El departamento lleva el nombre de Lempira, el cacique lenca que entre 1537 y 1538 encabezó la mayor resistencia indígena contra los españoles en Honduras. Desde el peñol de Cerquín, en estas montañas, Lempira —cuyo nombre significaría 'Señor de la Sierra' en lengua lenca— llegó a reunir, según las crónicas, a miles de guerreros de doscientos pueblos y resistió durante meses, hasta caer hacia 1537 en las cercanías del cerro de Congolón, según la tradición asesinado a traición durante una negociación.
Su figura se convirtió en el gran símbolo nacional de Honduras: la moneda del país se llama 'lempira' en su honor desde 1931, y su gesta se conmemora cada 20 de julio, día en que se recuerda su muerte. El departamento, creado en 1825 —uno de los primeros del país— con el nombre original de Gracias, fue rebautizado en su honor.
Esta tierra fue el corazón del territorio lenca, y aún hoy conserva comunidades indígenas, guancascos, artesanías y una fuerte identidad ligada a aquella epopeya de la conquista.
La cabecera departamental, Gracias (Gracias a Dios), es una de las ciudades coloniales más antiguas e importantes de Honduras. Fundada por los españoles hacia 1536 con el nombre de Gracias a Dios, tuvo un papel histórico excepcional: entre 1544 y 1549, Gracias fue sede de la Real Audiencia de los Confines, el primer alto tribunal de justicia de la corona en toda Centroamérica, con jurisdicción desde Chiapas hasta Panamá.
Esa condición la convirtió brevemente en la capital administrativa de la región centroamericana, antes de que la Audiencia se trasladara a Santiago de Guatemala por presión de los intereses guatemaltecos. Ese fugaz esplendor dejó a Gracias un aura histórica que aún se respira en sus calles empedradas y en su patrimonio colonial.
Hoy Gracias es uno de los destinos coloniales con más encanto del occidente, base para explorar la Ruta Lenca y punto de partida hacia las montañas de Celaque.
Gracias conserva un notable conjunto colonial de calles empedradas, casonas de adobe encaladas y varias iglesias antiguas, entre ellas la de San Sebastián, la de San Marcos y la de Las Mercedes, joyas de la arquitectura religiosa del occidente hondureño. Sobre una colina que domina la ciudad se alza el Fuerte de San Cristóbal, mandado construir durante la administración del presidente Juan Lindo hacia 1850 para hacer frente a las amenazas de invasión desde El Salvador y Guatemala.
En el fuerte reposa la tumba del propio Juan Lindo, uno de los estadistas más importantes de la Honduras y la Centroamérica del siglo XIX, que gobernó tanto El Salvador como Honduras e impulsó la educación y la fundación de la universidad. Sus baluartes y cañones ofrecen además una vista panorámica de la ciudad y del valle.
Este patrimonio hace de Gracias un museo vivo de la historia colonial y republicana de Honduras, en un entorno de montañas y bosques.
Junto a Gracias se alza el Parque Nacional Montaña de Celaque, que protege el punto más alto de Honduras, el cerro Las Minas, de 2.870 metros. Su nombre significa 'caja de agua' en lengua lenca, y con razón: sus bosques nublados son una verdadera fábrica de agua para toda la región occidental, con nacientes que abastecen a decenas de comunidades.
Celaque es uno de los mejores lugares del país para el senderismo de altura y la observación de fauna, con quetzales, pumas, venados y una flora exuberante de helechos gigantes, robledales, pinabetes y orquídeas. Ascender a su cumbre, entre nieblas y bosques enanos, es una de las grandes aventuras de montaña de Honduras.
Al pie del parque, cerca de Gracias, brotan aguas termales en plena naturaleza —hoy acondicionadas en balnearios rodeados de bosque—, un complemento perfecto para la aventura en la montaña.
Lempira es uno de los grandes bastiones de la cultura lenca contemporánea. Municipios como La Campa, con su iglesia colonial y su tradición alfarera, y las comunidades de las montañas conservan guancascos, cofradías, artesanías de barro y una religiosidad que fusiona lo indígena y lo católico. El café de altura, cultivado en las laderas del departamento, es otro pilar de su economía junto a los granos básicos y la ganadería.
Gracias, Celaque, las termas, los pueblos lencas y la Ruta Lenca hacen de Lempira uno de los grandes destinos de turismo de naturaleza y cultura del occidente hondureño, aún lejos del turismo masivo. Cada noche, además, Gracias se ilumina con un particular encanto que le ha valido fama de 'ciudad que brilla de noche'.
Entre la memoria del cacique Lempira, el esplendor colonial de Gracias y la majestad de Celaque, este departamento condensa buena parte de la identidad histórica y natural de Honduras.