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Historia · Jamaica

Historia de Parroquia de Manchester

Mandeville, la ciudad más alta de Jamaica

Manchester ocupa el interior montañoso del centro-sur de la isla. Fue creada el 13 de diciembre de 1814 —una de las parroquias más recientes—, formada con porciones de Saint Elizabeth y Clarendon y la totalidad de la antigua parroquia de Vere, a pedido de los habitantes de zonas como Mile Gully, May Pen y Carpenters Mountain, que se quejaban de estar demasiado lejos de un centro administrativo. Tomó su nombre del duque de Manchester, entonces gobernador de Jamaica.

Su capital, Mandeville, bautizada en honor al hijo y heredero del duque, se levanta a unos 628 metros de altura (2.061 pies), lo que la convierte en la ciudad más alta de Jamaica, con un clima fresco y agradable muy distinto del calor costero. Se desarrolló como retiro de plantadores y funcionarios británicos y conserva un fuerte carácter inglés en su plaza central, su iglesia parroquial de piedra y sus jardines.

Por todo ello se la conoce como la «ciudad inglesa» de Jamaica. Su trazado ordenado en torno a un green, sus casas señoriales y su atmósfera de tierras altas la distinguen radicalmente de la imagen playera de la isla, y hacen de ella un lugar apreciado por su tranquilidad y su clima.

Café, cítricos y agricultura de altura

El clima templado de Manchester favoreció desde el siglo XVIII una agricultura distinta a la del resto de la isla. Tras la emancipación, muchos libertos se instalaron en la zona para cultivar café y otros productos en pequeñas fincas de ladera, y la parroquia se convirtió en un importante centro cafetalero, con instalaciones como la fábrica de High Mountain Coffee en Williamsfield.

Manchester se hizo también célebre por sus cítricos —naranjas, mandarinas, toronjas— y por cultivos de altura poco habituales en el trópico caribeño, como la papa (Irish potato), el jengibre y hortalizas de clima fresco. Todavía hoy la parroquia produce buena parte de la papa del país, y su campiña de colinas verdes conserva una fuerte vocación agrícola.

Esa combinación de café, cítricos y cultivos de tierras altas dio a Manchester una economía próspera y diversificada, muy distinta del monocultivo azucarero de las llanuras, y contribuyó a forjar su carácter ordenado y acomodado.

La bauxita y el vuelco industrial

El gran cambio en la economía de Manchester llegó en 1942, cuando se descubrió que la parroquia albergaba uno de los mayores yacimientos de bauxita de Jamaica, la mena de la que se extrae el aluminio. El hallazgo transformó a esta región agrícola en uno de los centros de una industria que sería, durante décadas, uno de los pilares de la economía nacional.

La minería y el procesamiento de bauxita y alúmina, de la mano de grandes compañías extranjeras, trajeron empleo, infraestructura y una nueva comunidad ligada a esa actividad, con instalaciones como las de la zona de Alpart, en el límite con Saint Elizabeth. La explotación de la bauxita marcó el paisaje de las tierras altas y ató la suerte de la parroquia a los vaivenes del mercado mundial del aluminio.

Así, Manchester quedó como una parroquia de doble alma: agrícola y templada en su tradición, industrial y minera en el siglo XX, un cruce entre el café de sus colinas y la bauxita de su subsuelo.

Cuna de campeones y de una diáspora próspera

Manchester ha dado a Jamaica grandes figuras del deporte, en un país que domina el atletismo mundial. De la parroquia es Elaine Thompson-Herah, doble campeona olímpica de los 100 y 200 metros y una de las velocistas más rápidas de la historia, formada en la Manchester High School de Mandeville. Su nombre se suma al orgullo deportivo que recorre toda la isla y que en Manchester tiene raíces propias.

La parroquia es también conocida por su estrecho vínculo con la diáspora jamaicana. Muchos de sus habitantes emigraron a Inglaterra, Estados Unidos y Canadá a lo largo del siglo XX, y las remesas y los retornados han dejado una impronta visible en el paisaje, con barrios de casas modernas construidas por quienes hicieron fortuna fuera.

Ese carácter próspero y cosmopolita, unido a su clima templado y su tradición agrícola e industrial, da a Manchester una fisonomía singular dentro de Jamaica: la de una parroquia de tierras altas, apacible y abierta al mundo, muy distinta de la imagen playera de la isla.

Puerta al interior rural y montañoso

Manchester es una parroquia próspera, ordenada y verde, sin salida directa al gran turismo de playa, pero apreciada por su tranquilidad, su clima y su paisaje de colinas y montañas. La cadena de los Carpenters Mountains, con cumbres de hasta unos 845 metros, corona su relieve, y en su territorio se abren cavernas, manantiales y miradores sobre el interior de la isla.

Mandeville funciona como centro comercial, educativo y de servicios de toda la región central, y sirve de puerta de entrada al interior rural y montañoso de Jamaica. Desde aquí se accede a fincas de café, a comunidades campesinas de las tierras altas y a paisajes de montaña poco frecuentados por el turismo convencional.

Su ambiente sereno, sus casas señoriales y sus vistas de montaña la hacen un destino distinto, ideal para quienes quieren conocer la Jamaica del interior —la del café, la papa y el aire fresco de las alturas— lejos de los resorts, entre naturaleza, historia y una atmósfera de aire británico.

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📚 Bibliografía

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