Mombasa es una de las ciudades más antiguas de África oriental, y su historia se confunde con el nacimiento mismo de la civilización suajili. A lo largo de la costa del océano Índico, entre los siglos VIII y X, surgieron una serie de pueblos y ciudades comerciales fundados por poblaciones bantúes locales que, a través del comercio marítimo, entraron en contacto con mercaderes árabes, persas e indios. De esa larga interacción nació una cultura y una lengua propias: el suajili (kiswahili), un idioma bantú enriquecido con abundante vocabulario árabe, y una civilización urbana, mercantil, cosmopolita y musulmana.
Mombasa, protegida en su isla y dotada de dos puertos naturales, se convirtió pronto en uno de los grandes centros de esa red de ciudades-estado suajili, que incluía también a Lamu, Malindi, Kilwa, Zanzíbar y Pate. Cada una era independiente, gobernada por su propio sultán o consejo de familias notables, y competía o cooperaba con las demás. Su riqueza venía del comercio del océano Índico, regido por los vientos monzónicos: exportaban marfil, oro, pieles, mangle, ámbar gris y también personas esclavizadas traídas del interior del continente, e importaban telas, porcelana china, cuentas de vidrio, especias y objetos de lujo.
Ya en 1151, el gran geógrafo árabe al-Idrisi mencionaba Mombasa como un próspero puerto comercial. Cuando siglos después llegaron los europeos, encontraron no aldeas primitivas, sino ciudades de piedra coralina, mezquitas, casas de varias plantas y una sofisticada cultura mercantil que llevaba siglos conectando África con Arabia, Persia, la India e incluso China. Mombasa era, en toda regla, una ciudad del mundo del Índico.
El destino de Mombasa cambió para siempre en 1498, cuando el navegante portugués Vasco da Gama, en su histórico viaje hacia la India bordeando África, llegó a la costa suajili. Mombasa, una ciudad-estado próspera e independiente con su propio sultán, no tenía ningún interés en someterse a los recién llegados. El encuentro fue tenso: la desconfianza mutua derivó en escaramuzas, y da Gama, mal recibido, siguió viaje hacia el norte, hasta la vecina y rival Malindi, donde sí fue acogido y consiguió un piloto para cruzar el océano hacia la India.
Esa rivalidad entre las ciudades suajili —Mombasa y Malindi enfrentadas— sería hábilmente aprovechada por los portugueses. Comprendieron que quien controlara estos puertos dominaría el lucrativo comercio del océano Índico, hasta entonces en manos de mercaderes árabes y suajilis. Durante las décadas siguientes, Portugal desató una campaña de conquista y saqueo a lo largo de la costa. Mombasa, que resistió, fue atacada y saqueada brutalmente en varias ocasiones a lo largo del siglo XVI: los cronistas portugueses describen incendios, matanzas y el sometimiento de la ciudad.
El choque entre el mundo suajili y el imperio portugués fue el primer intento exitoso de una potencia europea por controlar las rutas comerciales del Índico. Para las ciudades suajili supuso el fin de su edad de oro de independencia y prosperidad, y el comienzo de siglos de dominación extranjera. Mombasa, por su tamaño y posición estratégica, quedó en el centro de esa disputa, que culminaría con la construcción de una de las fortalezas más famosas de África.
Para asegurar de una vez su dominio sobre Mombasa y la costa, los portugueses construyeron entre 1593 y 1596 el Fuerte Jesús (Fort Jesus), diseñado por el arquitecto militar italiano Giovanni Battista Cairati. Levantado sobre una roca coralina a la entrada del puerto viejo, con muros gruesos y bastiones en forma de figura humana, era una obra maestra de la fortificación renacentista y el símbolo del poder portugués en el océano Índico. Desde él, Portugal pretendía controlar el paso de los barcos y el comercio de toda la región.
Pero el dominio portugués nunca fue pacífico ni seguro. La creciente potencia de los árabes de Omán, que expulsaban poco a poco a los portugueses de sus posiciones en Arabia y el Índico, acabó dirigiéndose contra Mombasa. En marzo de 1696 comenzó uno de los asedios más largos y dramáticos de la historia africana: las fuerzas del imám de Omán, Saif bin Sultan, sitiaron el Fuerte Jesús, defendido por una guarnición portuguesa y sus aliados suajilis. El sitio duró casi tres años. Dentro del fuerte, el hambre, la sed y las enfermedades (una epidemia de peste) diezmaron a los defensores, que resistieron con una tenacidad heroica pese a quedar reducidos a un puñado de supervivientes.
Finalmente, el 13 de diciembre de 1698, los omaníes tomaron el fuerte. Apenas unos días después llegó una flota portuguesa de auxilio, demasiado tarde: Mombasa estaba perdida. La caída del Fuerte Jesús marcó el fin del dominio portugués sobre la costa norte del océano Índico y el traslado de su poder hacia Mozambique, más al sur. Toda la costa de la actual Kenia y Tanzania, con Zanzíbar y Pemba, pasó a la órbita de Omán. El fuerte, testigo mudo de aquella epopeya, sigue en pie y es hoy Patrimonio de la Humanidad.
Tras la expulsión de los portugueses, Mombasa quedó bajo la influencia de Omán, aunque su historia siguió siendo turbulenta. Durante buena parte del siglo XVIII, la ciudad fue gobernada por la dinastía Mazrui, una familia de origen omaní que llegó a actuar de forma casi independiente, resistiendo el control directo del sultanato de Omán. Mombasa vivió así un período de relativa autonomía, entre luchas de poder, alianzas cambiantes y su papel constante como puerto comercial del Índico.
En el siglo XIX, el poder de Omán en la región se consolidó bajo el sultán Said bin Sultan, que trasladó la capital de su imperio a Zanzíbar, convirtiendo a esta isla en el gran centro del comercio de clavo, marfil y esclavos de África oriental. Mombasa y toda la costa suajili quedaron integradas en la órbita del sultanato de Zanzíbar. El comercio de esclavos, en particular, alcanzó dimensiones terribles en este período, con miles de personas traídas del interior y embarcadas en los puertos de la costa, una página oscura de la historia que dejó una herida profunda en la región.
A finales del siglo XIX, las potencias europeas se repartieron África. Gran Bretaña extendió su influencia sobre la costa keniana: primero a través de la Compañía Imperial Británica de África Oriental y luego como protectorado. En 1895 se estableció el Protectorado de África Oriental Británica, y Mombasa se convirtió en su capital inicial y en el gran puerto de entrada. De aquí partió, en 1896, la construcción del célebre ferrocarril de Uganda hacia el interior, una obra que transformaría para siempre la región y daría origen, entre otras cosas, a la ciudad de Nairobi.
Bajo dominio británico, Mombasa se transformó en el gran puerto moderno de África oriental. La construcción del ferrocarril de Uganda trajo a miles de trabajadores del subcontinente indio, muchos de los cuales se quedaron y formaron la vibrante comunidad india de la ciudad, que aportó su religión, su comercio y su cocina al ya rico mestizaje suajili. El moderno puerto de Kilindini, en aguas profundas, convirtió a Mombasa en la puerta comercial no solo de Kenia, sino de todo el interior de África oriental: Uganda, Ruanda, Burundi y el este de la República Democrática del Congo dependen de él para su comercio exterior.
Cuando Kenia se independizó del Reino Unido en 1963, hubo incluso debates sobre el estatus de la franja costera (que había sido técnicamente territorio del sultán de Zanzíbar), pero finalmente Mombasa y la costa quedaron integradas en la nueva nación keniana. La ciudad siguió creciendo como puerto, centro industrial y capital del turismo de playa, atrayendo a visitantes de todo el mundo a sus costas del Índico y a los safaris cercanos.
La Mombasa de hoy es una ciudad de más de un millón de habitantes, bulliciosa, calurosa y profundamente multicultural, donde conviven suajilis, mijikenda, árabes, indios y kenianos de todo el país, musulmanes, cristianos e hindúes. Su casco antiguo, su Fuerte Jesús Patrimonio de la Humanidad, su cocina especiada, sus dhows y su carácter abierto y hospitalario la convierten en un destino con una identidad única, forjada en más de mil años de encuentros a orillas del océano Índico. Conocer Mombasa es asomarse a la historia entera de la costa suajili.