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Historia de Skaftafell

Litla Hérað: la comarca antes de la catástrofe

Antes de que existiera el nombre 'Öræfi' (que en islandés significa literalmente 'tierra baldía' o 'páramo'), toda esta región del sudeste llevaba otro nombre bien distinto: Litla Hérað, 'el pequeño distrito'. Era, según describen las fuentes históricas y las sagas, una comarca relativamente próspera para los estándares de la Islandia medieval: se calcula que hacia mediados del siglo XIV llegó a tener unas 40 granjas en producción, muchas de ellas asentadas en las tierras fértiles que hoy ocupa el Parque Nacional Vatnajökull, incluida la zona que hoy conocemos como Skaftafell.

Skaftafell en sí era una hacienda importante dentro de ese distrito: en la Edad Media funcionó como finca señorial y como sede de una asamblea local (þing), lo que indica que tenía peso administrativo y social en la zona. En sus primeros siglos, la propiedad perteneció a la Iglesia y más tarde pasó a manos de la Corona danesa, reflejo de cómo la tenencia de la tierra en Islandia estuvo, durante buena parte de su historia, ligada al poder eclesiástico y luego al dominio colonial de Dinamarca.

La vida en esta comarca giraba en torno a la ganadería, la pesca estacional y el aprovechamiento de unas tierras bajas relativamente resguardadas por las montañas, a los pies del imponente volcán Öræfajökull (entonces llamado Knappafellsjökull), el pico más alto de Islandia. Nadie podía imaginar, a mediados del siglo XIV, que ese mismo volcán que daba nombre y sustento a la región estaba a punto de borrarla del mapa tal como la conocían.

La erupción de 1362: el nacimiento de Öræfi

En 1362, el volcán Öræfajökull —el más alto de Islandia, con 2.110 metros, y hoy escondido bajo el casquete del Vatnajökull— protagonizó una de las erupciones más violentas de la historia registrada del país. Fue una erupción pliniana, explosiva y brutal, comparable en magnitud a la del Pinatubo en 1991 o al estallido del Krakatoa: expulsó del orden de 10 kilómetros cúbicos de tefra (ceniza y piroclastos), oscureciendo el cielo y sepultando la comarca bajo una lluvia de material volcánico incandescente.

El impacto sobre Litla Hérað fue devastador y prácticamente instantáneo. Se estima que la erupción destruyó entre 20 y 40 granjas de la zona, con la muerte de la totalidad de sus habitantes y del ganado en las explotaciones más cercanas al volcán. Los flujos piroclásticos y las coladas de lodo volcánico (lahares) arrasaron los campos de cultivo y los pastizales que durante generaciones habían sostenido a la comunidad. Para comienzos del siglo XV, de las cerca de 40 granjas que existían antes de la catástrofe, apenas ocho seguían habitadas.

Fue este cataclismo el que dio origen al nuevo nombre de la región: donde antes se decía Litla Hérað, los sobrevivientes y las generaciones siguientes empezaron a llamarla Öræfi, 'la tierra baldía', un nombre que sigue usándose hasta hoy y que es un recordatorio permanente de la magnitud de la tragedia. El volcán mismo terminó rebautizado como Öræfajökull ('el glaciar de la tierra baldía'), en lugar de su nombre anterior. Curiosamente, y de manera importante para la historia posterior de Skaftafell, el área específica donde se encuentra hoy el centro de visitantes del parque quedó fuera de las principales rutas de flujo de esta erupción de 1362 (y también de la erupción posterior de 1727), lo que permitió que la vida agrícola continuara allí en los siglos siguientes, aunque bajo la sombra constante del volcán y sus glaciares.

Jökulhlaups, el Lakagígar y el aislamiento de la comarca

Sobrevivir en Öræfi tras 1362 no significó vivir en paz con la naturaleza. La comarca siguió expuesta, siglo tras siglo, a uno de los fenómenos más temidos de Islandia: los jökulhlaups, inundaciones glaciares súbitas y colosales que se desatan cuando una erupción volcánica ocurre bajo el hielo del Vatnajökull —por ejemplo, en el volcán subglacial Grímsvötn— y derrite de golpe enormes volúmenes de agua congelada. Esas crecidas, capaces de arrastrar bloques de hielo del tamaño de edificios, arrasaban periódicamente los campos, destruían caminos y modificaban por completo el curso de los ríos que bajaban hacia el mar, dando forma a la actual llanura de arena negra del Skeiðarársandur.

A esa amenaza recurrente se sumó, en 1783-1784, la erupción del Lakagígar (los 'cráteres del Laki'), el episodio volcánico más mortífero de toda la historia de Islandia y uno de los más letales del mundo en tiempos históricos. Aunque el foco eruptivo estaba más al oeste, sus consecuencias fueron nacionales: las coladas de lava más extensas jamás registradas en tiempos históricos y, sobre todo, una nube tóxica de gases sulfurosos (la llamada 'niebla del Laki') que envenenó pastizales y ganado en buena parte del país. La hambruna resultante, conocida como el Móðuharðindin ('las duras penurias de la niebla'), mató a cerca de una quinta parte de la población de Islandia y hasta un 80% del ganado, golpeando con particular dureza a las comunidades ya vulnerables del sudeste.

Estos fenómenos repetidos —erupciones, jökulhlaups, hambrunas— fueron aislando cada vez más a Öræfi y a Skaftafell del resto de Islandia. Los ríos glaciares que cruzaban el Skeiðarársandur eran, durante buena parte del año, imposibles o extremadamente peligrosos de vadear, y no existía ningún puente que los salvara. Durante siglos, esta comarca del sudeste vivió prácticamente incomunicada por tierra, dependiendo de rutas estacionales y del conocimiento local del terreno para cualquier desplazamiento hacia el resto del país.

El puente de 1974 y la creación del Parque Nacional

El gran cambio para Skaftafell y toda la comarca de Öræfi llegó recién en el siglo XX, y en dos etapas que se entrelazan. La primera fue el reconocimiento del valor natural excepcional de la zona: ya en 1960 se propuso formalmente declarar Skaftafell parque nacional, atendiendo a su singular microclima —protegido de los vientos más duros por las propias montañas— que permitía la existencia de bosques de abedules, praderas floridas y una vegetación exuberante justo al pie de los glaciares, un contraste que no se repite en casi ningún otro punto del país. El 15 de septiembre de 1967, Skaftafell fue oficialmente declarado Parque Nacional, el segundo de Islandia después de Þingvellir, y el granjero local Ragnar Stefánsson, de la finca Hæðir, se convirtió en el primer guardaparques.

La segunda etapa, no menos decisiva, fue la conexión física con el resto del país. Hasta comienzos de los años 70, cruzar el traicionero Skeiðarársandur seguía siendo una empresa arriesgada, sin puentes sobre los múltiples brazos del río glaciar Skeiðará. Recién en 1974 se completó la construcción del puente sobre el Skeiðará, la última pieza que faltaba para cerrar el anillo completo de la Ring Road (Ruta 1), la carretera que rodea toda Islandia. Con ese puente, Skaftafell y toda la región de Öræfi quedaron por primera vez conectadas por carretera de manera permanente con Reikiavik y el resto del país, poniendo fin a siglos de aislamiento relativo.

Ese mismo puente, sin embargo, sería protagonista de otro episodio dramático más de la turbulenta relación entre esta tierra y sus volcanes: en 1996, una erupción subglacial del volcán Grímsvötn desató un jökulhlaup de proporciones colosales que arrasó buena parte de la infraestructura sobre el Skeiðarársandur, incluidas las estructuras metálicas del puente original, retorcidas por la fuerza del agua y el hielo. Hoy, los restos de esas vigas se conservan como monumento junto a la Ruta 1, un recordatorio físico y contundente del poder de la naturaleza en esta región.

La integración al Parque Nacional Vatnajökull y el reconocimiento de la Unesco

El Parque Nacional de Skaftafell, tal como se creó en 1967, funcionó de manera independiente durante cuatro décadas, consolidándose como uno de los destinos naturales más visitados de Islandia gracias a su combinación única de senderismo accesible, cascadas, bosques y vistas directas sobre las lenguas del Vatnajökull. Pero el 7 de junio de 2008 se produjo un cambio institucional de gran magnitud: Skaftafell fue absorbido, junto con el antiguo Parque Nacional de Jökulsárgljúfur (en el norte del país, hogar de la cascada Dettifoss), dentro de la creación del nuevo y mucho más extenso Parque Nacional Vatnajökull (Vatnajökulsþjóðgarður).

Este nuevo parque, que llegó a convertirse en el más grande de Europa por superficie, protege no solo el propio glaciar Vatnajökull —el de mayor volumen del continente— sino también las vastas zonas periféricas donde el hielo se encuentra con paisajes volcánicos, cañones, cascadas y llanuras de arena negra. Skaftafell pasó a ser, dentro de esta nueva estructura, una de las principales 'áreas' o distritos de gestión del parque, conservando su identidad y su Centro de Visitantes como puerta de entrada preferida por buena parte de los turistas que recorren la Ring Road.

El reconocimiento internacional llegó en 2019, cuando la Unesco inscribió al Parque Nacional Vatnajökull en su Lista de Patrimonio Mundial, destacando de manera explícita la interacción excepcional entre el vulcanismo activo y la dinámica glaciar que caracteriza a esta región: los mismos procesos —erupciones bajo el hielo, jökulhlaups, el retroceso y avance de las lenguas glaciares— que durante siglos representaron una amenaza mortal para los habitantes de Öræfi son hoy valorados como un laboratorio natural único en el planeta para entender la interacción entre el fuego y el hielo. Hoy, caminar hasta Svartifoss o asomarse al frente del Skaftafellsjökull es también, en cierto modo, caminar sobre setecientos años de una historia marcada por la catástrofe, la resiliencia y, finalmente, la protección de un paisaje irrepetible.

📚 Bibliografía

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