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Historia de Sopron

De la Scarbantia romana a la ciudad libre real

Debajo de la plaza mayor de Sopron, bajo los adoquines por los que hoy pasean los turistas, está el foro de una ciudad romana llamada Scarbantia. Ese es el origen de Sopron: un asentamiento fundado en la calzada que unía el Báltico con el Adriático (la célebre «ruta del ámbar»), en un cruce de caminos que la convirtió, desde el principio, en un lugar de paso entre mundos. Los romanos levantaron aquí un foro, termas y murallas, y algunos de esos restos todavía se pueden ver en los sótanos de las casas-museo de la plaza Fő.

Tras la caída de Roma y el paso de distintos pueblos, los húngaros se asentaron en la región a partir del siglo IX y reconstruyeron las viejas murallas romanas entre los siglos IX y XI. La ciudad, que los alemanes llamarían Ödenburg y los húngaros Sopron, creció como plaza fronteriza del reino de Hungría, mirando siempre hacia el oeste germánico.

El gran salto llegó en 1277, cuando el rey Ladislao IV elevó a Sopron a la categoría de ciudad libre real (szabad királyi város). El título era un premio: los habitantes habían recibido a las tropas del rey y resistido frente a una ocupación bohemia. Ser ciudad libre real significaba depender directamente de la Corona y no de un señor feudal, con amplios privilegios de autogobierno, comercio y justicia. Sopron se rodeó de sólidas murallas, construyó iglesias y casas de piedra, y desarrolló una próspera burguesía de comerciantes y artesanos, muchos de ellos de lengua alemana. De esa época medieval procede buena parte del casco histórico que se conserva casi intacto: uno de los conjuntos urbanos medievales mejor preservados de Hungría.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sopronhttps://www.hungarianconservative.com/articles/culture_socie

La ciudad que los turcos no ocuparon: Reforma y barroco

Mientras la mayor parte de Hungría caía bajo el dominio otomano tras la catástrofe de Mohács en 1526, Sopron corrió una suerte distinta. Aunque la región fue devastada por las incursiones turcas —especialmente en 1529, durante la marcha otomana hacia Viena—, la ciudad nunca llegó a ser ocupada de forma permanente por el Imperio otomano. Quedó del lado de la Hungría de los Habsburgo, lo que le permitió conservar su continuidad urbana y su población, y explica por qué su casco medieval sobrevivió donde tantos otros desaparecieron.

Esa posición fronteriza y su fuerte componente de burguesía germánica hicieron de Sopron un terreno fértil para la Reforma protestante. A lo largo del siglo XVI, buena parte de la población abrazó el luteranismo, y la ciudad se convirtió en uno de los bastiones protestantes de Hungría occidental, con sus iglesias, escuelas y comunidad evangélica. Por su importancia y su relativa seguridad, Sopron llegó a acoger varias sesiones de la Dieta (el parlamento) del reino de Hungría, e incluso coronaciones y actos de Estado en los siglos XVII y XVIII.

Un gran incendio en 1676 arrasó parte de la ciudad, que se reconstruyó entonces con el elegante lenguaje del barroco: de ahí las fachadas, los palacios y la columna de la Santísima Trinidad que hoy dan a la plaza Fő su aire señorial. También de esa reconstrucción es el característico remate barroco de la Torre del Fuego, añadido en 1681. Así, sobre los cimientos romanos y el trazado medieval, Sopron adquirió la piel barroca que todavía la define, sin haber conocido nunca minaretes ni mezquitas: una rareza en el mapa histórico de Hungría.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sopronhttps://www.themayor.eu/en/a/view/sopron-the-town-of-loyalty

Trianon y el plebiscito de 1921: la ciudad más fiel

El episodio que dio a Sopron su identidad moderna ocurrió tras la Primera Guerra Mundial, en el derrumbe del Imperio austrohúngaro. La derrota y la desintegración del imperio dejaron a Hungría en manos de los tratados de paz, y el Tratado de Trianon de 1920 le arrebató cerca de dos tercios de su territorio histórico. En ese reparto, la franja occidental de Hungría, habitada en buena parte por población de lengua alemana —incluida Sopron/Ödenburg y su comarca—, fue asignada a la nueva república de Austria, primero por el Tratado de Saint-Germain (1919) que afectaba a Austria y confirmado en Trianon respecto de Hungría. Nacía así el actual estado austríaco de Burgenland.

Pero la entrega no fue pacífica. En la región estalló una resistencia armada de milicias húngaras que impidió a Austria tomar posesión efectiva del territorio, y la tensión llevó al borde de un conflicto. La mediación diplomática de Italia desembocó en los Protocolos de Venecia, que ofrecieron una salida excepcional: en lugar de un traspaso automático, se celebraría un plebiscito para que la población de Sopron y ocho pueblos de los alrededores decidieran a qué país querían pertenecer.

La votación tuvo lugar el 14 de diciembre de 1921. El resultado fue claro: alrededor del 65 % de los votos se pronunciaron a favor de seguir siendo parte de Hungría. Sopron y su entorno permanecieron, así, húngaros, en un mapa que por lo demás se había redibujado en contra del país. El gesto tuvo un enorme valor simbólico en una Hungría humillada por Trianon: en 1922, el Parlamento húngaro concedió a la ciudad el título honorífico de Civitas Fidelissima, «la ciudad más fiel». Desde entonces, el aniversario del plebiscito es fiesta local, y la Puerta de la Fidelidad, bajo la Torre del Fuego, recuerda aquella decisión. Conviene contarlo con precisión y sin épica nacionalista: fue un plebiscito controvertido, con una comunidad de mayoría germanófona que, por razones económicas, sentimentales y de vínculos con el resto del país, optó mayoritariamente por Hungría.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sopron_plebiscitehttps://en.wikipedia.org/wiki/Sopronhttps://hungarytoday.hu/sopron-referendum-1921-100th-anniver

La Segunda Guerra, el Holocausto y el Telón de Acero

El siglo XX siguió siendo convulso para Sopron. Su comunidad judía, con raíces medievales —de la que dan testimonio las dos sinagogas del siglo XIV de la calle Új— y reconstituida en época moderna, fue víctima del Holocausto: durante la ocupación alemana de Hungría en 1944, la mayoría de los judíos de Sopron fueron deportados y asesinados en los campos de exterminio nazis. Es una de las heridas más profundas de la historia de la ciudad, que sus sinagogas conservadas mantienen viva en la memoria.

En los últimos meses de la guerra, Sopron sufrió bombardeos y combates, y fue tomada por el Ejército Rojo soviético el 1 de abril de 1945. Con la posguerra llegó la instauración del régimen comunista y, sobre todo, una nueva y dramática condición: la de ciudad de frontera del bloque del Este. La línea que separaba Hungría de Austria se convirtió en parte del Telón de Acero, el sistema de alambradas, torres de vigilancia y campos minados que dividía Europa en dos. Sopron, que durante siglos había sido un lugar de paso y de comercio con el mundo germánico, quedó atrapada en el extremo occidental de un mundo cerrado, con la frontera a pocos kilómetros pero infranqueable.

Durante cuatro décadas, la vida de la ciudad estuvo marcada por esa cercanía a un límite vigilado y militarizado. Cruzar a la Austria vecina, tan próxima geográfica y culturalmente, era casi imposible para los ciudadanos de a pie. Esa frontera cerrada, sin embargo, se convertiría en el escenario de uno de los acontecimientos que cambiarían la historia de Europa.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sopronhttps://sopronimuzeum.hu/en/locations/o-zsinagoga

El Pícnic Paneuropeo de 1989: la grieta en el Telón de Acero

En el verano de 1989, el bloque soviético crujía. En Hungría, un gobierno reformista había empezado a desmantelar las alambradas de la frontera con Austria, y miles de ciudadanos de la Alemania del Este, que veraneaban en el lago Balaton y en el resto del país, empezaron a mirar hacia el oeste esperando una oportunidad para escapar. Fue en ese contexto cuando un grupo de activistas húngaros, junto con figuras como Otto de Habsburgo —presidente de la Unión Paneuropea e hijo del último emperador austrohúngaro— y el político reformista Imre Pozsgay como patrocinadores, organizaron una manifestación pacífica por la paz en la frontera cerca de Sopron.

La idea era cargada de simbolismo: abrir durante tres horas una vieja puerta fronteriza, cerca de Fertőrákos, para que peatones húngaros y austríacos pudieran cruzar libremente en un gesto de fraternidad europea. En el fondo, los organizadores también querían medir la reacción de Moscú y del gobierno de Mijaíl Gorbachov ante una apertura de la frontera. La cita se fijó para el 19 de agosto de 1989 y se anunció con volantes, algunos de los cuales llegaron a manos de los alemanes del este.

Lo que ocurrió aquel día superó cualquier previsión. Cuando se abrió la puerta de madera, cientos de ciudadanos de la Alemania del Este —unos 600 a 700 según las estimaciones— se lanzaron en masa hacia Austria, hacia el mundo libre, y los guardias fronterizos húngaros, ante la avalancha, decidieron no disparar ni detenerlos. Fue la mayor fuga colectiva desde la construcción del Muro de Berlín, y una brecha decisiva en el Telón de Acero.

El efecto fue inmediato y en cadena. Apenas unas semanas después, el 10 de septiembre de 1989, Hungría abrió por completo su frontera occidental a los alemanes del este que querían marcharse. La presión sobre el régimen de Berlín Oriental se volvió insostenible, y el 9 de noviembre de 1989 caía el Muro de Berlín. El Pícnic Paneuropeo pasó a la historia como uno de los eslabones que llevaron a la reunificación alemana y al fin del comunismo en Europa del Este. Hoy, el Parque Conmemorativo del Pícnic Paneuropeo, en la frontera junto a Fertőrákos, recuerda aquel día con la escultura «Ruptura» de Miklós Melocco y un centro de visitantes; en 2015 fue el primer sitio de Hungría en recibir el Sello de Patrimonio Europeo. Que semejante episodio de la historia europea sucediera a las puertas de Sopron dice mucho de esta ciudad de frontera, siempre a caballo entre dos mundos.

https://en.wikipedia.org/wiki/Pan-European_Picnichttps://visithungary.com/articles/pan-european-picnichttps://culture.ec.europa.eu/cultural-heritage/initiatives-a

📚 Bibliografía

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