La historia de Keszthely arranca mucho antes de que existiera con ese nombre. En la Antigüedad, la orilla oeste del Balatón formaba parte de la provincia romana de Panonia, y a pocos kilómetros de la ciudad actual, en el lugar hoy llamado Fenékpuszta, los romanos levantaron una fortaleza de considerable tamaño: Valcum. Era un punto estratégico junto al lago, en el cruce de rutas que atravesaban la región, y estuvo activo durante siglos.
Lo más fascinante ocurrió cuando el Imperio romano se desmoronó. En vez de despoblarse, la comarca de Keszthely conservó una comunidad numerosa y relativamente próspera entre mediados del siglo V y mediados del VII, en plena época de las grandes migraciones. Esa población dejó cementerios riquísimos, con joyas, hebillas, adornos y objetos de una calidad sorprendente para la época, que los arqueólogos bautizaron como la 'cultura de Keszthely'. Sus orígenes se discuten —población romanizada superviviente, mezclada con pueblos germánicos y luego bajo dominio de los ávaros—, pero el fenómeno es único en la cuenca de los Cárpatos y convierte a Keszthely en un yacimiento clave para entender el tránsito de la Antigüedad a la Edad Media.
Parte de esos hallazgos se exhiben hoy en el Museo del Balatón, y son el testimonio de que este rincón del lago fue habitado y valorado desde tiempos muy remotos, mucho antes de su época dorada aristocrática.
En la Edad Media, Keszthely fue tomando forma como villa mercado a orillas del lago. Aparece documentada como 'Kesztel' en 1247, y a lo largo de los siglos siguientes creció como centro comercial y religioso de la comarca. Una huella clave de esa época es la iglesia gótica de los franciscanos, la actual iglesia de Nuestra Señora de Hungría, fundada en el siglo XIV: conserva valiosos frescos góticos medievales y, con el tiempo, se convertiría en el panteón de la familia que marcaría el destino de la ciudad, los Festetics.
Como todo el país, Keszthely sufrió el largo tormento de la ocupación otomana. Tras la caída de Buda en manos turcas (1541), la región del Balatón quedó convertida en tierra de frontera, sacudida por incursiones y combates. Keszthely no fue tomada de manera estable por los otomanos, pero vivió en permanente peligro: la iglesia y el convento franciscano llegaron a ser fortificados, transformados casi en un pequeño castillo para resistir los ataques. La población menguó y la vida se volvió precaria, como en tantos pueblos húngaros de aquellos siglos.
Cuando los turcos fueron finalmente expulsados de Hungría, a fines del siglo XVII, Keszthely era una villa maltrecha pero con posición privilegiada junto al lago. En el siglo XVIII, una familia noble compraría estas tierras y cambiaría para siempre su historia.
El gran capítulo de Keszthely lo escribió la familia Festetics, una de las estirpes aristocráticas más ricas e ilustradas de Hungría, que adquirió el señorío en el siglo XVIII. A partir de mediados de ese siglo comenzaron a levantar el palacio Festetics, una fastuosa residencia barroca que ampliaron a lo largo de generaciones hasta convertirla en uno de los mayores palacios del país, rodeado de jardines y coronado por un tesoro: la Biblioteca Helikon, hoy considerada la mayor biblioteca nobiliaria conservada intacta de Europa, con sus estanterías talladas y unos 80.000 volúmenes.
Pero los Festetics no fueron solo constructores de lujo: fueron reformadores. La figura clave es el conde György Festetics (1755-1819), un aristócrata de la Ilustración convencido de que el progreso de Hungría pasaba por modernizar la agricultura, base de la economía del país. Con esa idea, en 1797 fundó en Keszthely el Georgikon, la primera escuela superior de agricultura de Europa. Allí se enseñaba de forma sistemática y científica el cultivo, la ganadería, la silvicultura y la gestión de fincas, con campos de experimentación y una granja modelo; a Keszthely llegaban estudiantes y expertos de todo el continente. Fue una iniciativa pionera en la historia de la enseñanza agronómica mundial.
György Festetics fue además un mecenas de las letras: en torno a 1817 organizó en su palacio las 'fiestas del Helikon' (Helikoni ünnepségek), encuentros literarios que reunían a poetas y estudiantes y que hicieron de Keszthely un foco cultural. Bajo los Festetics, la villa a orillas del lago se transformó en una pequeña capital de la cultura y el progreso húngaros.
A pocos kilómetros de Keszthely, la naturaleza había dejado otro tesoro: el lago termal de Hévíz, el mayor lago termal del mundo apto para el baño. Alimentado por una potente fuente subterránea que brota de un cráter a unos 38 metros de profundidad, el lago renueva su agua de continuo y mantiene una temperatura templada todo el año —nunca baja de unos 24 °C, ni siquiera en invierno—, lo que permite nadar al aire libre en cualquier estación. Sus aguas minerales y el fango curativo de su fondo se usan desde antiguo para tratar dolencias reumáticas y articulares.
Las propiedades del lago se conocían desde tiempos remotos, pero su historia escrita y su desarrollo como balneario son más recientes. El erudito Mátyás Bél lo mencionó por escrito en 1731, y fue de nuevo la familia Festetics quien impulsó su transformación: hacia fines del siglo XVIII, el conde György Festetics mandó construir las primeras instalaciones de baños de madera sobre el lago y promovió el estudio y el aprovechamiento de sus aguas termales. A lo largo del siglo XIX y XX, Hévíz creció hasta convertirse en uno de los grandes balnearios de Europa central, con hoteles, sanatorios y casas de baños de madera desde las que se baja al agua tibia entre nenúfares.
Hoy Hévíz sigue siendo un destino de salud de fama internacional, y su lago —con el vapor elevándose sobre la superficie en los días fríos— es una de las imágenes más asombrosas de Hungría. Junto con el palacio Festetics, es la razón por la que Keszthely y su entorno son un destino que late todo el año, y no solo en verano.
El siglo XIX consolidó a Keszthely como ciudad culta y próspera bajo el Imperio austrohúngaro. El Georgikon evolucionó como institución de enseñanza agrícola, y a fines de siglo el conde Tasziló Festetics amplió el palacio con nuevas alas de estilo historicista, dándole el aspecto monumental que tiene hoy. En 1898 se fundó el Museo del Balatón, dedicado a la historia natural y humana del lago, que en 1925 se instaló en el elegante edificio neobarroco que ocupa actualmente.
El siglo XX trajo las guerras y las grandes convulsiones. Tras la Primera Guerra Mundial y el desmembramiento del Imperio, Hungría quedó reducida y empobrecida. La Segunda Guerra Mundial golpeó también a la comarca del Balatón: en el invierno de 1944-1945 el frente atravesó la región —cerca de allí se libró en marzo de 1945 la última gran ofensiva alemana de la guerra, en torno al lago—, y la comunidad judía de Keszthely, como la de tantas ciudades húngaras, fue deportada y en gran parte exterminada en el Holocausto. Con la llegada del régimen comunista, el palacio Festetics fue nacionalizado en 1945 y la familia despojada de sus bienes; con el tiempo, el edificio se abrió como museo (el Helikon Kastélymúzeum), y su biblioteca y colecciones se salvaron para el público.
En las décadas socialistas, Keszthely y Hévíz se volcaron al turismo del lago y a las curas termales, recibiendo visitantes de toda Hungría y del bloque del Este. Tras 1989, con la apertura y la democracia, la ciudad restauró su patrimonio y afianzó su perfil: hoy Keszthely combina el esplendor aristocrático de los Festetics, la memoria pionera del Georgikon, el gran museo del lago y las aguas milagrosas de Hévíz. Es la cara más culta y señorial del Balatón, un destino con historia para todo el año.