Chinandega ocupa el extremo noroeste de Nicaragua, sobre el Pacífico y junto a la frontera con Honduras. Es una de las regiones más cálidas del país, apodada la «Ciudad de las Naranjas», y está dominada por la cordillera de los Maribios, una alineación de volcanes que recorre el occidente nicaragüense.
Entre ellos se alza el San Cristóbal (también llamado El Viejo), el volcán más alto de Nicaragua con unos 1.745 metros: un cono casi perfecto y muy activo, coronado con frecuencia por nubes de humo y gas visibles a gran distancia. Durante la Colonia, Chinandega fue un pueblo pequeño y próspero cuya ubicación en tierras fértiles y su papel en el tráfico comercial aceleraron su desarrollo.
En el extremo noroeste, sobre la península que se asoma al golfo de Fonseca, se levanta el volcán Cosigüina (unos 859 metros), hoy reserva natural. Este volcán protagonizó en enero de 1835 una de las erupciones más violentas de la historia de América: la explosión lanzó cenizas que llegaron hasta México, Jamaica y Colombia, y redujo drásticamente su antiguo cráter, que hoy alberga una laguna en el fondo.
Desde su borde se contempla un paisaje espectacular sobre el golfo de Fonseca, compartido por Nicaragua, Honduras y El Salvador. El Cosigüina es hoy un destino de senderismo y observación de aves, un rincón salvaje del occidente profundo.
Las fértiles llanuras chinandeganas fueron durante el siglo XX el corazón del monocultivo del algodón, que llegó a convertir al departamento en uno de los más ricos del país. Hoy son tierra de caña de azúcar, banano, maní y ganadería. El municipio de Chichigalpa alberga el ingenio y la destilería que producen el famoso ron Flor de Caña, uno de los productos nicaragüenses más reconocidos en el mundo.
El puerto de Corinto, el más importante del Pacífico nicaragüense, se abre a pocos kilómetros de la ciudad y ha sido durante más de un siglo la gran puerta comercial del occidente hacia el mar, sumando actividad portuaria a la vocación agrícola de la región.
La costa de Chinandega esconde algunos de los rincones más vírgenes del Pacífico nicaragüense. La Reserva Natural Estero Padre Ramos protege un extenso sistema de manglares ideal para el kayak, la observación de aves y la conservación de tortugas marinas, en el municipio de El Viejo.
La vecina playa de Jiquilillo, larga y casi desierta, se ha convertido en un refugio de ecoturismo y calma, lejos del turismo masivo. El calor, la fertilidad de la tierra y el trabajo agrícola, junto a estos paisajes de esteros y arena, marcan la identidad de este occidente cálido y productivo.
El municipio de El Viejo es cuna de una de las devociones más profundas de Nicaragua: la Basílica de la Inmaculada Concepción de María de El Viejo custodia la imagen de la Virgen del Trono, en torno a la cual gira «La Gritería Chiquita», celebración religiosa singular del occidente. Chinandega y El Viejo son también corazón de la festividad nacional de la Purísima, en diciembre.
Esa intensa religiosidad popular convive con el carácter trabajador y caluroso de la región. Entre volcanes de los Maribios, cañaverales, esteros y playas, Chinandega ofrece un occidente que mezcla fe, agroindustria y naturaleza, con el ron Flor de Caña como su embajador más famoso en el mundo.