva York a California. Rivas fue así, durante unos años, un cruce del comercio mundial.
El puerto lacustre de San Jorge, muy cerca de la ciudad, es hoy el principal punto de embarque hacia la isla de Ometepe, con ferris y lanchas que cruzan el gran lago. Entre la memoria del tránsito, las gestas de la Guerra Nacional, los volcanes de Ometepe y las playas surfistas, Rivas condensa en su estrecho istmo una parte esencial de la historia y de la geografía nicaragüenses.