La historia de Prizren se hunde en la Antigüedad. En este cruce de caminos, al pie de las montañas Sharr y a orillas del río Bistrica, hubo asentamientos de los ilirios, los pueblos que habitaron los Balcanes occidentales antes de Roma. Muchos estudiosos identifican el lugar con la antigua Theranda, mencionada en fuentes romanas, una parada en las rutas que atravesaban la provincia. La posición era estratégica: un punto de paso natural entre el interior de los Balcanes y el Adriático, protegido por la colina donde más tarde se levantaría la fortaleza.
Con la caída del Imperio romano de Occidente, la región quedó bajo el dominio del Imperio bizantino. En el siglo VI, en tiempos del emperador Justiniano, se construyeron o reforzaron fortificaciones en la colina que domina la ciudad; los cimientos más antiguos de la actual fortaleza de Prizren (Kalaja) se remontan a esa época bizantina. Durante siglos, Prizren fue una plaza fronteriza disputada entre bizantinos, búlgaros y otros poderes de la región.
Aquella larga etapa dejó a la ciudad una herencia cristiana ortodoxa profunda y un emplazamiento privilegiado. Cuando, en la Alta Edad Media, el poder serbio empezó a expandirse por la zona, Prizren ya era un enclave codiciado, con murallas, iglesias y una posición que la convertía en llave del sur de los Balcanes.
El gran momento medieval de Prizren llegó con el reino serbio de la dinastía Nemanjić, entre los siglos XIII y XIV. La ciudad se convirtió en uno de los centros más importantes del Estado serbio, y alcanzó su cénit bajo el rey y luego emperador Stefan Dušan (que reinó entre 1331 y 1355), quien hizo de Prizren una de sus capitales. Bajo su gobierno, Serbia se expandió hasta convertirse en el mayor imperio de los Balcanes, y Prizren fue una de sus ciudades más ricas y pobladas, con comercio, artesanía y una intensa vida religiosa.
De esa época dorada procede uno de los monumentos más valiosos de la ciudad: la iglesia de la Virgen de Ljeviš (Bogorodica Ljeviška), reconstruida en su forma actual hacia 1306-1307 por orden del rey Stefan Milutin sobre un templo anterior. Con su arquitectura serbo-bizantina de ladrillo y piedra, sus cinco cúpulas y sus frescos medievales, es hoy Patrimonio de la Humanidad de la Unesco dentro del conjunto 'Monumentos medievales en Kosovo'. Cerca, Dušan fundó también el monasterio de los Santos Arcángeles, del que hoy quedan ruinas.
Esta capa medieval serbia y ortodoxa es una parte esencial de la identidad histórica de Prizren y de Kosovo, y conviene comprenderla con precisión: la región fue durante siglos un corazón político y espiritual del mundo serbio, algo que explica buena parte de las tensiones posteriores. La muerte de Dušan en 1355 abrió un periodo de fragmentación que dejó a los reinos balcánicos debilitados frente a una nueva potencia que avanzaba desde el este: los otomanos.
A finales del siglo XIV, tras la batalla del Campo de los Mirlos (1389) y la conquista progresiva de la región, Prizren pasó a formar parte del Imperio otomano, bajo cuyo dominio permanecería más de cinco siglos, hasta 1912. Fue entonces cuando la ciudad adquirió la fisonomía que hoy la hace tan hermosa y la convierte en la joya otomana de Kosovo. Prizren floreció como uno de los principales centros comerciales, artesanales y culturales de Rumelia, la parte europea del imperio.
La ciudad se llenó de mezquitas, hammams (baños turcos), fuentes, puentes, madrasas y mansiones. La Mezquita de Sinan Pasha, construida en 1615 y coronada por su gran cúpula, se alzó como símbolo del esplendor otomano; el elegante puente de piedra sobre el Bistrica, del siglo XVI, unió las dos orillas del casco antiguo; y las callejuelas empedradas se poblaron de talleres de plateros, curtidores y armeros. Prizren fue célebre por su artesanía, especialmente la filigrana de plata, y por ser una ciudad próspera y cosmopolita.
Bajo los otomanos, Prizren se consolidó como una ciudad profundamente multiétnica y multiconfesional, donde convivían albaneses, turcos, bosnios y serbios, musulmanes y cristianos. Esa diversidad, todavía viva hoy, es una de sus señas de identidad. La conversión de buena parte de la población al islam y las migraciones fueron dando a Prizren y a Kosovo una mayoría albanesa musulmana, sin que desaparecieran las comunidades cristianas ortodoxas ni el rico legado medieval serbio. Fue, en muchos sentidos, la edad de oro urbana de la ciudad.
Prizren ocupa un lugar central en la historia del nacionalismo albanés. En 1878, la derrota otomana en la guerra ruso-turca y el posterior Congreso de Berlín amenazaban con repartir los territorios de población albanesa entre los Estados vecinos —Serbia, Montenegro, Grecia y Bulgaria—, que crecían a costa del imperio en retirada. Ante ese peligro, el 10 de junio de 1878 se reunió en Prizren un grupo de líderes e intelectuales albaneses y fundó la Liga de Prizren, oficialmente 'Liga para la Defensa de los Derechos de la Nación Albanesa'.
La Liga tenía un doble objetivo: resistir el desmembramiento de las tierras albanesas y afirmar una conciencia nacional albanesa, unificando a los albaneses —divididos por religión y por regiones— en una sola nación basada en la lengua y la cultura comunes. Aunque el movimiento fue finalmente reprimido por los propios otomanos en 1881, la Liga de Prizren marcó el nacimiento del proyecto nacional albanés moderno y se convirtió en un símbolo fundacional para todos los albaneses, tanto de la actual Albania como de Kosovo.
Por eso el Complejo de la Liga de Prizren —un conjunto de casas otomanas restauradas, hoy museo— es uno de los lugares más venerados de Kosovo. Que este hito ocurriera en Prizren refuerza el papel de la ciudad como capital simbólica y cultural del país. La época otomana terminaría poco después, con las guerras balcánicas de 1912-1913, cuando Prizren y el resto de Kosovo pasaron al Reino de Serbia, abriendo un nuevo capítulo de disputas.
Tras las guerras balcánicas, Prizren quedó integrada primero en Serbia y luego en Yugoslavia, donde atravesó el siglo XX como una ciudad de provincias con su rica mezcla de comunidades. En 1979, unas devastadoras inundaciones arrasaron parte del casco antiguo y destruyeron el puente de piedra original, que fue reconstruido después fielmente. Bajo la Yugoslavia socialista, Prizren fue parte de la Provincia Autónoma de Kosovo, con su población mayoritariamente albanesa y sus minorías turca, bosnia y serbia.
El final del siglo trajo el capítulo más doloroso. La supresión de la autonomía de Kosovo por el régimen de Slobodan Milošević en 1989, la represión de los años noventa y la guerra de 1998-1999 entre las fuerzas serbias y la guerrilla del Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) golpearon también a Prizren y su comarca, con operaciones militares, desplazamientos masivos de población albanesa y destrucción, entre ellos el incendio del complejo de la Liga de Prizren. La intervención de la OTAN, con bombardeos entre marzo y junio de 1999, forzó la retirada serbia. Es un conflicto reciente que dejó víctimas de todos los lados y que conviene relatar con sobriedad y equilibrio.
Tras la guerra, Prizren quedó bajo administración de la ONU. En los disturbios interétnicos de marzo de 2004, parte del patrimonio serbio ortodoxo de la ciudad —incluida la iglesia de la Virgen de Ljeviš y otros templos— resultó dañado o incendiado, y buena parte de la comunidad serbia abandonó la ciudad. Con la declaración de independencia de Kosovo en 2008, no reconocida por Serbia y de estatus internacional aún disputado, Prizren se consolidó como la capital cultural del joven país. Hoy es una ciudad restaurada y vibrante, orgullosa de su casco otomano, sede del prestigioso festival de cine documental DokuFest, y un lugar donde el viajero puede leer, en sus piedras, casi dos milenios de una historia tan bella como compleja.