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Historia de Lago de Como

El Larius de los romanos y los dos Plinios

Mucho antes de que fuera el refugio de aristócratas y estrellas de cine, el Lago de Como ya era un lugar de retiro y placer para las élites de la Antigüedad. Los romanos lo llamaron Larius Lacus (de ahí el adjetivo 'lariano' que todavía se usa para todo lo del lago), y la ciudad de Como, en su extremo suroeste, fue una colonia romana llamada Novum Comum, refundada según la tradición por Julio César hacia el año 59 a.C. sobre un asentamiento anterior de origen celta, de la cultura de Golasecca.

El lago está indisolublemente ligado a dos de los grandes nombres de la cultura romana, ambos naturales de Como: Plinio el Viejo y su sobrino Plinio el Joven. Plinio el Viejo (siglo I d.C.) fue el enciclopedista autor de la 'Historia Natural', la gran suma del saber de su época, y murió heroicamente en el año 79 tratando de socorrer a las víctimas de la erupción del Vesubio que sepultó Pompeya. Su sobrino, Plinio el Joven, fue un célebre escritor y político que dejó en sus cartas descripciones preciosas de sus villas a orillas del Lario: distinguía entre dos residencias favoritas a las que, en broma, llamaba 'Comedia' y 'Tragedia' según su ubicación —una a la orilla del agua, otra en lo alto—. En una de sus cartas describe también un curioso manantial intermitente del lago, el que aún hoy da nombre a la Villa Pliniana.

Estas villas romanas de recreo, con sus jardines y sus vistas, fueron el lejano precedente de las grandes villas que siglos después harían mundialmente famoso el lago. La idea del Lario como lugar de descanso lujoso y contemplación de la belleza natural nació, en cierto modo, con los romanos.

La Edad Media: Como, Milán y el dominio del lago

Con la caída del Imperio Romano, la región del lago pasó por manos de ostrogodos, bizantinos y lombardos (los longobardos que dieron nombre a Lombardía), y luego se integró en el reino carolingio y en el Sacro Imperio. Durante la Edad Media, la ciudad de Como creció como comuna libre y potencia comercial, célebre por sus maestros constructores, los 'maestri comacini', canteros y albañiles del lago cuya fama se extendió por toda Europa.

El gran conflicto medieval del lago fue la rivalidad entre Como y Milán, las dos grandes ciudades vecinas. En el siglo XII estalló la llamada Guerra de los Diez Años (1118-1127), en la que Milán derrotó y arrasó Como. La enemistad fue tan honda que, cuando poco después el emperador Federico Barbarroja se enfrentó a Milán, Como se puso del lado imperial. Con el tiempo, sin embargo, la órbita milanesa acabó imponiéndose: en los siglos siguientes, todo el territorio del lago quedó incorporado al ducado de Milán, primero bajo los Visconti y luego bajo los Sforza.

El control del lago tenía valor estratégico y militar, porque era una vía de comunicación hacia el norte, hacia los pasos alpinos y Suiza. De aquella época quedan castillos, torres de vigilancia y pueblos fortificados en las alturas. La suerte del Lario quedó así ligada durante siglos a la de Milán, y con ella pasaría también, en la Edad Moderna, a manos de españoles y austriacos.

El siglo de oro de las villas (XVIII y XIX)

La imagen que hoy tenemos del Lago de Como —villas señoriales, jardines con cipreses y palmeras, escalinatas que bajan al agua— nació en su mayor parte entre los siglos XVIII y XIX. En esa época de relativa paz y prosperidad, las familias aristocráticas y la nueva burguesía adinerada de Milán, y luego de media Europa, descubrieron el lago como el lugar ideal para construir sus residencias de verano: un clima suave, un paisaje sublime y la cercanía de la capital lombarda.

Así surgieron las grandes villas que hoy son el mayor atractivo del lago. La Villa del Balbianello, sobre una península junto a Lenno, fue construida a fines del siglo XVIII sobre un antiguo convento franciscano, con su célebre logia asomada al agua y sus jardines en terrazas. La Villa Carlotta, en Tremezzo, del siglo XVII pero embellecida en el XIX, recibió su nombre de la princesa Carlota de Prusia y desarrolló uno de los jardines botánicos más espectaculares de Italia, famoso por sus azaleas y rododendros. En Bellagio, la Villa Melzi d'Eril levantó a comienzos del siglo XIX un parque neoclásico a orillas del lago, y la Villa Serbelloni coronó el promontorio. En Cernobbio, la Villa d'Este —hoy uno de los hoteles de lujo más legendarios del mundo— tiene orígenes en el siglo XVI.

Estas villas no eran solo casas: eran escenarios de una forma de vida refinada, con conciertos, jardines botánicos, colecciones de arte y fiestas. Muchas fueron diseñadas por los mejores arquitectos y paisajistas de la época, y competían entre sí por tener las mejores vistas, los jardines más exóticos y los invitados más ilustres. Ese legado de elegancia es el que sigue definiendo la identidad del Lago de Como.

Los viajeros románticos y la fama europea

En el siglo XIX, el Lago de Como se convirtió en una parada obligada del 'Grand Tour' y en un imán para los escritores, músicos, pintores y nobles del Romanticismo, que lo consagraron como uno de los paisajes más bellos y evocadores de Europa. Su combinación de agua, montaña, luz y villas melancólicas encajaba a la perfección con la sensibilidad romántica, que buscaba lo sublime en la naturaleza.

El escritor francés Stendhal, enamorado de Italia, describió el lago con arrebato y ambientó cerca de sus orillas páginas de 'La Cartuja de Parma'; paseó por los jardines de la Villa Melzi en Bellagio, que también inspiraron al compositor húngaro Franz Liszt, huésped del lago, algunas de cuyas obras evocan estas orillas. El poeta inglés Percy Bysshe Shelley quedó fascinado por el Lario, y una larga estirpe de viajeros —Byron, Wordsworth, Flaubert, Mark Twain, que lo comparó maravillado con el lago Tahoe— dejó testimonios de su belleza. Los pintores del paisaje llenaron sus cuadernos con vistas del lago, sus pueblos y sus villas.

Este prestigio literario y artístico multiplicó la fama internacional del lago y atrajo a un turismo aristocrático y culto que se prolongaría durante generaciones. La llegada del ferrocarril y de los barcos de vapor, a mediados del siglo XIX, hizo el lago más accesible y consolidó su papel como destino de élite. En pleno siglo XXI, esa tradición de glamour continúa: la instalación de estrellas de Hollywood como George Clooney en la orilla del lago volvió a poner el Lario en las portadas del mundo, heredero directo de aquellos viajeros románticos que lo pusieron de moda dos siglos atrás.

El siglo XX y el trágico final de Mussolini en el lago

El Lago de Como vivió a lo largo del siglo XX el desarrollo turístico e industrial de toda Lombardía, con Como como centro de la industria de la seda y los pueblos de la orilla consolidándose como destino de veraneo. Pero su episodio histórico más dramático llegó en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, en abril de 1945.

Con el frente derrumbándose y la insurrección partisana extendiéndose por el norte de Italia, Benito Mussolini —el dictador fascista que había gobernado Italia durante veinte años y que, tras su caída en 1943, había sido puesto por los alemanes al frente de la República Social Italiana— intentó huir hacia Suiza siguiendo la orilla oeste del Lago de Como, en una columna que se dirigía hacia el norte. El 27 de abril de 1945, cerca de Dongo, en el alto lago, la columna fue interceptada por partisanos de la Resistencia; entre los ocupantes de un camión alemán, disfrazado con un capote, fue reconocido y capturado Mussolini, que viajaba junto a su amante, Clara Petacci.

Al día siguiente, el 28 de abril de 1945, Mussolini y Petacci fueron trasladados unos kilómetros al sur y fusilados en las cercanías de Giulino di Mezzegra, a orillas del lago. Los cuerpos fueron llevados después a Milán y expuestos en la Piazzale Loreto, en un episodio brutal que marcó el final visible del régimen fascista, apenas dos días antes de que Hitler se suicidara en Berlín. La historia se recuerda hoy en la zona de forma sobria, con un museo dedicado al final de la guerra en Dongo, sin celebraciones y como testimonio de un capítulo trágico. Superada aquella etapa, el Lago de Como retomó su vocación de siempre: la de un paisaje de belleza serena que, del retiro de los Plinios a las villas de hoy, ha sabido mantenerse como uno de los rincones más admirados de Italia.

📚 Bibliografía

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