En 1931, un biólogo estadounidense que sobrevolaba la selva del sur de Campeche buscando árboles de chicle divisó algo imposible: dos montañas de piedra asomando sobre el mar verde de la jungla, a decenas de kilómetros de cualquier camino. No eran montañas, sino pirámides gigantescas, y bajo ellas dormía, olvidada durante más de mil años, una de las ciudades más poderosas que existieron en América: la capital del reino de la Serpiente, la superpotencia maya que casi doblega a Tikal. Esta es la historia de Calakmul, un imperio de selva que estuvo a punto de dominar el mundo maya y que la guerra, la sequía y el tiempo borraron del mapa.
El nombre con el que hoy conocemos al sitio, Calakmul, es relativamente moderno y proviene del maya: suele traducirse como 'dos montículos adyacentes' o 'la ciudad de las dos pirámides cercanas' (ca, dos; lak, adyacente; mul, montículo o pirámide), en referencia a sus dos grandes estructuras visibles desde lejos sobre la selva. Lo bautizó así el biólogo estadounidense Cyrus Lundell, que dio aviso del sitio a comienzos de la década de 1930.
Pero el nombre antiguo de la ciudad, o al menos el de la dinastía que la gobernó, era otro y mucho más evocador: Kaan o Kaanul, el 'reino de la Serpiente', cuyo emblema —una cabeza de serpiente— aparece en numerosas inscripciones del mundo maya. Descifrar los textos jeroglíficos permitió a los epigrafistas reconstruir, a lo largo de las últimas décadas, la historia de este poderoso linaje y su capital.
Calakmul se asienta en la región del Petén, en el corazón de las tierras bajas mayas, una zona de selva densa que en el período Clásico estuvo densamente poblada y salpicada de grandes ciudades. Su ubicación estratégica le permitió controlar rutas y aliarse o enfrentarse con otros centros, en un complejo tablero político del que Calakmul llegaría a ser una de las dos piezas dominantes.
Durante el período Clásico maya, especialmente entre los siglos VI y VIII, Calakmul fue una de las dos grandes superpotencias de las tierras bajas, en una rivalidad de siglos con su gran enemiga, Tikal, situada al sur, en lo que hoy es Guatemala. Esa pugna por la hegemonía estructuró buena parte de la geopolítica maya: ciudades menores se alineaban con una u otra superpotencia, en un sistema de alianzas, vasallajes y guerras que las inscripciones permiten hoy reconstruir.
El reino de la Serpiente tejió una vasta red de alianzas que llegó a rodear y aislar a Tikal. En el siglo VI y comienzos del VII, Calakmul y sus aliados infligieron severas derrotas a Tikal, que vivió un largo período de declive bajo la presión de la Serpiente. Gobernantes de Calakmul como Yuknoom el Grande llevaron al reino a su apogeo, dominando una extensa esfera de influencia.
La balanza, sin embargo, terminó inclinándose. En el año 695 d.C., Tikal, resurgida, derrotó a Calakmul en una batalla decisiva, capturando o derrotando a su gobernante. Aquel revés marcó el principio del fin de la hegemonía de la Serpiente. La historia de Calakmul es, así, la de un imperio que estuvo cerca de dominar el mundo maya y que la guerra terminó por debilitar, un relato épico recuperado piedra a piedra gracias a sus numerosísimas estelas.
El apogeo de Calakmul tiene nombre propio: Yuknoom Ch'een II, conocido como 'Yuknoom el Grande', que gobernó durante medio siglo, entre 636 y 686 d.C. Bajo su reinado, el reino de la Serpiente (Kaanul) alcanzó la cúspide de su poder político, militar y económico, convirtiéndose en la potencia hegemónica de las tierras bajas mayas. Yuknoom no dominaba solo por la fuerza de las armas: tejió una sofisticada red diplomática de alianzas y matrimonios reales que extendió la influencia de Calakmul por un vastísimo territorio.
Uno de los movimientos más astutos de la Serpiente fue instrumentalizar los conflictos internos de sus rivales. En el reino de Dos Pilas, en el actual Petén guatemalteco, Calakmul apoyó a B'alaj Chan K'awiil, un gobernante que terminó librando una guerra fratricida contra Tikal, su propia ciudad madre. Del mismo modo, Yuknoom casó a mujeres de su linaje con soberanos de otras ciudades: una de ellas, la 'Señora Mano de Nenúfar', se convirtió en reina guerrera de El Perú-Waka'. A través de estos vasallos y aliados, Calakmul llegó a rodear y asfixiar a Tikal, sumiéndola en más de un siglo de silencio (el llamado 'hiato').
El reinado de Yuknoom el Grande y de su sucesor, Yuknoom Yich'aak K'ak' ('Garra de Jaguar'), representó la edad dorada de Calakmul: una ciudad de decenas de miles de habitantes, con embajadores y aliados desde el Golfo hasta el corazón del Petén. Pero esa hegemonía dependía de un delicado equilibrio de alianzas, y bastaría una derrota militar para que todo el sistema comenzara a resquebrajarse.
En su apogeo, Calakmul fue una urbe colosal. Las investigaciones estiman que llegó a albergar a decenas de miles de habitantes y que su área de influencia abarcaba un vasto territorio, con miles de estructuras —pirámides, palacios, plazas, juegos de pelota, reservorios de agua— de las que solo una fracción ha sido excavada. Sus dos grandes pirámides, las Estructuras I y II, se cuentan entre las de mayor volumen de todo el mundo maya, y la ciudad destacó por la enorme cantidad de estelas talladas que erigió, claves para descifrar su historia dinástica.
Uno de los grandes desafíos de Calakmul, como de toda la región, fue el agua: en una zona sin ríos ni cenotes accesibles, sus habitantes construyeron grandes reservorios (aguadas) para almacenar el agua de lluvia y abastecer a la población, una proeza de ingeniería hidráulica imprescindible para sostener una ciudad de ese tamaño en plena selva.
Hacia el siglo IX, Calakmul entró en decadencia, en el marco del llamado 'colapso' del período Clásico maya, que afectó a las grandes ciudades de las tierras bajas. Las causas se debaten: sequías prolongadas, agotamiento de recursos, guerras endémicas, problemas políticos y demográficos. La población fue abandonando la ciudad, y la selva, lentamente, fue cubriendo sus pirámides y palacios, ocultándolos durante más de mil años bajo un manto verde.
Calakmul permaneció olvidada por el mundo exterior, oculta en la selva del sur de Campeche, hasta el siglo XX. Fue dada a conocer en 1931 por el biólogo Cyrus Lundell, que exploraba la región en busca de recursos, y a partir de entonces se realizaron las primeras expediciones arqueológicas. Sin embargo, su lejanía y lo intrincado de la selva hicieron que las grandes campañas de excavación e investigación se intensificaran sobre todo en las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI, revelando poco a poco la magnitud de la antigua capital de la Serpiente.
En 1989 se creó la Reserva de la Biosfera de Calakmul, que protege la mayor extensión de selva tropical de México, un refugio esencial para el jaguar y otras especies amenazadas. Esa conjunción excepcional de un sitio arqueológico monumental con un entorno natural de enorme valor llevó a un doble reconocimiento de la Unesco: el sitio fue inscrito como Patrimonio de la Humanidad por su valor cultural en 2002 y, en 2014, la declaratoria se amplió para incluir también el patrimonio natural de la selva circundante, convirtiéndolo en uno de los pocos sitios Mixtos (cultural y natural) de América.
Hoy Calakmul sigue siendo, por su lejanía, uno de los grandes sitios mayas menos visitados, lo que paradójicamente forma parte de su magia: permite vivir la arqueología maya en un entorno salvaje, casi como lo hicieron los primeros exploradores, y contemplar desde lo alto de sus pirámides el mismo océano de selva que vieron los gobernantes del reino de la Serpiente.