Cuenta la tradición que, hacia 1528, un grupo de guerreros chiapanecas acorralados por los conquistadores españoles tomó una decisión terrible: antes que rendirse y vivir sometidos, se arrojaron con sus familias al vacío desde lo alto de estas paredes de más de mil metros. Verídico o legendario, ese salto convirtió al Cañón del Sumidero en un símbolo de resistencia tan poderoso que hoy figura en el escudo del estado de Chiapas. Pero la garganta que fue escenario de aquel drama es, en sí misma, mucho más antigua que cualquier historia humana: es una obra del agua y del tiempo esculpida durante millones de años.
El Cañón del Sumidero se formó a lo largo de millones de años por la acción erosiva del río Grijalva, que fue cortando lentamente las rocas calizas de la sierra chiapaneca hasta abrir una garganta profundísima. El resultado es un cañón de paredes prácticamente verticales que en algunos tramos superan los 1.000 metros de altura, una de las gargantas más espectaculares de México.
La roca dominante es caliza, formada por sedimentos depositados cuando la región estuvo cubierta por el mar, hace decenas de millones de años. Con el levantamiento de la sierra y el encajonamiento del río, el agua aprovechó las fracturas y la solubilidad de la caliza para excavar el cañón, en un proceso geológico comparable al de otras grandes gargantas del mundo. La misma naturaleza caliza explica la presencia de cuevas y formaciones minerales, como la cascada del 'Árbol de Navidad', donde el escurrimiento de agua cargada de minerales generó depósitos sobre la pared.
El río Grijalva, que da vida al cañón, es uno de los más caudalosos de México y nace en Guatemala. Aguas abajo del Sumidero, su caudal está regulado por la presa Chicoasén (Manuel Moreno Torres), una de las más importantes del país, cuyo embalse forma parte del recorrido en lancha y mantiene el nivel del agua que permite la navegación.
La región del cañón y del valle del Grijalva estuvo habitada desde tiempos muy antiguos por diversos pueblos. Entre los más destacados estaban los chiapanecas (o chiapanecos), un pueblo guerrero que dominaba buena parte de la zona a la llegada de los españoles y que dio nombre a la región y, con el tiempo, al estado de Chiapas. Su principal asentamiento estaba en las cercanías de la actual Chiapa de Corzo, junto al río.
Los chiapanecas eran conocidos por su fiereza y su resistencia, y mantenían conflictos con otros pueblos vecinos. El río Grijalva y el cañón formaban parte de su territorio y de su mundo simbólico. Esta presencia indígena es fundamental para entender la historia posterior del cañón, ligada a la conquista española.
La zona, además, conserva vestigios arqueológicos: en el área de Chiapa de Corzo se han encontrado importantes restos de ocupación prehispánica de gran antigüedad, que muestran la larga continuidad de poblamiento humano en el valle, mucho antes de la fundación de las ciudades coloniales.
Junto al embarcadero desde donde hoy salen las lanchas, Chiapa de Corzo esconde uno de los sitios arqueológicos más antiguos e importantes del sur de Mesoamérica, con una ocupación humana continua que se remonta a más de dos mil quinientos años, mucho antes del apogeo maya. Este asentamiento, situado en un punto estratégico del valle del Grijalva, fue un centro de las culturas del Preclásico (o Formativo) que florecieron en la región, en contacto con el mundo olmeca y con los pueblos zoques y mayas.
Su hallazgo más célebre es la Estela 2 de Chiapa de Corzo, un fragmento de losa de piedra caliza que conserva una inscripción calendárica en el sistema de la 'cuenta larga' mesoamericana. La fecha grabada corresponde, según la reconstrucción de los especialistas, al 8 de diciembre del año 36 a.C.: se trata de la fecha en cuenta larga más antigua conocida de toda Mesoamérica, incluso anterior a la célebre Estela C de Tres Zapotes, en Veracruz. Que el registro calendárico más antiguo del continente proceda de este rincón de Chiapas dice mucho de la sofisticación de los pueblos que habitaron el valle del Grijalva.
La pieza se conserva hoy en el Museo Regional de Chiapas, en Tuxtla Gutiérrez. Su existencia recuerda que el cañón y su entorno no son solo un espectáculo natural, sino también un territorio con una profundísima memoria humana, donde se midió el tiempo y se erigieron ciudades siglos antes de que llegaran los españoles.
El episodio histórico más famoso ligado al Cañón del Sumidero ocurrió durante la conquista española de Chiapas, en el siglo XVI. Según la tradición, hacia 1528, durante los enfrentamientos entre los conquistadores —encabezados por capitanes como Diego de Mazariegos— y los pueblos indígenas de la región, un grupo de chiapanecas, antes que rendirse y someterse al dominio español, habría preferido arrojarse al vacío desde lo alto del cañón, junto con sus familias.
Este relato del 'salto al Sumidero', transmitido durante siglos, se convirtió en un símbolo de la resistencia y la dignidad de los pueblos originarios de Chiapas frente a la conquista. La imagen de los guerreros prefiriendo la muerte a la sumisión quedó grabada en la memoria colectiva y en la identidad chiapaneca, y suele ser narrada por los lancheros durante la navegación.
Los historiadores debaten la exactitud y la magnitud del episodio: algunos lo consideran un hecho histórico, otros una construcción posterior con valor más simbólico que documental, y discuten cifras y circunstancias. Más allá de la precisión de los detalles, la leyenda del salto al cañón forma parte indisociable del significado cultural del Sumidero y de la historia de la conquista de Chiapas.
Por su valor natural excepcional, el Cañón del Sumidero fue declarado Parque Nacional el 8 de diciembre de 1980, durante el gobierno de José López Portillo. La declaratoria buscó proteger no solo el cañón en sí, sino el conjunto del ecosistema: las paredes calizas, la selva baja, la fauna —con sus cocodrilos de río, monos araña, garzas y numerosas aves— y la cuenca del río Grijalva en ese tramo.
La administración del parque está a cargo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). Entre sus desafíos están la conservación de la biodiversidad, el manejo del turismo —que es intenso, sobre todo en la navegación— y problemas ambientales como la acumulación de basura que el río Grijalva arrastra desde aguas arriba, especialmente en temporada de lluvias, y que las autoridades intentan controlar con operativos de limpieza.
El Cañón del Sumidero es hoy uno de los grandes símbolos de Chiapas: su silueta aparece en el escudo del estado, como homenaje a la leyenda de la resistencia chiapaneca y a la grandeza de su paisaje. Es uno de los destinos naturales más visitados del sur de México y la principal atracción de la región de Tuxtla y Chiapa de Corzo, donde se combinan el espectáculo geológico, la riqueza biológica y la memoria histórica en un mismo escenario.