Kingston nació el 22 de julio de 1692, pocas semanas después del terremoto que destruyó Port Royal: los supervivientes se refugiaron en tierra firme, al otro lado de la bahía, en un lugar conocido como Colonel Barry's Hog Crawle, y allí trazaron una nueva ciudad sobre un plano cuadriculado. En mayo de 1693, la Asamblea la constituyó formalmente como parroquia. Su magnífico puerto natural —uno de los más grandes del mundo— y su posición estratégica la hicieron crecer con rapidez como centro comercial del azúcar y de la trata de esclavos.
Hacia 1716 ya era la mayor ciudad y el principal centro mercantil de Jamaica. En 1872, tras un siglo de presión de los comerciantes locales, Kingston reemplazó a Spanish Town como capital de la isla. El terremoto de 1907, que mató a unas 800 personas y arrasó buena parte de los edificios históricos al sur del Parade, obligó a reconstruirla, y desde entonces se consolidó como el gran centro político, económico y cultural del país.
Pocos lugares del mundo pesan tanto en la música popular contemporánea como los barrios humildes del oeste de Kingston. Trench Town —originalmente Trench Pen, urbanizado por la autoridad colonial de vivienda como proyecto de township modelo, con casas, escuelas y hasta un teatro, el Ambassador— se convirtió en el crisol del rocksteady y el reggae en los años 1960 y 1970.
Allí se formó Bob Marley junto a The Wailers, y allí compuso clásicos como «Trenchtown Rock» y «No Woman, No Cry», que inmortalizaron el barrio. Hoy el legado se conserva en el Trench Town Culture Yard, hoy museo y Sitio de Patrimonio Nacional, y en el Bob Marley Museum, instalado en la casa de Hope Road donde el artista vivió sus últimos años. Kingston sigue latiendo al ritmo del reggae y del dancehall, y es el corazón del movimiento rastafari y de la identidad afrojamaicana.
En el extremo de la península de Palisadoes, a la entrada de la bahía de Kingston, está Port Royal. En el siglo XVII fue la guarida de corsarios y bucaneros —el más célebre, Henry Morgan— y una de las ciudades más ricas y libertinas del Caribe, con más de 8.000 habitantes, tabernas y burdeles; tan famosa por su vicio que se la llamó «la ciudad más perversa del mundo».
El 7 de junio de 1692, un catastrófico terremoto de magnitud cercana a 7,5, seguido de un maremoto, hundió gran parte de la ciudad bajo el mar por efecto de la licuefacción del suelo arenoso, matando a unas 2.000 personas en el acto. Hoy Port Royal es un tranquilo pueblo de pescadores y un fascinante sitio histórico y arqueológico —uno de los pocos yacimientos submarinos de una ciudad hundida del mundo—, fácil de visitar desde Kingston, con el fuerte Charles y los restos de aquel esplendor pirata.
Kingston es una ciudad muy distinta de la Jamaica turística de los resorts: es la capital real, cruda y vibrante, sede del gobierno, la universidad (la University of the West Indies, en Mona) y las principales instituciones culturales del país. En ella conviven los barrios acomodados que trepan hacia las colinas de Saint Andrew con los guetos del oeste que dieron al mundo su música.
Entre sus atractivos figuran el National Heroes Park, donde reposan próceres como Marcus Garvey, Norman Manley y Sam Sharpe; la Devon House, mansión del siglo XIX del primer millonario negro de Jamaica; y una intensa vida de conciertos, estudios de grabación y sound systems. Es la puerta de entrada a las Blue Mountains y el mejor lugar para comprender la Jamaica que hay detrás de la postal.