En el corazón de la Gran Llanura húngara (el Alföld), lejos de las montañas y de los grandes ríos, creció una ciudad que nunca tuvo murallas de piedra ni castillo, y que sin embargo llegó a ser una de las más importantes del reino: Debrecen. Rodeada de pastos y campos hasta el horizonte, prosperó gracias al comercio de ganado, sal, grano y vino, y a una obstinada voluntad de autogobierno que la marcaría durante siglos.
La localidad surgió tras la conquista húngara de la cuenca de los Cárpatos, en la Edad Media temprana, de la fusión de varias aldeas. Ya en el siglo XIII era un activo pueblo de mercado, y en 1361 el rey Luis I de Hungría (Luis el Grande) le concedió amplios privilegios: la ciudad podía elegir a su propio juez y su consejo, administrar justicia y organizar sus asuntos. Esa temprana autonomía, poco común en la región, fue la semilla de la Debrecen próspera y orgullosa que vendría después. Su posición en un cruce de rutas comerciales de la llanura y sus grandes ferias de ganado la enriquecieron, y una potente burguesía de comerciantes y artesanos tomó las riendas de su destino. A diferencia de otras ciudades húngaras dominadas por la nobleza, Debrecen fue, ante todo, una ciudad de ciudadanos.
El acontecimiento que definió la identidad de Debrecen fue la Reforma protestante. En el siglo XVI, mientras Europa se dividía entre católicos y reformados, Debrecen abrazó con inusual fervor el calvinismo. La ciudad se convirtió en el gran centro del protestantismo reformado húngaro, un bastión tan firme de esa fe que se ganó los apodos de 'Roma calvinista' y 'Ginebra de Hungría'. Durante siglos, la inmensa mayoría de sus habitantes fue calvinista, y la iglesia reformada moldeó su vida cívica, moral y cultural.
El símbolo de esa vocación fue el Colegio Reformado (Református Kollégium), fundado en 1538. Mucho más que una escuela, el Colegio fue durante siglos un faro intelectual: allí se formaron pastores, maestros, escritores, científicos y funcionarios; se cultivó la lengua húngara cuando estaba amenazada; y se conservó una biblioteca extraordinaria. De sus aulas salieron generaciones que difundieron la educación protestante por todo el país, en un sistema de 'escuelas particulares' vinculadas al colegio. La imprenta de Debrecen, activa desde el siglo XVI, ayudó a difundir libros religiosos y en húngaro. Esa combinación de fe reformada, autogobierno ciudadano y amor por la educación forjó un carácter sobrio, trabajador y tenaz que todavía se percibe en la ciudad. La Gran Iglesia Reformada, con sus dos torres amarillas, sería con el tiempo la culminación material de esa historia espiritual.
Los siglos XVI y XVII fueron durísimos para Hungría. Tras la catastrófica derrota ante los turcos en la batalla de Mohács (1526), el reino quedó partido en tres: la Hungría real de los Habsburgo al oeste y norte, la Hungría otomana en el centro y el principado autónomo de Transilvania al este. Debrecen quedó, geográficamente, en una zona de frontera y de nadie, disputada por los tres poderes.
La ciudad sobrevivió gracias a una diplomacia astuta y a su fortaleza económica: pagaba tributos a la vez al sultán otomano, al emperador Habsburgo y al príncipe de Transilvania, comprando así una relativa autonomía y evitando ser destruida o guarnecida por ninguno. Bajo dominio otomano funcionó como una ciudad-mercado casi libre, administrada por sus propios ciudadanos. Fue un equilibrio precario, atravesado por guerras, incursiones y saqueos, pero que le permitió conservar su gobierno propio y su fe. Cuando los Habsburgo expulsaron a los otomanos de Hungría a fines del siglo XVII, Debrecen coronó su largo camino hacia la autonomía: en 1693 el emperador Leopoldo I la elevó a la categoría de ciudad libre real (szabad királyi város), el rango más alto que podía tener una ciudad, con jurisdicción propia y representación en la Dieta del reino. La ciudad de la llanura, sin murallas, había ganado su libertad a fuerza de negociación y comercio.
El momento más glorioso y dramático de la historia de Debrecen llegó con la revolución húngara de 1848-1849. Cuando la nación se levantó contra el dominio de los Habsburgo en pos de un gobierno propio, la guerra estalló. A comienzos de 1849, con las tropas imperiales avanzando sobre Pest-Buda, el gobierno revolucionario y la Asamblea Nacional huyeron hacia el este y establecieron la capital provisional de Hungría en Debrecen, la ciudad más segura y fiel de la llanura. Entre enero y mayo de 1849, Debrecen fue el corazón político del país.
El 14 de abril de 1849, en la Gran Iglesia Reformada, el líder de la revolución, Lajos Kossuth, leyó ante la Asamblea la Declaración de Independencia: Hungría destronaba a la dinastía de los Habsburgo y se proclamaba nación independiente. Fue un acto de enorme valor simbólico, pronunciado precisamente en el templo mayor del calvinismo húngaro. La independencia, sin embargo, duró poco: el emperador austríaco pidió ayuda al zar de Rusia, y la intervención de un enorme ejército ruso aplastó la revolución ese mismo verano. Hungría volvió al dominio Habsburgo y siguió una dura represión. Pero el episodio quedó grabado para siempre en la memoria nacional, y la Gran Iglesia de Debrecen se convirtió en un lugar sagrado de la identidad húngara, escenario de la más audaz declaración de libertad del siglo XIX.
Tras el Compromiso austrohúngaro de 1867, Debrecen vivió una etapa de modernización: llegaron el ferrocarril, la industria, los grandes edificios públicos y el tranvía. La vieja tradición educativa de la ciudad culminó en 1912 con la fundación de la Universidad de Debrecen, heredera del Colegio Reformado, cuyo majestuoso edificio principal, levantado en los años treinta en el bosque Nagyerdő, es hoy uno de los más bellos del país. La ciudad se consolidó como capital cultural y académica del este de Hungría.
El siglo XX también trajo tragedia. La comunidad judía de Debrecen, numerosa y activa, fue perseguida y en gran parte deportada y asesinada durante el Holocausto, en 1944. Ese mismo año, la Segunda Guerra Mundial llegó a la ciudad: en octubre de 1944 se libraron intensos combates de tanques en sus alrededores y el 20 de octubre el Ejército Rojo soviético tomó Debrecen. Y entonces la historia volvió a repetir un gesto extraordinario: como en 1849, la ciudad fue de nuevo, por unos meses, capital de Hungría. El 21 y 22 de diciembre de 1944 se reunió allí la Asamblea Nacional Provisional y se formó el Gobierno Nacional Provisional antifascista, integrado por los partidos que se habían opuesto a la alianza de Hungría con las potencias del Eje. Ese gobierno, bajo tutela soviética, firmó el armisticio y comenzó a organizar la Hungría de posguerra. Poco después llegarían cuatro décadas de régimen comunista, que industrializaron la ciudad y le dieron nuevos barrios, pero también uniformaron su vida bajo el sistema del bloque del Este.
Con la caída del comunismo en 1989-1990, Debrecen se abrió de nuevo al mundo y se afianzó como la segunda ciudad de Hungría, con alrededor de 200.000 habitantes. Hoy es un importante polo universitario, científico e industrial: la Universidad de Debrecen atrae a miles de estudiantes húngaros y extranjeros —muchos de ellos de medicina—, y en los últimos años la ciudad se ha convertido en un centro de inversión y de nuevas industrias en el este del país, con un aeropuerto internacional en crecimiento.
Pero Debrecen no ha olvidado su historia. La 'Roma calvinista' sigue girando en torno a la Gran Iglesia Reformada y su plaza Kossuth; el Colegio Reformado y el Déri Múzeum custodian su patrimonio; y cada 20 de agosto, desde 1966, el Carnaval de las Flores llena las calles de color con sus carrozas cubiertas de flores. La ciudad combina el peso de su pasado con la energía de una urbe joven, sus termas y su bosque Nagyerdő, y su papel de gran puerta de entrada a la puszta y al Parque Nacional de Hortobágy. Sobria, culta y orgullosa de su libertad ganada a lo largo de los siglos, Debrecen es hoy una de las ciudades con más carácter de Hungría.