Port Maria es uno de los asentamientos más antiguos de la costa norte de Jamaica y la capital de la parroquia de Saint Mary. Su bahía, protegida y con una pequeña isla frente a la costa (Cabarita Island), fue conocida desde los tiempos coloniales tempranos. El topónimo 'Maria' se remonta probablemente al período hispánico de Jamaica, anterior a la conquista inglesa de 1655, cuando la isla era colonia española y muchos lugares de su costa recibieron nombres en español que sobrevivieron, total o parcialmente, bajo el dominio británico.
Tras la conquista inglesa, Jamaica se convirtió en una de las colonias más valiosas del Imperio británico, organizada en parroquias. Saint Mary, en la costa norte, fue una de ellas, y Port Maria, por su bahía y su posición, se constituyó como su capital y principal puerto. La economía de la parroquia, como la del resto de la isla, giró en torno a las grandes plantaciones de productos tropicales para la exportación.
Durante los siglos coloniales, la región vio surgir haciendas de azúcar, cacao y otros cultivos, administradas por colonos británicos y trabajadas por personas africanas esclavizadas. Port Maria cumplió la función de centro administrativo, comercial y portuario de ese sistema, con su tribunal, sus iglesias, sus almacenes y su muelle. De aquella época proviene buena parte del trazado y de los edificios históricos que todavía se reconocen en el pueblo.
El episodio histórico más importante y conmovedor ligado a Port Maria es la rebelión de Tacky (Tacky's War o Tacky's Revolt), una de las mayores insurrecciones de personas esclavizadas en la historia del Caribe británico. Estalló en 1760 en la parroquia de Saint Mary y fue liderada por Tacky, un africano de origen akan (procedente de la región de la actual Ghana) que, según las crónicas, habría sido un líder o jefe en su tierra antes de ser esclavizado y llevado a Jamaica.
La rebelión comenzó en torno a Port Maria, donde los insurgentes tomaron un fuerte y se hicieron de armas, y se propagó por la parroquia y más allá, sumando a cientos de personas esclavizadas decididas a acabar con el sistema colonial y la esclavitud. El levantamiento sacudió los cimientos de la sociedad colonial jamaicana y provocó una respuesta militar contundente por parte de las autoridades británicas, que contaron con el apoyo de tropas y de los cimarrones (maroons) ligados por tratado a colaborar con la captura de esclavos fugados. Tacky murió en el conflicto y la rebelión fue finalmente reprimida.
A pesar de su derrota, la rebelión de Tacky dejó una huella profunda: aumentó el temor de los colonos, alimentó el debate sobre la esclavitud y se convirtió en un símbolo de la resistencia afrojamaicana. Hoy Tacky es considerado un héroe de la lucha por la libertad, y su memoria se conserva en la zona de Port Maria con un monumento que lo homenajea. Comprender este episodio es clave para entender la historia y la identidad de Saint Mary.
Tras la abolición de la esclavitud en el Imperio británico (1834, con emancipación plena en 1838), la economía de Saint Mary, como la del resto de Jamaica, atravesó una profunda transformación. El sistema de plantaciones azucareras entró en crisis, y la parroquia fue reorientándose hacia otros cultivos. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el banano se convirtió en el gran producto de exportación de la costa norte jamaicana.
Port Maria, con su bahía y su tradición portuaria, participó activamente en ese auge bananero. Por sus muelles se cargaban racimos de banano destinados a los mercados de Estados Unidos y Europa, en una actividad ligada a grandes compañías fruteras. El comercio del banano dio trabajo a la población local y mantuvo la relevancia del puerto durante buena parte del siglo XX. La cultura del trabajo bananero —los estibadores, las largas jornadas, las canciones de trabajo— forma parte del folclore de toda la costa norte.
Con el correr del tiempo, el comercio bananero declinó por enfermedades de las plantas, cambios en el mercado y la competencia de otras regiones. Port Maria perdió aquel dinamismo portuario y se fue convirtiendo en un pueblo más tranquilo, capital administrativa de la parroquia y centro de servicios para la zona, con la pesca y la agricultura como actividades cotidianas. Su patrimonio histórico —iglesias, el viejo tribunal, edificios coloniales— sobrevive como testimonio de aquellas distintas épocas.
A mediados del siglo XX, la costa norte de Jamaica se puso de moda entre celebridades, escritores y artistas británicos y estadounidenses que buscaban en la isla un refugio paradisíaco. En ese contexto, el promontorio de Galina, sobre Port Maria, vivió su edad dorada gracias a una figura excepcional: Sir Noël Coward, el célebre dramaturgo, actor, compositor, cantante y director británico, una de las personalidades más brillantes y prolíficas del entretenimiento del siglo XX.
Coward se enamoró de Jamaica y de las vistas de Galina. Primero tuvo una casa frente al mar (Blue Harbour) y luego, en los años cincuenta, construyó en lo alto del promontorio su retiro más íntimo: Firefly, una casa de líneas sencillas pero con una panorámica espectacular sobre el mar Caribe y la bahía de Port Maria. Se dice que la consideraba uno de los lugares más bellos del mundo. Allí escribió, pintó, descansó y recibió a un desfile de figuras célebres de la época —estrellas de Hollywood, escritores y miembros de la realeza británica—, en lo que fue una suerte de salón caribeño de la alta cultura y el espectáculo.
Noël Coward vivió sus últimos años en Jamaica y murió en Firefly en 1973. Tal era su apego al lugar que pidió ser enterrado allí, y su tumba se encuentra en el jardín de la casa, frente a la vista que tanto amaba. Con los años, Firefly se convirtió en museo, conservando sus objetos personales y su atmósfera, y es hoy uno de los atractivos culturales más singulares de la costa norte jamaicana, así como un testimonio de aquella época en que Galina fue refugio de celebridades.
En la actualidad, Galina y Port Maria conforman una de las zonas más auténticas y menos masificadas de la costa norte de Jamaica. A diferencia de polos turísticos como Montego Bay u Ocho Ríos, aquí no hay grandes cadenas de resorts ni multitudes: predomina un turismo discreto, basado en villas de encanto, guesthouses, el atractivo cultural de Firefly y la belleza natural del promontorio y la costa.
Port Maria sigue siendo la capital administrativa de Saint Mary, un pueblo portuario de ritmo pausado donde la vida transcurre entre la pesca, la agricultura, el comercio y los servicios para la parroquia. Conserva su bahía, sus edificios históricos y la memoria de su pasado colonial y bananero, así como el recuerdo de la rebelión de Tacky, hito de la lucha por la libertad que forma parte esencial de la identidad local.
Galina, por su parte, mantiene su perfil de mirador privilegiado sobre el Caribe, con Firefly como joya y con villas y alojamientos que aprovechan las vistas. La zona, en conjunto, ofrece una experiencia de la Jamaica más genuina: historia profunda, paisajes espectaculares y la hospitalidad de sus gentes, lejos del turismo de masas. Para el viajero curioso, Galina y Port Maria son una invitación a desacelerar y a conocer las distintas capas —indígena, colonial, esclavista, bananera y cultural— que componen la rica historia de la costa norte jamaicana.