Viajá con Gus
InicioMoldaviaSorocaHistoria
Historia · origen · formación

Historia de Soroca

El vado del Dniéster: por qué existe Soroca

Soroca existe por un motivo muy concreto: el río. Aquí, en el norte de la actual Moldavia, el Dniéster —Nistru para los moldavos— se podía cruzar por un vado poco profundo, uno de los pocos pasos naturales de un río ancho y caudaloso que nace en los Cárpatos ucranianos y baja hasta el mar Negro. Quien controlaba ese vado controlaba el comercio, las migraciones y, sobre todo, las invasiones. Por eso el lugar estuvo poblado y disputado desde muy antiguo.

La tradición sostiene que en este punto existió un asentamiento fortificado ligado a los genoveses, que en la Baja Edad Media tenían factorías comerciales en el mar Negro y a lo largo de los ríos que desembocaban en él; a esa hipotética plaza se la llama a veces Olchionia o Alchiona. Más allá de la leyenda, lo seguro es que la zona formaba parte de las tierras que, en el siglo XIV, se organizaron como el Principado de Moldavia, un Estado que se extendía entre los Cárpatos y el Dniéster y que tuvo que defender constantemente su flanco oriental.

El enemigo venía del este y del sur: las hordas tártaras del kanato de Crimea y, detrás, el creciente Imperio otomano. Cruzaban el Dniéster por los vados, saqueaban pueblos y se llevaban cautivos. Fortificar los pasos del río se volvió una cuestión de supervivencia para Moldavia, y Soroca —por su vado— fue uno de los puntos clave de esa línea defensiva natural. La ciudad nació, así, como plaza de frontera: función que, de un modo u otro, no ha abandonado nunca.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sorocahttps://en.wikipedia.org/wiki/Soroca_Fort

Esteban el Grande y la fortaleza circular de Petru Rareș

El gran nombre de la historia de Soroca es Esteban el Grande (Ștefan cel Mare), voivoda de Moldavia entre 1457 y 1504 y una de las figuras más veneradas de la memoria nacional. Esteban resistió durante décadas la presión otomana, tártara, húngara y polaca, y para ello levantó o reforzó una red de fortalezas por todo el principado. En 1499 mandó construir en Soroca una fortaleza de madera y tierra sobre el vado del Dniéster, para frenar las incursiones que cruzaban el río. Esa primera plaza cumplía su función, pero era vulnerable.

La transformación definitiva llegó con su hijo, Petru Rareș, que reinó en dos etapas (1527-1538 y 1541-1546). Entre 1543 y 1546, Petru Rareș reconstruyó la fortaleza en piedra y le dio la forma que hoy la hace única: un anillo perfectamente circular de unos 37,5 metros de diámetro, con cinco bastiones dispuestos a distancias iguales —cuatro redondos y uno cuadrado, que sirve a la vez de torre de acceso—. Es una geometría insólita en la arquitectura militar de Europa oriental, mucho más habitual en las trazas del Renacimiento italiano.

De hecho, los especialistas subrayan el parentesco de Soroca con las fortalezas circulares italianas del siglo XVI, y han llegado a compararla con castillos del norte de Italia. No está documentado con certeza el nombre del arquitecto, pero el diseño delata el contacto de Moldavia con las corrientes constructivas europeas del momento. El resultado fue una fortaleza compacta, elegante y funcional, pensada para artillería y para resistir asedios, que protegió el paso del Dniéster durante siglos y que hoy es una de las mejor conservadas del país.

https://en.wikipedia.org/wiki/Soroca_Forthttps://www.thedockyards.com/a-brief-history-of-the-fortress

Entre imperios: rusos, rumanos y soviéticos

La historia moderna de Soroca es la de una tierra que cambió de manos una y otra vez. El Principado de Moldavia acabó como vasallo del Imperio otomano, pagando tributo a cambio de conservar cierta autonomía. Pero la región quedó en medio del choque entre potencias. En 1812, tras una nueva guerra ruso-turca, el Imperio ruso se anexionó la mitad oriental de Moldavia, entre el río Prut y el Dniéster: el territorio que pasó a llamarse Besarabia. Soroca quedó del lado ruso y se convirtió en capital de distrito de una provincia periférica del imperio zarista.

Durante el siglo XIX, bajo administración rusa, Soroca creció como pequeña ciudad de mercado con una población muy mezclada: moldavos (rumanos), rusos, ucranianos, judíos —que llegaron a formar una comunidad numerosa y activa— y romaníes. Ese carácter multiétnico, típico de Besarabia, marcó la vida de la ciudad y todavía se percibe en la convivencia del rumano y el ruso en sus calles.

El siglo XX trajo vaivenes brutales. Tras la Primera Guerra Mundial y la caída del Imperio ruso, Besarabia se unió a Rumanía en 1918, y Soroca fue durante dos décadas una ciudad rumana. En 1940, en virtud del pacto entre la Alemania nazi y la Unión Soviética, la URSS ocupó Besarabia y creó la República Socialista Soviética de Moldavia; la Segunda Guerra Mundial volvió a cambiar la frontera varias veces, con ocupación rumano-alemana y reconquista soviética, y con la tragedia del Holocausto que arrasó a buena parte de la comunidad judía de la región. Desde 1944 hasta 1991, Soroca fue una ciudad soviética, con su industria, sus koljoses y su rusificación. En 1991, con la disolución de la URSS, pasó a formar parte de la Moldavia independiente.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sorocahttps://en.wikipedia.org/wiki/Bessarabia

La Vela de la Gratitud: memoria y cultura

Ya en la Moldavia independiente, Soroca sumó a su fortaleza medieval un monumento nuevo pero cargado de simbolismo: la Vela de la Gratitud (Lumânarea Recunoștinței). Se trata de una torre-capilla de unos 29,5 metros de altura, con forma de vela encendida, levantada en lo alto de una colina rocosa que domina el Dniéster a las afueras de la ciudad. Fue impulsada por Ion Druță (1928-2023), el escritor moldavo más importante del siglo XX, una figura central de la identidad cultural del país.

El monumento se inauguró el 27 de marzo de 2004, una fecha simbólica: el aniversario de la unión de Besarabia con Rumanía en 1918. Su sentido es explícitamente memorialista: rinde homenaje a los héroes anónimos que, a lo largo de los siglos y pese a las ocupaciones y las rusificaciones, mantuvieron viva la lengua, la cultura y la historia de Moldavia. La 'llama' de piedra pretende ser una luz que arde por esa memoria; se dice que de noche su iluminación se ve a lo largo del río, desde Otaci al norte hasta Camenca al sur.

Para subir hasta la vela hay que remontar una larga escalera de piedra que trepa por la ladera, un pequeño esfuerzo que muchos moldavos hacen casi como una peregrinación cívica. Cuando Ion Druță murió en 2023, sus cenizas fueron enterradas junto al monumento que él mismo había soñado, uniendo para siempre al escritor con su símbolo. La Vela convirtió una colina de Soroca en uno de los lugares de memoria nacional más queridos del país, complemento perfecto de la fortaleza que cuenta la historia militar de la ciudad.

https://en.wikipedia.org/wiki/Thanksgiving_Candlehttps://www.himoldova.md/en/md/monument-the-candle-of-gratit

La Colina de los Gitanos y la Soroca de hoy

El otro gran rasgo distintivo de la Soroca contemporánea es la llamada Colina de los Gitanos (Dealul Țiganilor), en el barrio de Bujoreni. La comunidad romaní vive en Soroca desde hace siglos —la ciudad es considerada por muchos una especie de 'capital' simbólica de los romaníes de Moldavia—, pero fue a partir de los años noventa, tras la caída de la URSS, cuando el barrio adquirió su fisonomía actual. Familias acomodadas, muchas veces con recursos obtenidos en el trabajo en el extranjero, levantaron mansiones de arquitectura exuberante y desbordante.

Esas casas imitan, a su manera, edificios famosos del mundo: se habla de fachadas inspiradas en el Teatro Bolshói de Moscú, en el Capitolio de Washington o en iglesias con cúpulas doradas. El resultado es un skyline surrealista de torres, columnas, balaustradas y tejados que no se parece a nada en Europa. Muchas de esas mansiones están inacabadas por dentro o se habitan solo en ocasiones especiales: funcionan sobre todo como símbolo de prestigio y estatus dentro de la comunidad, más que como vivienda cotidiana.

Ese contraste —una fortaleza medieval abajo, junto al río; una vela de la memoria nacional en una colina; y un barrio de palacios romaníes en otra— hace de Soroca una ciudad única, imposible de resumir en una sola imagen. Hoy es un lugar tranquilo del norte moldavo, lejos del turismo masivo, que sobrevive de la agricultura, el comercio de frontera y un turismo incipiente atraído por su fortaleza restaurada con fondos europeos. Para el viajero curioso, Soroca es una lección de la Moldavia real: fronteriza, mestiza, castigada por la historia y, aun así, orgullosa de su memoria.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sorocahttps://trulyguidable.com/article/soroca-guide

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Soroca