El departamento de Yoro, en el norte-centro de Honduras, es hogar ancestral del pueblo tolupán —conocido también como xicaque o jicaque, aunque su verdadero nombre es tolupán—, una de las etnias indígenas más antiguas del país. El término 'xicaque' fue usado despectivamente por los colonos para referirse a los grupos rebeldes de la antigua Taguzgalpa. Los tolupanes se distribuyen en municipios como Morazán, El Negrito, Victoria, Yorito, Olanchito y la propia Yoro, además de la Montaña de la Flor, en el vecino Francisco Morazán.
La comunidad de la Montaña de la Flor, con unas 600 personas, es el territorio más aislado y culturalmente autónomo de los tolupanes, donde aún se conserva la lengua tol y buena parte de las tradiciones ancestrales. El departamento, uno de los originales del país, combina montañas, valles fértiles y una fuerte identidad rural.
Esa herencia indígena, junto a la memoria de las luchas por la tierra y el bosque, forma parte esencial de la identidad de Yoro.
Yoro es célebre en el mundo entero por la 'Lluvia de Peces', un fenómeno que, según la tradición local, ocurre cada año entre mayo y julio, en plena temporada de lluvias: tras fuertes tormentas —una nube negra, descargas eléctricas y vientos intensos, generalmente entre las 4 y las 5 de la tarde— aparecen peces vivos sobre la tierra firme, lejos del río. Los peces que caen suelen ser de la misma especie, conocida como 'pez lancha', de unos 11 centímetros.
El prodigio se viene registrando desde hace más de un siglo y ha atraído a documentalistas y científicos de todo el mundo, que han propuesto diversas explicaciones —desde trombas marinas que succionarían peces del mar o de lagunas, hasta peces subterráneos que emergerían con las crecidas—, sin que exista una respuesta definitiva. Ese misterio ha convertido a Yoro en un lugar de fama internacional.
Desde 1998 se celebra el Festival de la Lluvia de Peces, que atrae a visitantes curiosos por presenciar o conocer uno de los fenómenos naturales más singulares del planeta.
La leyenda vincula la Lluvia de Peces con el padre Manuel de Jesús Subirana, un misionero español originario de Manresa (Cataluña) que evangelizó el norte de Honduras a mediados del siglo XIX y que murió el 27 de noviembre de 1864. Sus restos reposan en la iglesia de Santiago Apóstol de Yoro.
Según el relato popular, el padre Subirana, conmovido por el hambre de los pobladores, oró durante días pidiendo a Dios que diera sustento a los necesitados; al término de sus rezos, cuenta la tradición, comenzaron a caer pequeños peces del cielo, alimentando a la gente. Desde entonces, el fenómeno se interpretó como un milagro concedido a la oración del misionero, y el festival anual se celebra en su honor.
Así, ciencia y fe se entrelazan en torno a uno de los enigmas más famosos de Honduras, que ha dado renombre mundial a este departamento del interior.
La ciudad más grande y dinámica de Yoro es El Progreso, sobre el río Ulúa, un importante centro industrial, comercial y agroindustrial ligado históricamente al banano —fue plaza fuerte de la Tela Railroad Company, filial de la United Fruit— y hoy a la palma africana, el azúcar y la manufactura de maquila. Su cercanía a San Pedro Sula la integra al gran polo económico del norte del país, del que forma parte del Valle de Sula.
Hacia el este, el Valle del Aguán —que Yoro comparte con Colón, en su parte de Olanchito y Sonaguera— fue una de las grandes zonas bananeras y hoy es escenario de la producción de palma africana, con una larga y conflictiva historia de disputas agrarias por la tenencia de la tierra que ha dejado numerosas víctimas entre campesinos y guardias.
Esa combinación de agroindustria, banano y palma marca la economía y también los conflictos sociales del departamento en las tierras bajas.
Yoro conserva importantes áreas de bosque en sus montañas, como el Parque Nacional Montaña de Yoro y el Refugio de Vida Silvestre Texíguat, que albergan nacientes de agua, fauna diversa y comunidades tolupanes que mantienen una relación estrecha con el bosque. Estos ecosistemas de pino y bosque nublado son también fuente de agua para las tierras bajas y agrícolas del norte.
Los tolupanes de Yoro han protagonizado luchas históricas por la defensa de sus bosques frente a la tala, con dirigentes indígenas asesinados a lo largo de las últimas décadas, en una tensión que continúa. La conservación de estos bosques y de la cultura tol es uno de los grandes desafíos del departamento.
La combinación de cultura indígena viva, fenómenos naturales únicos como la lluvia de peces y paisajes que van de la montaña al valle industrial hace de Yoro un departamento de fuerte identidad, entre la pujanza económica del Valle de Sula y la tradición ancestral de las alturas.