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Historia de Flic en Flac

Un nombre que viene del holandés

Pocos topónimos de Mauricio son tan curiosos como 'Flic en Flac'. No es criollo ni francés: la explicación más aceptada es que deriva de una vieja expresión holandesa, 'Fried Landt Flaak', que significaría algo así como 'tierra libre y llana'. El nombre habría sobrevivido, deformado por los siglos y las lenguas, desde el breve paso de los holandeses por la isla en el siglo XVII.

Es un detalle pequeño pero revelador. En Mauricio, una isla que no tuvo población humana hasta la llegada de los europeos, hasta los nombres de las playas son inmigrantes: holandeses, franceses, indios, criollos. Flic en Flac, con su sonido juguetón, es un recordatorio de que aquí todo (idiomas, personas, plantas y hasta los topónimos) llegó por barco y se mezcló hasta volverse propio.

Los holandeses, la tierra llana y el dodo

Los holandeses fueron los primeros en asentarse en la isla, en 1638, y le dieron el nombre de Mauritius en honor al príncipe Mauricio de Nassau. Exploraron sus costas, cortaron el valioso ébano y bautizaron muchos parajes, entre ellos, probablemente, esta 'tierra llana' del oeste. Pero su legado más recordado es una catástrofe ecológica: la extinción del dodo.

El dodo, ave grande e incapaz de volar que había evolucionado sin depredadores, fue cazado por los marineros y arrasado por los animales que trajeron (cerdos, ratas, monos). Hacia fines del siglo XVII ya no quedaba ninguno, y se convirtió en el símbolo mundial de la extinción provocada por el hombre. Vencidos por los ciclones, las ratas y las malas cosechas, los holandeses abandonaron Mauricio en 1710, dejándola de nuevo desierta.

Franceses, caña de azúcar y esclavitud

En 1715 Francia tomó posesión de la isla y la rebautizó Isle de France. El oeste, en el distrito de la Rivière Noire (Black River), se cubrió de plantaciones de caña de azúcar trabajadas por miles de personas esclavizadas traídas de África continental y de Madagascar. Fue una economía próspera para los colonos y brutal para los esclavizados, sometidos a jornadas agotadoras y castigos crueles.

Esta región del suroeste guarda uno de los capítulos más duros y a la vez más dignos de esa historia. A pocos kilómetros de Flic en Flac se alza Le Morne Brabant, la montaña donde, según la tradición oral, se refugiaron esclavos fugitivos (los 'marrons'). Hoy Le Morne es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO precisamente como símbolo mundial de la resistencia a la esclavitud, un memorial a quienes prefirieron la montaña a las cadenas. El oeste, con su belleza serena, es también tierra de esa memoria.

Los británicos, la abolición y la inmigración india

En 1810 los británicos conquistaron la isla, que en 1814 pasó a llamarse de nuevo Mauritius bajo dominio británico. Con habilidad política, permitieron a los colonos franceses conservar su idioma, religión y costumbres, razón por la cual el francés y el criollo siguen dominando la vida cotidiana. El hecho que transformó a la sociedad fue la abolición de la esclavitud, en 1835.

Ante la falta de mano de obra, los propietarios recurrieron al trabajo contratado: cientos de miles de trabajadores llegados de la India desembarcaron en Port Louis y se repartieron por las plantaciones de toda la isla, incluidas las del oeste. De esa migración nació la mayoría hindú de Mauricio, junto a comunidades musulmanas y chinas y a los descendientes de los esclavos, creadores de la cultura criolla y del sega. En pueblos como los del distrito de Black River convivieron desde entonces todas las comunidades que forman el mosaico mauriciano.

De la independencia al balneario del oeste

Mauricio se independizó del Reino Unido el 12 de marzo de 1968, con Seewoosagur Ramgoolam como primer líder de la nación, y en 1992 se proclamó República. La nueva Mauricio diversificó su economía más allá del azúcar, con la industria textil, las finanzas y el turismo como nuevos pilares. Las playas soleadas del oeste, hasta entonces zona de cañaverales y pesca, empezaron a atraer visitantes.

Flic en Flac, con su larguísima playa orientada al poniente y sus atardeceres sobre el mar, se convirtió en uno de los balnearios más populares de la isla, especialmente querido por los propios mauricianos, que llenan sus áreas de picnic los fines de semana. Llegaron los grandes resorts, pero también guesthouses y restaurantes accesibles, y la 'tierra llana' de los holandeses pasó a ser sinónimo de sol, buceo y vida de playa en el lado seco de Mauricio.

Flic en Flac hoy

Hoy Flic en Flac combina lo mejor del oeste mauriciano: una gran playa pública para todos, los mejores atardeceres de la isla y algunos de sus sitios de buceo más famosos, como La Cathédrale, con sus arcos y cavernas submarinas. A su alrededor se despliega la Mauricio más aventurera y verde: el parque de Casela, las cascadas de Tamarind Falls, el Parque Nacional de Black River Gorges (último gran refugio de la selva y la fauna endémica) y, más al sur, Tamarin, Chamarel y Le Morne.

Es una base que permite alternar la playa con la montaña, la laguna con la selva, el ocio con la memoria histórica de la esclavitud que marca este rincón de la isla. Detrás del nombre juguetón que nos legaron los holandeses hace cuatro siglos, Flic en Flac resume el viaje entero de Mauricio: de tierra vacía y llana a mosaico humano frente a uno de los mares más bellos del planeta.

El distrito de Black River, al que pertenece Flic en Flac, guarda además el mayor tesoro natural de la isla: en las alturas de Black River Gorges sobreviven los últimos bosques nativos y especies endémicas que estuvieron al borde de la desaparición, como el cernícalo de Mauricio (que en los años setenta llegó a contar con apenas cuatro ejemplares vivos) y la paloma rosada. Su recuperación, gracias a programas de conservación reconocidos en el mundo entero, es la contracara esperanzadora de la historia del dodo: la prueba de que la misma isla que perdió a su ave más célebre también aprendió a rescatar a otras del olvido. Así, el visitante que baja de la selva del interior a la playa de Flic en Flac recorre, en pocos kilómetros, las dos caras de Mauricio: la de las extinciones irreparables del pasado y la de una naturaleza que hoy, con esfuerzo y conciencia, se lucha por preservar para las generaciones que vienen.

📚 Bibliografía

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