Viajá con Gus
InicioMontenegroPodgoricaHistoria
Historia · origen · formación

Historia de Podgorica

Doclea: la ciudad romana en la confluencia de los ríos

Mucho antes de que existiera Podgorica, en esta llanura donde confluyen los ríos Zeta, Morača y Ribnica se alzó una de las ciudades más importantes del interior adriático: Doclea. Fundada en el siglo I d. C. sobre un asentamiento de la tribu iliria de los docleatas, Doclea (o Duklja) llegó a ser una próspera ciudad romana de varios miles de habitantes, con foro, termas, basílicas, templos, un acueducto y murallas. Su emplazamiento, en el cruce de rutas entre la costa adriática y las tierras del interior balcánico, la convirtió en un nudo de comercio y administración.

Con la cristianización del Imperio, Doclea se dotó de basílicas paleocristianas y fue sede de un obispado. Pero la ciudad sufrió las convulsiones del final del mundo antiguo: terremotos, la crisis del Imperio y las invasiones de pueblos como los ávaros y los eslavos entre los siglos VI y VII terminaron por arruinarla. Sus habitantes se dispersaron, y las piedras de la vieja Doclea quedaron esparcidas por el campo, donde todavía hoy pueden verse.

El nombre de Doclea, sin embargo, no se perdió. De él derivó 'Duklja', que en la Alta Edad Media designó al primer Estado eslavo de esta región, un principado que en los siglos XI y XII fue el germen histórico de lo que mucho después sería Montenegro. Así, las ruinas que hoy se contemplan a las afueras de Podgorica no son solo un yacimiento romano: son la cuna del nombre y de la memoria estatal más antigua del país. La capital moderna se levanta, literalmente, junto a sus propios orígenes.

De Ribnica medieval a Podgorica otomana

Tras la decadencia de Doclea, el poblamiento se desplazó ligeramente. En la Edad Media, en este entorno fluvial existió un asentamiento llamado Ribnica, mencionado en relación con la dinastía serbia de los Nemanjić; de hecho, la tradición sitúa aquí el nacimiento de Stefan Nemanja, fundador de esa poderosa casa medieval. El lugar, en el cruce de caminos y vados de los ríos, mantuvo su valor estratégico a lo largo de los siglos.

El nombre 'Podgorica' aparece documentado por primera vez en 1326, en archivos de la República de Ragusa (Dubrovnik). Significa, más o menos, 'bajo la pequeña colina' (pod = bajo; gorica = colina pequeña), en referencia a la loma de Gorica que domina la ciudad. Como plaza comercial en la ruta entre la costa y el interior, Podgorica prosperó como mercado.

En 1474, la ciudad cayó bajo el dominio del Imperio otomano, que la mantuvo durante más de cuatro siglos. Los otomanos la fortificaron y le dieron su carácter oriental: levantaron una fortaleza, mezquitas, una torre del reloj (la Sahat kula) y el trazado de callejuelas del barrio hoy llamado Stara Varoš ('ciudad vieja'), a orillas del Ribnica. Podgorica fue una plaza fronteriza del Imperio frente a la indómita Montenegro de las montañas, cuya capital, Cetinje, resistía en las alturas. Durante siglos, la ciudad de la llanura y el país de los riscos vivieron en mundos opuestos, separados por la línea de guerra entre la Media Luna y la Cruz.

La incorporación a Montenegro y el nuevo barrio

El destino de Podgorica cambió en 1878. Tras las guerras montenegrino-otomanas y la derrota turca, el Congreso de Berlín reconoció la independencia de Montenegro y le adjudicó nuevos territorios, entre ellos Podgorica. Después de más de cuatrocientos años bajo dominio otomano, la ciudad pasaba a formar parte del Estado montenegrino gobernado desde Cetinje por el príncipe (y luego rey) Nikola I.

La incorporación trajo una transformación urbana. Junto al viejo casco otomano de Stara Varoš, al otro lado del río Ribnica, se planificó un barrio nuevo de trazado más regular y europeo, llamado Mirkova Varoš en honor a Mirko Petrović, padre del rey Nikola. Podgorica empezó a modernizarse: nuevas calles, edificios administrativos, comercios. Aunque la capital seguía siendo Cetinje, Podgorica, situada en una fértil llanura y en el cruce de caminos, tenía un potencial de crecimiento que la vieja capital de montaña no podía igualar.

Este periodo de progreso, sin embargo, se vería interrumpido por las convulsiones del siglo XX. Las guerras balcánicas, la Primera Guerra Mundial y la ocupación austrohúngara de Montenegro golpearon duramente a la ciudad y al país. En 1918, con la desaparición del reino y la unión de Montenegro a Serbia dentro del futuro Estado yugoslavo, Podgorica quedó integrada en un nuevo marco político mucho más grande, como capital de una región, camino de convertirse en el principal centro urbano de Montenegro.

Destrucción y renacimiento: la Podgorica de Tito

El episodio más trágico de la historia de Podgorica llegó con la Segunda Guerra Mundial. Ocupada por las tropas del Eje, la ciudad se convirtió en objetivo militar y sufrió una devastación casi total. Se calcula que Podgorica fue bombardeada decenas de veces entre 1943 y 1944, sobre todo por la aviación aliada que atacaba las posiciones alemanas, en una serie de raids que arrasaron gran parte del casco urbano y causaron miles de muertos. De la ciudad histórica quedó muy poco en pie; su tejido otomano y sus barrios del siglo XIX quedaron en ruinas.

Al acabar la guerra, con la victoria de los partisanos comunistas y la fundación de la Yugoslavia socialista de Josip Broz Tito, Podgorica fue elegida capital de la República Socialista de Montenegro, una de las seis repúblicas federadas. En 1946, en homenaje al líder yugoslavo, la ciudad fue rebautizada como Titogrado ('ciudad de Tito'). Bajo ese nombre viviría más de cuatro décadas.

Titogrado fue reconstruida casi desde cero según los cánones del urbanismo socialista: amplias avenidas, bloques de viviendas, edificios institucionales de líneas racionales, industrias y una universidad. La ciudad creció rápidamente en población y se modernizó, dejando atrás su pasado de plaza provinciana. Esta reconstrucción explica el aspecto predominantemente moderno de la actual Podgorica, con relativamente pocos vestigios antiguos: no es que carezca de historia, sino que su historia física fue en gran parte borrada por las bombas y reescrita en clave socialista. El barrio de Stara Varoš, con su torre del reloj y sus mezquitas, quedó como uno de los pocos testimonios del pasado otomano superviviente.

De Titogrado a capital de un país independiente

Con el fin del comunismo y la desintegración de Yugoslavia, la ciudad recuperó su nombre histórico: en 1992, Titogrado volvió a llamarse Podgorica. Durante los años noventa, Montenegro permaneció unido a Serbia en una Yugoslavia reducida y luego en la unión estatal de Serbia y Montenegro, mientras crecía el movimiento por la independencia. Podgorica, como capital administrativa, fue el escenario político de ese proceso.

El 21 de mayo de 2006, un referéndum aprobó por escaso margen la independencia de Montenegro, que se proclamó Estado soberano. Podgorica se convirtió así en la capital de un país independiente por primera vez en su historia (Cetinje conservó el título honorífico de capital histórica). Desde entonces, la ciudad ha vivido una etapa de crecimiento y apertura: nuevos puentes como el del Milenio (2005), la monumental Catedral de la Resurrección de Cristo (consagrada en 2013), edificios de oficinas, hoteles, centros comerciales y una vida cultural y universitaria en expansión.

Hoy Podgorica es una capital modesta pero funcional, de algo más de cien mil habitantes, muy distinta de las postales turísticas de Kotor o Budva. Es el centro político, económico y de transporte del país: aquí están el gobierno, el parlamento, el principal aeropuerto y el gran nudo ferroviario por el que entra el tren que baja de Belgrado. Su carácter —una mezcla de bloques socialistas, símbolos contemporáneos, el rincón otomano de Stara Varoš y las ruinas romanas de Doclea a las afueras— resume, en realidad, toda la historia del país: la Antigüedad clásica, el pasado otomano, la tragedia y la reconstrucción del siglo XX, y el pulso de una nación joven que busca su lugar en la Europa del siglo XXI.

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Podgorica