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Historia de Cerdeña

Los nuraghi: una civilización sin escritura

La historia profunda de Cerdeña arranca con uno de los grandes enigmas de la Europa antigua: la civilización nurágica. Entre aproximadamente el 1800 y el 500 a.C., durante la Edad del Bronce y del Hierro, los habitantes de la isla levantaron más de siete mil 'nuraghi', torres troncocónicas construidas con enormes bloques de piedra encajados sin argamasa, mediante la técnica del muro ciclópeo. No hay otra construcción megalítica igual en tal cantidad en el Mediterráneo. Lo asombroso es que esta cultura no dejó textos escritos: no sabemos con certeza cómo se llamaban a sí mismos, qué lengua hablaban ni cómo entendían el mundo. Todo lo que sabemos proviene de la arqueología.

Los nuraghi cumplían, según los indicios, funciones de vivienda, defensa, almacenamiento, control del territorio y quizás religiosas y de prestigio de las élites. El ejemplo más monumental y mejor conservado es Su Nuraxi de Barumini, con una gran torre central rodeada de un bastión y de un extenso poblado de cabañas: es el único bien nurágico inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Junto a los nuraghi, esta civilización dejó 'tombe dei giganti' (tumbas colectivas monumentales), 'pozzi sacri' (pozos sagrados dedicados al culto del agua) y miles de estatuillas de bronce (los 'bronzetti') que representan guerreros, jefes, animales y escenas de la vida cotidiana.

Un descubrimiento excepcional fueron los Gigantes de Mont'e Prama: un conjunto de grandes estatuas de piedra caliza de casi dos metros —guerreros, arqueros, boxeadores— talladas hace unos 2.800 años y halladas en la costa oeste, hoy expuestas en museos de Cagliari y Cabras. Son la escultura monumental más antigua del Mediterráneo occidental, anterior a la estatuaria griega arcaica, y muestran que la sociedad nurágica era más compleja y sofisticada de lo que se pensaba. Estudiar esta cultura es asomarse a un capítulo todavía abierto de la prehistoria europea.

https://es.wikipedia.org/wiki/Civilizaci%C3%B3n_nur%C3%A1gichttps://whc.unesco.org/en/list/833/https://es.wikipedia.org/wiki/Gigantes_de_Mont%27e_Prama

Fenicios, cartagineses y la Roma que nunca conquistó el interior

A partir del siglo IX-VIII a.C., los fenicios, grandes navegantes y comerciantes del Mediterráneo oriental, empezaron a establecer factorías y ciudades en las costas de Cerdeña: Nora, Sulci, Tharros, Bithia, Karalis (la actual Cagliari). Buscaban puertos seguros y acceso a los metales de la isla, rica en plomo, plata y hierro. La convivencia con los nurágicos fue al principio comercial, pero con el tiempo el poder fenicio se afianzó en el litoral.

En el siglo VI a.C., Cartago —la gran potencia púnica del norte de África, heredera de los fenicios— tomó el control de la isla, que se convirtió en una pieza clave de su imperio comercial y agrícola. Los cartagineses explotaron intensamente los recursos sardos y libraron aquí parte de su pugna con griegos y, más tarde, con Roma. Tras la Primera Guerra Púnica, aprovechando la debilidad de Cartago, Roma se apoderó de Cerdeña y Córcega en el 238 a.C. y las convirtió en provincia.

Bajo Roma, la isla fue valorada por su trigo y sus minas, pero los romanos nunca lograron someter del todo el interior montañoso, poblado por pueblos indígenas que resistieron ferozmente y a los que los propios romanos llamaron 'Barbaria' —de ahí el nombre actual de la región de la Barbagia—. Cerdeña quedó así dividida entre una costa romanizada, con ciudades, calzadas y anfiteatros (como el de Cagliari), y unas tierras altas rebeldes y semiindependientes. Esa dualidad entre la costa abierta al mar y un interior cerrado y montañés marcaría para siempre la historia y el carácter de la isla. Tras la caída de Roma llegaron los vándalos y luego los bizantinos, que gobernaron durante siglos y cristianizaron la isla.

https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Cerde%C3%B1ahttps://es.wikipedia.org/wiki/Cerde%C3%B1ahttps://es.wikipedia.org/wiki/Barbagia

Los judicados y Eleonora de Arborea: la Carta de Logu

Al debilitarse el control bizantino, entre los siglos IX y XI, Cerdeña desarrolló una organización política singular y prácticamente única en la Europa medieval: los 'giudicati' o judicados. La isla se dividió en cuatro reinos autónomos e independientes —Cagliari (Càlari), Arborea, Torres (o Logudoro) y Gallura—, gobernados cada uno por un 'giudice' (juez-rey) con amplios poderes. Fue una etapa de autogobierno sardo, con instituciones, leyes y una lengua propias, aunque también de creciente injerencia de las repúblicas marítimas de Pisa y Génova, que rivalizaban por controlar el comercio y el poder en la isla.

El más resistente y célebre de estos reinos fue el Judicado de Arborea, en el centro-oeste, con capital en Oristano. Su figura más recordada es Eleonora de Arborea (hacia 1347-1404), 'juezesa' que gobernó a fines del siglo XIV y encabezó la larga resistencia sarda frente a la expansión de la Corona de Aragón. Eleonora es una heroína nacional de Cerdeña, símbolo de la defensa de la independencia de la isla.

Su obra más perdurable fue la 'Carta de Logu', un código de leyes promulgado o revisado hacia 1392, escrito en lengua sarda, que reunía el derecho civil y penal del judicado. Fue un texto notablemente avanzado para su época —regulaba la propiedad, el matrimonio, los delitos, e incluso la protección de los cultivos y la naturaleza— y estuvo en vigor en toda Cerdeña durante siglos, mucho después de la desaparición del judicado, hasta comienzos del siglo XIX. La Carta de Logu es uno de los grandes monumentos jurídicos de la Europa medieval y una fuente de orgullo de la identidad sarda.

https://es.wikipedia.org/wiki/Judicados_de_Cerde%C3%B1ahttps://es.wikipedia.org/wiki/Leonor_de_Arboreahttps://es.wikipedia.org/wiki/Carta_de_Logu

Aragón, España y la Alghero catalana

En 1297, el papa Bonifacio VIII, en el marco de sus conflictos con Aragón, creó sobre el papel el 'Regnum Sardiniae et Corsicae' y se lo entregó al rey Jaime II de Aragón. La conquista real, sin embargo, no fue ni rápida ni fácil: los aragoneses desembarcaron en 1323 y tardaron más de un siglo en dominar la isla, chocando una y otra vez con la resistencia del Judicado de Arborea de Eleonora y sus sucesores. Recién en 1420, tras la batalla de Sanluri y la compra de los últimos derechos, la Corona de Aragón completó el control de Cerdeña.

Uno de los episodios más significativos de esa conquista fue la toma de Alghero. En 1353, tras vencer la resistencia local, los aragoneses expulsaron a la población sarda y ligur de la ciudad y la repoblaron con colonos catalanes. Ese trasplante explica un fenómeno que perdura hasta hoy: en Alghero todavía se habla catalán, en su variante local, el 'alguerès', reconocida oficialmente. La ciudad conserva la fisonomía, la lengua y muchas tradiciones de aquella colonización, lo que la hace única en toda Italia.

Con la unión de las coronas de Castilla y Aragón, Cerdeña pasó a formar parte de la monarquía hispánica de los Habsburgo y fue gobernada, durante casi dos siglos, por virreyes en nombre del rey de España. Fue una época de dominación exterior, de peso de la nobleza terrateniente y de una economía volcada en la exportación de cereales, sal y minerales, pero también de decadencia, epidemias y ataques de piratas berberiscos que asolaron las costas y obligaron a levantar decenas de torres de vigilancia, muchas todavía en pie. La huella española —en la lengua, la religiosidad, la arquitectura y la gastronomía— sigue siendo profunda en la isla.

https://es.wikipedia.org/wiki/Reino_de_Cerde%C3%B1ahttps://es.wikipedia.org/wiki/Alguer%C3%A9shttps://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Cerde%C3%B1a

El Reino de Cerdeña y la Casa de Saboya

El siglo XVIII trajo un vuelco. Tras la Guerra de Sucesión española, Cerdeña cambió varias veces de manos hasta que, en 1720, quedó en poder de la Casa de Saboya, la dinastía que reinaba en el Piamonte. El duque Víctor Amadeo II adoptó el título de rey de Cerdeña, y desde entonces el conjunto de los territorios saboyanos —Piamonte, Saboya, Niza, Liguria y la propia isla— pasó a conocerse como el Reino de Cerdeña, con capital, curiosamente, en Turín, en el continente, y no en la isla que le daba nombre.

Bajo los Saboya, Cerdeña siguió siendo la parte más pobre y periférica del reino, y a comienzos del siglo XIX vivió un episodio traumático: la 'chiudende', el cierre y la privatización de las tierras comunales, que había sostenido durante siglos la vida de los pastores sardos, provocando conflictos y empobrecimiento. Pese a ello, el Reino de Cerdeña fue adquiriendo un papel histórico decisivo, porque desde el Piamonte, y con figuras como el conde de Cavour y el rey Víctor Manuel II, se convirtió en el motor de la unificación de Italia (el 'Risorgimento').

En 1861, tras las guerras de independencia y la expedición de Garibaldi, Víctor Manuel II, hasta entonces rey de Cerdeña, fue proclamado rey de Italia: el viejo reino sardo-piamontés se transformó en el nuevo Reino de Italia, y Cerdeña quedó integrada en el Estado italiano unificado. La isla, que había dado su nombre a la dinastía y al reino que unió Italia, pasó a ser una región más de un país mucho mayor, con capital lejana, primero en Turín y Florencia y luego en Roma.

https://es.wikipedia.org/wiki/Reino_de_Cerde%C3%B1ahttps://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Saboyahttps://es.wikipedia.org/wiki/Risorgimento

Minas, lengua sarda y la Cerdeña de hoy

La Cerdeña de los siglos XIX y XX estuvo marcada por la minería y por la dureza de la vida. El suroeste de la isla, la región del Sulcis-Iglesiente, vivió un auge minero del plomo, el zinc, la plata y el carbón que atrajo a miles de trabajadores y dejó pueblos, pozos e instalaciones que hoy forman un impresionante parque geominero reconocido por la Unesco, testimonio de una época de trabajo extremo y de luchas obreras. Al mismo tiempo, la malaria asolaba las zonas costeras y pantanosas, frenando el desarrollo, hasta que una gran campaña de erradicación a mediados del siglo XX la eliminó. La pobreza empujó, como en Sicilia, a una fuerte emigración.

Durante el siglo XX, Cerdeña participó de los grandes acontecimientos de Italia: la Primera Guerra Mundial, en la que se distinguió la heroica Brigada Sassari; el fascismo, que fundó ciudades nuevas como Carbonia para la minería y desecó terrenos; y la Segunda Guerra Mundial, con bombardeos sobre Cagliari. En 1948, ya en la Italia republicana, Cerdeña obtuvo un Estatuto de autonomía especial, que le reconoce competencias propias en atención a su insularidad y su identidad.

Esa identidad tiene un pilar central: la lengua sarda (su 'sardu'), considerada por los lingüistas la lengua románica más conservadora, la que más se parece al latín del que deriva. Junto al sardo conviven otras variedades minoritarias, como el catalán de Alghero, el ligur de Carloforte o el corso-toscano del norte. La defensa del sardo y de la cultura propia es hoy una cuestión viva. En las últimas décadas, el turismo —atraído por unas playas espectaculares como las de la Costa Esmeralda, el golfo de Orosei o La Pelosa— se ha vuelto un motor económico, con el desafío de proteger un patrimonio natural frágil: de ahí los cupos y reservas que hoy regulan el acceso a las calas más famosas. Cerdeña afronta el futuro reivindicando, con orgullo, ser antes que nada 'sarda'.

https://es.wikipedia.org/wiki/Cerde%C3%B1ahttps://es.wikipedia.org/wiki/Idioma_sardohttps://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Cerde%C3%B1a

📚 Bibliografía

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