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Historia de Mileștii Mici

La piedra, el vino y una tradición milenaria

Para entender Mileștii Mici hay que empezar por dos cosas que definen a Moldavia: la piedra caliza de su subsuelo y el vino de sus colinas. Como en Cricova y otras localidades, las galerías de Mileștii Mici no se cavaron para el vino, sino para extraer piedra. Durante décadas, el subsuelo de esta zona al sur de Chișinău, en el actual distrito de Ialoveni, fue una gran cantera de la que se sacaba la caliza usada en la construcción, dejando tras de sí un creciente laberinto de túneles.

Aquellas galerías tenían una virtud que resultaría decisiva: a decenas de metros bajo tierra, la temperatura se mantenía constante entre los 12 y los 14 grados durante todo el año, y la humedad rondaba el 85-90 %. Eran las condiciones perfectas para conservar y madurar vino, mejores que las de cualquier bodega construida en superficie. Un vacío nacido de la industria de la construcción escondía, sin saberlo, el mayor sótano de vino que llegaría a existir en el mundo.

Y es que Moldavia tiene una tradición vitivinícola milenaria. En estas suaves colinas se cultiva la vid desde hace miles de años, y el vino está profundamente entrelazado con la cultura, la economía y la vida cotidiana del país. Casi cada familia rural elabora su propio vino, y la viticultura es uno de los pilares de la economía nacional. Unir esa tradición con las inmensas galerías del subsuelo era una idea llamada a producir algo colosal. Ese algo sería Mileștii Mici.

El nacimiento de la gran bodega (época soviética)

La transformación de las canteras de Mileștii Mici en una gran bodega estatal se produjo en época soviética, en la segunda mitad del siglo XX. A partir de los años 60 y 70, la empresa —que hoy se conoce como Întreprinderea de Stat Combinatul de Vinuri de Calitate Mileștii Mici, es decir, el Combinado Estatal de Vinos de Calidad de Mileștii Mici— desarrolló en aquel subsuelo una red de galerías descomunal, dedicada al almacenamiento, la crianza y la producción de vinos.

El resultado fue un laberinto de proporciones difíciles de imaginar: unos 200 kilómetros de túneles excavados en la roca caliza, de los cuales alrededor de 55 kilómetros se destinan al vino. Las galerías se organizaron para albergar millones de botellas y grandes depósitos, aprovechando al máximo las condiciones naturales de temperatura y humedad. Se trataba de una obra a la escala monumental que caracterizaba a muchas empresas soviéticas, pensada para producir y conservar vino en cantidades enormes.

Moldavia era, dentro de la Unión Soviética, una de las grandes regiones productoras de vino, abasteciendo a todo el bloque. Bodegas como Mileștii Mici y Cricova eran orgullo del sistema y símbolos de la potencia vinícola moldava. Fue en ese contexto donde Mileștii Mici empezó a reunir la colección que, con el tiempo, la haría mundialmente famosa: la que acabaría batiendo un récord mundial.

La 'Colección de Oro' y el récord Guinness (2005)

El gran salto a la fama internacional de Mileștii Mici tiene nombre propio: la 'Colección de Oro' (Colecția de Aur). A lo largo de los años, la bodega fue reuniendo en las profundidades de su laberinto una colección de vinos cada vez mayor, con botellas de distintas variedades, añadas y estilos, muchas de ellas de larga guarda, conservadas en las condiciones ideales que ofrecen las galerías.

Esa colección creció hasta alcanzar alrededor de 1,5 millones de botellas, una cifra sin parangón. En 2005, la 'Colección de Oro' de Mileștii Mici fue registrada oficialmente en el Libro Guinness de los Récords como la mayor colección de vinos del mundo. El reconocimiento internacional puso a la bodega —y, con ella, al vino moldavo— en el mapa mundial, y le dio un sello de distinción que ninguna otra bodega podía igualar.

El récord Guinness convirtió a Mileștii Mici en una atracción de fama global y en uno de los grandes emblemas turísticos de Moldavia. La idea de visitar 'el mayor sótano de vino del mundo', con un millón y medio de botellas alineadas en 200 kilómetros de túneles, resultaba irresistible para amantes del vino y viajeros curiosos. Lo que había sido una bodega de producción se transformó también en un destino, y su colección pasó a ser un tesoro nacional del que Moldavia se enorgullece.

Independencia, crisis del vino y giro al turismo

La independencia de Moldavia en 1991, tras la disolución de la Unión Soviética, trajo tiempos difíciles para toda la industria vinícola del país, de la que depende una parte importante de la economía. La pérdida de los mercados garantizados del bloque soviético, las crisis económicas de los años 90 y, más adelante, los embargos que Rusia impuso en distintos momentos a los vinos moldavos golpearon con dureza al sector y obligaron a las bodegas a reinventarse y buscar nuevos mercados en Europa y el resto del mundo.

Mileștii Mici, como Cricova, encontró en el turismo y en su condición de récord mundial una vía para mantenerse y proyectarse. Abrir sus puertas a los visitantes, mostrarles el laberinto y la 'Colección de Oro', ofrecerles catas y comidas tradicionales bajo tierra y venderles el vino de la casa se convirtió en una parte cada vez más importante de su actividad. El récord Guinness era, además, un imán publicitario de primer orden para atraer viajeros de todo el mundo.

Así, la bodega fue consolidando su doble papel: por un lado, seguir produciendo vinos de calidad —premiados y exportados— que sostienen la tradición vinícola moldava; por otro, ser un destino turístico de referencia, capaz de sorprender a cualquiera con la magnitud de sus instalaciones. En un país pequeño y poco conocido, Mileștii Mici se afirmó como una de sus cartas de presentación ante el mundo.

Mileștii Mici hoy: el mayor sótano de vino del mundo

Hoy, Mileștii Mici es, junto a Cricova, la gran visita del enoturismo moldavo y uno de los símbolos del país. Recibe a viajeros de todo el mundo atraídos por su récord Guinness y por la experiencia única de recorrer, en auto o en tren eléctrico, un laberinto de unos 200 kilómetros de galerías a 12-14 grados constantes, entre un millón y medio de botellas que forman la mayor colección de vinos del planeta.

La visita, siempre guiada y con reserva previa, combina la escala apabullante del recorrido subterráneo con el placer de la cata final, servida en salas excavadas en la roca y acompañada, según el paquete, de aperitivos o de una comida tradicional moldava completa —sopas, mămăligă, carnes— maridada con los vinos de la casa. Distintos paquetes, desde el básico hasta los más completos, se adaptan a diferentes bolsillos e intereses, y los menores de diez años entran gratis, lo que hace de la bodega también un plan posible en familia.

Más allá de las cifras y los récords, Mileștii Mici cuenta una historia sobre Moldavia: la de un país que ha hecho del vino una seña de identidad y una fuente de orgullo, capaz de reunir bajo tierra el mayor tesoro enológico del mundo. Bajar a sus galerías, sentir el fresco húmedo y ver las botellas perderse en la penumbra kilómetro tras kilómetro es entender por qué este pequeño rincón de Europa, tan poco visitado, merece un lugar destacado en el mapa mundial del vino. Es, sin exageración, una de las experiencias más asombrosas que ofrece Moldavia.

📚 Bibliografía

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