Antes de que una estrella de Hollywood la pusiera de moda y de que sus barcos bananeros trajeran a los primeros turistas de la historia de Jamaica, la esquina más verde y lluviosa de la isla ya guardaba siglos de historia. El extremo nororiental de Jamaica, donde hoy se encuentra Port Antonio, estuvo habitado en tiempos precolombinos por los taínos (arahuacos), el pueblo originario de la isla. La región, montañosa y selvática, con sus ríos caudalosos como el Río Grande bajando desde las montañas, ofrecía recursos abundantes a quienes vivían de la pesca, la caza, la recolección y el cultivo. Las espesas selvas y las montañas del este serían, siglos después, refugio de otros pueblos perseguidos.
Tras la llegada de Colón en 1494 y la colonización española, esta zona oriental quedó en gran medida al margen del escaso poblamiento europeo. Los españoles, que concentraron su presencia en otras partes de la isla, dejaron sin embargo su huella en la toponimia: el nombre 'Port Antonio' deriva de denominaciones españolas como Puerto Antón o Puerto de Antón, que con la posterior dominación inglesa se anglicanizaron hasta la forma actual.
Durante todo el período español, la región se mantuvo poco desarrollada y de difícil acceso, cubierta por la densa selva de lo que hoy son las Blue and John Crow Mountains. Esa misma inaccesibilidad, que retrasó su colonización, sería clave en el siglo siguiente, cuando la zona se convirtiera en bastión de los cimarrones y, mucho más tarde, en un paraíso natural casi intacto que enamoraría a los primeros turistas y a las estrellas de Hollywood.
Tras la conquista inglesa de Jamaica en 1655, las montañas del este de la isla se convirtieron en un escenario clave de la resistencia a la esclavitud. En las inaccesibles Blue and John Crow Mountains se establecieron los cimarrones (maroons): comunidades de personas africanas esclavizadas que habían escapado de las plantaciones —algunas desde la época española— y que formaron asentamientos libres en las montañas, defendiéndose con un profundo conocimiento del terreno selvático.
Los cimarrones del este, conocidos como los Windward Maroons, libraron prolongadas guerras de guerrillas contra los británicos durante el siglo XVIII (las llamadas Guerras Cimarronas). Su resistencia fue tan eficaz que los ingleses tuvieron que firmar tratados de paz con ellos, reconociendo cierta autonomía a sus comunidades. La necesidad de controlar y vigilar a estos cimarrones fue una de las razones por las que la Corona británica creó la parroquia de Portland en 1723, estableciendo Port Antonio como centro administrativo y militar de la región oriental.
Las autoridades fortificaron Port Antonio (con instalaciones como el Fort George en la península de Titchfield) e intentaron atraer colonos a una zona considerada salvaje y peligrosa. La presencia de los cimarrones, su cultura y su legado de libertad son parte fundamental de la identidad de Portland, y las montañas que los protegieron son hoy Patrimonio Mundial de la Unesco, reconocidas tanto por su naturaleza como por esa historia de resistencia.
El gran despegue de Port Antonio llegó a fines del siglo XIX, y tuvo un protagonista inesperado: el banano. Tras la decadencia del azúcar, la fértil y húmeda tierra de Portland resultó ideal para el cultivo de plátanos, y Port Antonio se transformó en uno de los principales puertos exportadores de banano del mundo. Empresas como la United Fruit Company y figuras como el capitán Lorenzo Dow Baker impulsaron un comercio que conectó a Jamaica con los mercados de Estados Unidos y Europa.
Aquel auge bananero trajo consigo algo más que riqueza: inauguró el turismo en Jamaica. Los barcos que venían a cargar banano no querían regresar vacíos, así que empezaron a traer pasajeros —turistas curiosos por conocer la exótica isla tropical—, y para alojarlos se construyeron los primeros hoteles. El Titchfield Hotel, en Port Antonio, fue uno de los pioneros del turismo jamaiquino. Así, esta ciudad del este puede reclamar el título de cuna del turismo en la isla, mucho antes de que Montego Bay u Ocho Ríos se hicieran famosas.
De aquella época bananera viene también una tradición que se volvería emblemática: las balsas de bambú que se usaban para transportar el banano por el Río Grande darían origen, décadas después, al rafting turístico. Port Antonio vivió así, entre el banano y los primeros viajeros, un momento de esplendor que sentó las bases de su futuro como destino.
Si el banano puso a Port Antonio en el mapa, fue una estrella de Hollywood quien le dio su aura glamorosa y romántica. A mediados del siglo XX, el actor Errol Flynn —célebre por sus papeles de aventurero y galán— llegó a la zona, según la leyenda tras un naufragio o una escala fortuita, y quedó completamente cautivado por su belleza. 'Más hermosa que cualquier mujer que haya conocido', habría dicho de Jamaica.
Flynn se instaló en la zona, compró propiedades —incluida la Navy Island, frente a Port Antonio— y atrajo con su presencia a otras estrellas de Hollywood, millonarios y celebridades, que empezaron a frecuentar Portland y a construir villas escondidas entre la vegetación. Port Antonio se convirtió así en un destino de élite, exclusivo y bohemio, muy distinto del turismo de masas que más tarde se desarrollaría en otras partes de la isla. Ese aire elegante y pausado todavía se respira hoy.
Flynn también dejó una huella perdurable en la actividad turística: fascinado por las balsas de bambú del Río Grande, ayudó a popularizar las carreras y el rafting como atracción, dando origen al rafting turístico de Jamaica. La memoria del actor sigue presente en la zona, en topónimos, anécdotas y en el encanto de villas y hoteles que heredaron aquel espíritu. La era de Errol Flynn definió la identidad de Port Antonio como la Jamaica sofisticada y secreta.
La belleza natural de Port Antonio y sus alrededores no pasó desapercibida para el cine, que contribuyó a hacer mundialmente famosos sus paisajes. El ejemplo más célebre es la Blue Lagoon (Laguna Azul), ese pozo de agua de un azul hipnótico donde el mar se mezcla con manantiales de agua dulce, rodeado de selva. La laguna dio nombre y escenario a la película 'The Blue Lagoon' (1980), protagonizada por Brooke Shields, que llevó la imagen de este rincón jamaiquino a todo el planeta.
Pero la riqueza natural de Portland va mucho más allá de una laguna. La región alberga cascadas de ensueño como las Reach Falls y las Somerset Falls, playas vírgenes donde la selva se encuentra con el mar (Frenchman's Cove, Winnifred Beach, San San), y el caudaloso Río Grande que baja desde las montañas. Todo ello en un entorno de selva tropical exuberante, alimentada por las abundantes lluvias que hacen de esta una de las zonas más verdes de Jamaica.
Detrás de Port Antonio se elevan las Blue and John Crow Mountains, declaradas Patrimonio Mundial de la Unesco en 2015 —el primer y único sitio jamaiquino en la lista— por su excepcional valor natural (biodiversidad, especies endémicas) y cultural (el refugio de los cimarrones). Esta combinación de naturaleza intacta, historia de resistencia y glamour cinematográfico hace de Port Antonio un destino único, la cara más auténtica, salvaje y romántica de Jamaica.