Antes de los europeos, la franja costera de Saint Mary estaba salpicada de aldeas taínas que vivían de la pesca, la yuca y el intercambio a lo largo de la costa norte. Los primeros europeos en asomarse a esta parte de la isla fueron los españoles poco después del desembarco de Colón en la vecina Saint Ann, en 1494; de aquel primer contacto quedaron topónimos hispano-portugueses que perduran hasta hoy, como el de Oracabessa —de «oreja de cabeza» o «cabeza de oro»— y el de la propia bahía de Santa María, que Colón habría bautizado hacia 1502.
Saint Mary fue una de las primeras zonas colonizadas por España, y su capital, Port Maria, figura entre los asentamientos más antiguos de la isla, apenas posterior a Sevilla la Nueva. Durante el largo y descuidado dominio español, la región fue poco más que una escala ganadera y de suministros, pero su posición en la costa norte la volvería estratégica cuando Inglaterra arrebató la isla a España en 1655.
La parroquia moderna se organizó bajo dominio británico y tomó forma como una de las divisiones de la costa norte, con una economía volcada primero al azúcar y, más tarde, al banano. Su relieve de colinas verdes bien regadas, atravesado por numerosos ríos que bajan de las montañas al mar, definió desde el principio su carácter frondoso y agrícola.
En la desembocadura del río Rio Nuevo, en la costa de Saint Mary, se libró entre el 25 y el 27 de junio de 1658 la mayor batalla campal de la historia de Jamaica. Enfrentó a una fuerza inglesa de unos 700 hombres, entre regulares y milicianos, comandada por el coronel Edward D'Oyley, contra un ejército invasor de unos 560 soldados españoles y medio centenar de aliados, al mando del antiguo gobernador español de la isla, Cristóbal Arnaldo de Ysasi.
Ysasi, que se resistía a aceptar la pérdida de Jamaica, había cruzado desde Cuba con refuerzos para intentar recuperarla, tras un primer intento frustrado el año anterior en Ocho Ríos. En Rio Nuevo levantó un fuerte junto al mar, pero D'Oyley lo asaltó y lo derrotó por completo: los españoles sufrieron alrededor de 450 bajas frente a unos 60 caídos ingleses. Fue el enfrentamiento militar más grande jamás librado en suelo jamaicano.
Rio Nuevo fue el último gran intento español de reconquistar la isla. Ysasi resistió todavía un par de años en las montañas, apoyado por antiguos esclavos, hasta que en 1660 huyó en canoa hacia Cuba con sus últimos partidarios. España cedería formalmente Jamaica a Inglaterra en el Tratado de Madrid de 1670. Hoy el Rio Nuevo Battle Site, en Saint Mary, es Sitio de Patrimonio Nacional y conserva la memoria de aquella jornada decisiva.
Saint Mary fue escenario de uno de los episodios más dramáticos de la resistencia esclava en el Caribe. El Domingo de Pascua de 1760, un esclavo de origen fanti conocido como Tacky encabezó cerca de Port Maria un levantamiento protagonizado por cautivos coromantíes llegados de la Costa de Oro (actual Ghana). Los rebeldes tomaron el fuerte Haldane, en Port Maria, y se apoderaron de barriles de pólvora y armas de fuego con los que equiparse.
La Rebelión de Tacky se propagó a otras parroquias y llegó a movilizar a más de mil quinientas personas: fue el mayor alzamiento del Caribe británico entre la insurrección de 1733 en Saint John y la Revolución haitiana. Solo se sofocó tras una dura campaña en la que los británicos recurrieron a la ayuda de los cimarrones (Maroons), obligados por sus tratados a perseguir a los esclavos rebeldes. Tacky murió en combate y muchos de sus seguidores fueron ejecutados o prefirieron el suicidio antes que volver a la esclavitud.
Aquella insurrección sacudió los cimientos del sistema de plantación y endureció las leyes esclavistas, pero también quedó como un símbolo perdurable de la lucha por la libertad. Port Maria, con su bonita bahía, sus edificios coloniales y el fuerte Haldane, conserva la memoria de Tacky, hoy reivindicado entre los grandes héroes de la resistencia africana en Jamaica.
Saint Mary entró en la cultura popular mundial por dos vecinos ilustres afincados en la zona de Oracabessa y Galina. En 1946, el escritor y ex oficial de inteligencia naval británico Ian Fleming compró tierras frente al mar y construyó su finca Goldeneye. Allí, a lo largo de los inviernos de las décadas de 1950 y 1960, escribió las catorce novelas y relatos protagonizados por el agente secreto James Bond, dando a la costa norte jamaicana un lugar permanente en el imaginario del siglo XX.
Alrededor de Fleming y de su vecina Blanche Blackwell —madre de Chris Blackwell, el fundador de Island Records que llevaría el reggae al mundo— se formó un círculo de artistas y celebridades. En el promontorio de Galina, muy cerca, el dramaturgo y compositor Noël Coward levantó Firefly, su refugio jamaicano con vistas espectaculares al mar Caribe, donde recibió a estrellas de Hollywood y a la propia reina madre británica.
Firefly es hoy museo y Sitio Histórico Nacional, y allí reposan los restos de Coward. Goldeneye se ha convertido en un exclusivo hotel-boutique. Juntos hacen de Saint Mary una parroquia con una insólita aura literaria y glamorosa, a medio camino entre la historia de rebelión de Port Maria y la serenidad de sus bahías.
La economía histórica de Saint Mary giró en torno a las plantaciones. A comienzos del siglo XIX llegó a haber más de sesenta ingenios azucareros en la parroquia, pero hacia el final del siglo apenas quedaban tres: la crisis del azúcar, tras la abolición y la caída de los precios, hundió al viejo régimen de plantación. En su lugar se impuso el banano, cultivo que transformaría el paisaje y la vida de la costa norte.
Ya en 1887 se embarcaban bananos desde Port Maria, Annotto Bay y Oracabessa hacia Europa y Norteamérica, y más tarde también desde Rio Nuevo y Frankfort. Como en la vecina Portland, los «banana boats» conectaron a la parroquia con el mundo y dejaron una campiña frondosa de bananos, cocoteros, pimienta de Jamaica, cacao y cítricos que todavía define su interior.
Aquel pasado agrícola sobrevive en pueblos y caletas de ambiente local, muy alejados de los grandes polos turísticos vecinos. Saint Mary es hoy una de las parroquias más tranquilas de la costa norte, ideal para quien busca la Jamaica auténtica y rural lejos de las multitudes.
Saint Mary es una de las parroquias más verdes y mejor regadas de la isla, atravesada por numerosos ríos que descienden de las montañas del interior hacia el mar y esconden cascadas y pozas naturales entre la vegetación. Su costa alterna bahías apacibles con playas locales poco concurridas, y su interior conserva un carácter profundamente campesino.
Esa combinación de naturaleza exuberante, historia de batallas y rebeliones, y glamour literario da a Saint Mary un perfil singular dentro de Jamaica. Frente al bullicio de Ocho Ríos, en la vecina Saint Ann, o al aire romántico de Portland, la parroquia ofrece una experiencia de calma y autenticidad.
Recorrer Port Maria y su bahía, visitar el sitio de la batalla de Rio Nuevo, asomarse a Firefly o a Goldeneye y perderse por los caminos rurales entre bananos y ríos es asomarse a una Jamaica serena y culta, donde conviven la memoria de la resistencia africana, la huella de la conquista y el eco de las novelas de espías más famosas del mundo.