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Historia de Húsavík (ballenas)

Garðar Svavarsson y la 'bahía de las casas'

Mucho antes de que Húsavík fuera famosa por las ballenas, fue —según la tradición— el primer lugar de Islandia donde un nórdico pasó un invierno entero. La historia está escrita en el Landnámabók, el 'Libro de los Asentamientos', la crónica medieval que registra la colonización de la isla. Allí se cuenta que hacia el año 870, un navegante sueco llamado Garðar Svavarsson llegó a estas costas, dio la vuelta completa a Islandia —comprobando así que era una isla— y decidió invernar en una bahía protegida del norte. Levantó allí unas casas para pasar el frío, y de esas construcciones nació el nombre del lugar: Húsavík, literalmente 'la bahía de las casas'.

El dato tiene un peso simbólico enorme. Garðar Svavarsson es considerado por muchos como uno de los primeros europeos en establecerse, aunque fuera de forma temporal, en suelo islandés, incluso antes que Ingólfur Arnarson, el colono noruego que hacia 874 se instaló de manera permanente en Reikiavik y a quien la tradición reconoce como el 'primer poblador' oficial de Islandia. La diferencia es sutil pero real: Ingólfur se quedó y fundó una estirpe; Garðar solo invernó y siguió viaje. Por eso Húsavík reivindica, con orgullo local y no poca ironía, ser 'el primer asentamiento de Islandia', aunque el título de primera colonia permanente le corresponda a la capital.

Más allá de la disputa de honores, lo cierto es que la bahía de Skjálfandi ofrecía lo que un colono nórdico necesitaba: refugio, pesca abundante y agua dulce. Durante los siglos siguientes, en la Islandia medieval de las sagas y la Mancomunidad, la zona quedó como un puñado de granjas dispersas dedicadas a la agricultura de subsistencia y la pesca costera. No había todavía un pueblo, sino un paisaje de fiordos y praderas donde unas pocas familias sobrevivían al filo del Círculo Polar Ártico.

https://en.wikipedia.org/wiki/H%C3%BAsav%C3%ADkhttps://www.northiceland.is/en/destinations/towns/husavik

Del bacalao al arenque: siglos de mar

Durante buena parte de su historia, Húsavík fue lo que eran casi todos los pueblos costeros de Islandia: un lugar que vivía del mar, y en particular del bacalao. La pesca era artesanal, hecha desde botes de remo abiertos que salían a la bahía en condiciones durísimas, y el comercio estuvo largamente controlado por el monopolio danés, que durante los siglos XVII y XVIII asfixió la economía islandesa obligando a comerciar solo con mercaderes de la corona. Húsavík funcionó como uno de esos pequeños puertos comerciales donde se intercambiaba pescado seco por harina, madera y bienes importados.

El gran salto llegó en el siglo XIX y, sobre todo, a comienzos del XX. La abolición del monopolio comercial danés (1787) y luego la libertad de comercio (1855) permitieron que el pueblo creciera como centro de servicios y comercio para toda la región agrícola de Þingeyjarsýsla. Pero lo que de verdad cambió la escala fue la llegada de la tecnología: en la primera década del siglo XX aparecieron los primeros botes a motor, que multiplicaron lo que un puñado de pescadores podía capturar. Un par de décadas después se construyó un puerto permanente, y con él la pesca dio el salto de la subsistencia a la actividad industrial.

A esa transformación se sumó, como en toda la costa norte y este de Islandia, la fiebre del arenque. Entre fines del siglo XIX y mediados del XX, enormes cardúmenes de arenque —'la plata del mar', como lo llamaban— atrajeron flotas, plantas de salazón y de aceite, y una prosperidad febril a los puertos del norte. Aunque el epicentro de la 'aventura del arenque' islandesa estuvo más al norte (en Siglufjörður), Húsavík participó de ese auge pesquero que financió buena parte de la modernización del país. El arenque, sin embargo, era caprichoso: el colapso de los cardúneos hacia fines de los años 60 golpeó a toda Islandia y obligó a los pueblos pesqueros a reinventarse. Húsavík siguió viviendo del bacalao y del procesamiento de pescado, como un tranquilo pueblo de trabajo, sin sospechar que su futuro llegaría, literalmente, saltando fuera del agua.

https://en.wikipedia.org/wiki/H%C3%BAsav%C3%ADkhttps://www.nationalgeographic.com/travel/article/inside-gui

1995: nace el avistaje de ballenas

El momento que definió a la Húsavík moderna no fue una batalla ni una catástrofe, sino una idea sencilla y algo arriesgada: en lugar de cazar ballenas o pescar, ¿por qué no llevar turistas a verlas vivas? En 1995, una familia local puso en marcha desde el puerto de Húsavík la primera excursión comercial de avistaje de ballenas de Islandia. La empresa pionera fue North Sailing, que reconvirtió viejos barcos de pesca de madera de roble para sacar visitantes a la bahía de Skjálfandi. La apuesta funcionó más allá de todo pronóstico.

La bahía resultó ser un escenario ideal. Alimentada por el agua fría y rica en nutrientes que baja de las montañas y los glaciares, Skjálfandi es una despensa donde se concentran plancton y peces, y con ellos las ballenas que vienen a alimentarse en verano: jorobadas, minke, delfines de hocico blanco, marsopas y, en los mejores días, la colosal ballena azul. El índice de avistaje trepó a cifras extraordinarias —alrededor del 97% a lo largo de las décadas siguientes—, algo que pocos lugares del mundo pueden ofrecer. La voz corrió, llegaron más compañías, y el puerto pesquero se llenó de veleros con turistas abrigados y cámaras.

En 1997, apenas dos años después de la primera salida, abrió el Museo de la Ballena (Hvalasafn), instalado en un antiguo matadero reformado, con esqueletos reales de cetáceos colgados del techo y exhibiciones sobre su biología y conservación. Húsavík empezó a llamarse a sí misma la 'capital ballenera de Europa', y el turismo de ballenas transformó por completo su economía: de pueblo pesquero en declive pasó a destino internacional. Hoy, buena parte de los empleos, hoteles, restaurantes y comercios del pueblo dependen directa o indirectamente de las ballenas —vivas—. En 2018 se sumó otra joya, los baños geotermales GeoSea, que usan agua de mar caliente en piletas infinitas colgadas sobre el fiordo, consolidando a Húsavík como un destino de naturaleza y bienestar, no solo de pesca.

https://www.northsailing.is/https://hvalasafn.is/en/home/https://adventures.is/iceland/attractions/husavik/

La sombra de la caza: la moratoria y la Islandia que aún caza

La historia de Húsavík no se entiende sin su contracara incómoda: mientras el pueblo vive de mostrar ballenas vivas, Islandia es uno de los últimos países del mundo que todavía autoriza su caza comercial. Conviene contarlo con datos y sin militancia, porque es una tensión real del país.

En 1982, la Comisión Ballenera Internacional (CBI/IWC) aprobó una moratoria mundial sobre la caza comercial de ballenas, que entró en vigor en la temporada 1985-1986 ante el colapso de muchas poblaciones por siglos de caza industrial. Islandia acató inicialmente, pasó a una polémica 'caza científica' y en 1992 llegó a retirarse de la CBI. En 2002 volvió a ingresar, pero lo hizo con una reserva expresa a la moratoria, un recurso legal que le permite —según su interpretación— seguir cazando pese al veto internacional. Desde 2006, Islandia reanudó la caza comercial, centrada sobre todo en la ballena de aleta (o rorcual común, la segunda más grande del planeta, clasificada como 'vulnerable' por la UICN) para exportar su carne principalmente a Japón, y en menor medida en la ballena minke para el mercado interno.

El principal actor es la empresa Hvalur hf., dirigida por el empresario Kristján Loftsson. En diciembre de 2024, el gobierno islandés le otorgó una licencia de cinco años para cazar hasta 209 ballenas de aleta por año entre 2025 y 2029, una decisión muy criticada por organizaciones de conservación. Sin embargo, la actividad se volvió económicamente frágil: la temporada de 2023 dejó 24 ballenas cazadas en medio de un escándalo por un informe oficial que documentó agonías prolongadas, y en 2024 y 2025 la caza directamente se canceló, según la propia empresa por el desplome del precio de la carne en Japón. Hacia 2026, Hvalur anunció su intención de retomar la caza, mientras el gobierno se comprometía a impulsar una ley para prohibir la caza comercial. La caza de ballena minke con fines turísticos-gastronómicos, por su parte, prácticamente cesó en 2020.

Húsavík está del otro lado de esta historia. El turismo de ballenas mueve muchísimo más dinero y empleo que la caza, y buena parte de la sociedad islandesa —y casi todo el sector turístico— ve en la caza un anacronismo que daña la imagen del país. El pueblo se volvió, sin proponérselo, un símbolo de esa otra Islandia: la que apuesta por mirar a las ballenas por el visor de una cámara, no por el de un arpón.

https://arcticportal.org/ap-library/news/3744-iceland-issueshttps://news.mongabay.com/short-article/2025/04/icelandic-whhttps://awionline.org/programs/marine-wildlife/whaling/comme

Fire Saga y la Húsavík de hoy

En octubre de 2019, un equipo de Hollywood desembarcó en Húsavík para rodar buena parte de una comedia de Netflix protagonizada por Will Ferrell y Rachel McAdams: 'Eurovision Song Contest: The Story of Fire Saga', estrenada en 2020. La película cuenta la historia de Lars y Sigrit, dos músicos de un pueblito islandés que sueñan con ganar el Festival de Eurovisión, y convirtió a Húsavík —el pueblo natal ficticio de los protagonistas— en escenario y casi en personaje. Se ven el puerto, las casitas de colores y la iglesia de madera de 1907, donde el personaje de Ferrell toca la campana.

El éxito fue mundial y tuvo un giro inesperado: la canción 'Húsavík (My Hometown)', una balada emotiva sobre volver al hogar, llegó a estar nominada al premio Óscar a la mejor canción original en 2021. El pueblo entero se sumó a la campaña con carteles de 'Húsavík for Oscars', y aunque la estatuilla se le escapó, la exposición fue un regalo publicitario impagable. Hoy sobreviven guiños por todas partes: un bar temático 'Ja Ja Ding Dong' —por la pegadiza canción que el público de la película le exige una y otra vez a la banda— en el hotel del puerto, y un pequeño museo dedicado al film.

La Húsavík del presente es un pueblo de unos 2.300 habitantes que vive del turismo de naturaleza sin perder su alma pesquera. Combina las salidas de ballenas y frailecillos, el Museo de la Ballena, los baños GeoSea, la iglesia de madera y hasta un curioso Museo de la Exploración que recuerda que los astronautas del programa Apolo entrenaron en los paisajes lunares del norte de Islandia antes de pisar la Luna. Es también una de las mejores bases para recorrer el Círculo del Diamante, con las cascadas Goðafoss y Dettifoss y el cañón de Ásbyrgi. De la 'bahía de las casas' de Garðar Svavarsson a la 'capital ballenera de Europa' que casi gana un Óscar, Húsavík es la prueba de cómo un pueblo minúsculo del Ártico supo reinventarse mirando al mar.

https://www.nordicvisitor.com/blog/eurovision-movie-filming-https://www.wanderlustmagazine.com/inspiration/eurovision-mohttps://www.northiceland.is/en/destinations/towns/husavik

📚 Bibliografía

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