Chontales se extiende al oriente del lago de Nicaragua, en una zona de transición entre las tierras bajas del Cocibolca y las serranías del centro-oriente. Su nombre deriva de una voz náhuatl que los pueblos del Pacífico usaban para nombrar a los «forasteros» o pueblos de las montañas, un reflejo de su condición histórica de tierra de frontera.
La región conserva importantes vestigios arqueológicos —estatuas, petroglifos, metates y calpules (cementerios indígenas)— dispersos por sitios como Cuapa, Mayales, Lovigüiscas y el cerro Amerrique, testimonio de sus antiguos habitantes precolombinos.
La primera mención escrita de Juigalpa data de 1659, y la concesión de sus tierras en 1668 suele tomarse como fecha fundacional. El departamento de Chontales fue creado el 24 de agosto de 1858, y Juigalpa se consolidó como cabecera departamental en 1877, elevándose a ciudad en 1879.
Su gran tesoro cultural es el Museo Arqueológico Gregorio Aguilar Barea, inaugurado en 1967, que exhibe la mayor colección de estatuaria indígena de Nicaragua, incluidas las esculturas precolombinas más altas de Centroamérica —de más de cinco metros—. Una de sus piezas, la «Chinita de Chontales», fue prestada al Museo del Louvre en el año 2000, donde los franceses la llamaron «la Mona Lisa chontaleña».
Chontales es uno de los grandes pilares de la ganadería nicaragüense: de sus haciendas sale una parte muy importante de la producción nacional de leche, quesos y carne. Las primeras familias ganaderas de la zona tuvieron origen granadino, y desde entonces la cría de ganado ha definido la economía y el paisaje del departamento.
Juigalpa es el centro comercial de esta región de vaqueros, con ferias ganaderas que reúnen a los productores de todo el oriente del país y con una vibrante fiesta patronal en agosto, dedicada a la Virgen de la Asunción, conocida como «las fiestas de la valentía».
La identidad de Chontales está teñida por su cultura ganadera: los rodeos, las montadas de toros, las carreras de cintas a caballo y la música campesina. La polca chontaleña, ritmo alegre acompañado de guitarra y acordeón, es una de las expresiones más queridas del folclore campesino nicaragüense y suena en fiestas y ferias por toda la región.
Esa cultura del vaquero, el queso y la hacienda, unida a los vestigios arqueológicos de sus cerros y a los paisajes de sabana y serranía, hace de Chontales un departamento de fuerte carácter, orgulloso de sus raíces rurales y de su papel en la economía nacional.
Sobre Juigalpa se recorta la silueta del cerro Amerrique, montaña emblemática de Chontales cargada de leyendas y de significado para los antiguos pobladores de la zona; algunos investigadores han llegado a vincular su nombre con el origen mismo del término «América». Sus laderas y las serranías vecinas ofrecen senderos, miradores y una fauna variada.
Hacia el sur y el oriente, el departamento desciende hacia las tierras bajas del lago Cocibolca y se adentra en zonas de sabana, humedales y ríos que marcan la transición hacia el húmedo Caribe. Ese contraste entre montañas, sabanas ganaderas y riberas lacustres da a Chontales una geografía diversa que complementa su rica herencia arqueológica y su vigorosa cultura vaquera.