Madriz es uno de los departamentos más pequeños de Nicaragua, enclavado en las montañas del norte, en la histórica región de las Segovias, junto a la frontera con Honduras. Se separó del vecino departamento de Nueva Segovia en 1936, adoptando su nombre en honor al ilustre presidente José Madriz y tomando a Somoto como cabecera departamental.
Sus primeros habitantes fueron pueblos chorotegas. El departamento está formado por nueve municipios —Somoto, San José de Cusmapa, Las Sabanas, San Lucas, Totogalpa, Yalagüina, Palacagüina, Telpaneca y San Juan del Río Coco—, una tierra de clima fresco, cerros y fuerte sabor campesino.
El gran tesoro natural de Madriz es el Cañón de Somoto, una espectacular garganta labrada por el río Coco —el más largo de Centroamérica, llamado también Segoviano y Wanki por los pueblos indígenas— entre paredes de roca de millones de años. Los pobladores locales lo conocían como «Namancambre» o «La Estrechura».
Fue «redescubierto» para la ciencia y el turismo en 2004 por un equipo de geólogos checos, que lo describieron como un impresionante accidente geográfico desconocido para la comunidad científica internacional. Declarado monumento nacional el 29 de noviembre de 2006, hoy se recorre nadando, en balsa y caminando entre sus paredes, y es uno de los grandes atractivos de aventura del norte del país.
Madriz conserva comunidades indígenas de raíz chorotega, especialmente en la zona de Totogalpa y San Lucas, que mantienen tradiciones, cerámica y artesanías heredadas de sus antepasados. La región es célebre además por las rosquillas somoteñas, un horneado de maíz y queso de extraordinaria calidad y sabor, buscado en todo el país y más allá de sus fronteras, marca registrada del norte nicaragüense.
Esa herencia chorotega convive con una fuerte religiosidad popular y con las fiestas patronales de sus pueblos, en las que se mezclan lo católico y lo indígena. La artesanía —cerámica, tejidos, sombreros de palma— sigue siendo una fuente de identidad y de sustento para muchas familias.
Junto al cañón y al río Coco, el tercer gran tesoro natural del departamento es la Reserva Natural Cerro Tepesomoto-La Patasta, un macizo de bosques frescos y cumbres que alberga fauna, aves y nacimientos de agua, y que corona el paisaje de las Segovias madricenses.
En sus laderas y en municipios como San Juan del Río Coco se cultiva café de altura de creciente reputación, que integra a Madriz en el circuito cafetalero del norte. Cultura campesina, granos básicos, café y montaña se combinan en este pequeño departamento fronterizo, uno de los más auténticos y menos turísticos del país.
Somoto, la tranquila cabecera departamental, ha pasado de ser un discreto pueblo fronterizo a convertirse en base del creciente turismo de aventura del norte, impulsado por la fama del cañón. Su parque, su iglesia colonial y su ambiente sereno reciben a viajeros que llegan atraídos por la garganta del río Coco y por la hospitalidad campesina de la región.
Comunidades locales gestionan hoy buena parte de las visitas al cañón —guías, transporte, comida y hospedaje—, en un modelo de turismo comunitario que ha dado nueva vida a la economía de Somoto. Entre el cañón, las rosquillas, las artesanías chorotegas y las montañas de las Segovias, Madriz se ha ganado un lugar propio en el mapa turístico de Nicaragua.