Las Islas de la Bahía —Roatán, Útila y Guanaja, además de las islas menores de Barbareta, Morat, Santa Elena, las lejanas islas del Cisne y más de 60 cayos— fueron el primer contacto de Colón con Honduras: el 30 de julio de 1502 el almirante tocó Guanaja durante su cuarto viaje, isla a la que llamó Isla de los Pinos. Habitadas originalmente por indígenas pech, las islas quedaron incorporadas a la Capitanía General de Guatemala pero fuera del control efectivo español.
Su estratégica ubicación en la ruta de la Flota de Indias las convirtió, desde el siglo XVII, en refugio y base de piratas ingleses, franceses y holandeses. Se calcula que hacia la segunda mitad del siglo XVII llegaron a vivir unos 5.000 piratas en Roatán, entre ellos figuras legendarias como Henry Morgan, Edward Teach 'Barbanegra', Edward Low y John Coxen —de cuyo nombre derivaría Coxen Hole, la actual cabecera de Roatán—.
Durante generaciones, España e Inglaterra se disputaron las islas; los españoles llegaron a despoblarlas y recuperarlas, pero los ingleses volvieron una y otra vez, dejando una huella imborrable en el poblamiento y la cultura del archipiélago.
En el siglo XIX, Gran Bretaña llegó a proclamar formalmente la Colonia de las Islas de la Bahía (1852), en un pulso con la joven Honduras y con Estados Unidos por el control del Caribe centroamericano. La disputa se resolvió con el Tratado de Managua, firmado el 28 de noviembre de 1859 por Charles Lennox Wyke, en nombre del gobierno británico, y por Francisco Cruz Castro, por Honduras.
Por ese tratado, las Islas de la Bahía fueron reconocidas definitivamente como parte de Honduras, poniendo fin a más de dos siglos de presencia e influencia británica en el archipiélago. La transferencia efectiva se completó en los años siguientes, incorporando las islas al territorio nacional.
Esa larga huella inglesa explica que en las islas todavía se hable un inglés criollo caribeño junto al español, y que buena parte de su población profese religiones protestantes y conserve apellidos y costumbres anglosajones, en marcado contraste con el resto de Honduras.
El poblamiento de las islas es un mosaico caribeño. El 12 de abril de 1797 llegó a Roatán, a la comunidad de Punta Gorda, el pueblo garífuna deportado por los ingleses de la isla de San Vicente tras la Segunda Guerra Caribe: de los más de 4.000 que fueron concentrados y embarcados, poco más de 2.000 sobrevivieron al traslado. La mayoría se trasladó luego a Trujillo, en el continente, pero una parte se quedó y fundó Punta Gorda, hoy la comunidad garífuna más antigua de Honduras.
A ellos se sumaron colonos de habla inglesa procedentes de las Islas Caimán y de otras Antillas a mediados del siglo XIX, dando origen a los 'isleños' de raíz anglocaribeña, muchos de ellos protestantes y descendientes de antiguos esclavos y colonos ingleses.
Esta mezcla de garífunas, isleños de habla inglesa, indígenas pech y ladinos del continente hace de las Islas de la Bahía un lugar culturalmente distinto al resto de Honduras, con sus propias músicas, comidas —como el pan de coco y las sopas marineras—, y tradiciones ligadas al mar.
Las Islas de la Bahía se asientan sobre el Sistema Arrecifal Mesoamericano, la segunda barrera de coral más grande del mundo tras la de Australia. Sus aguas cristalinas, ricas en corales, esponjas, peces tropicales y hasta tiburones ballena, convirtieron a las islas en uno de los destinos de buceo más famosos y económicos del planeta, con decenas de miles de visitantes al año atraídos por sus fondos marinos.
Útila es meca mundial de los buzos mochileros y de la observación del tiburón ballena, con precios de certificación de buceo entre los más bajos del mundo, lo que la ha convertido en parada obligada de la ruta viajera por Centroamérica. Sus arrecifes y su ambiente relajado atraen a jóvenes de todo el planeta.
La riqueza submarina, sumada al patrimonio pirata y cultural, hace de las islas un caso único: un pedazo de Caribe anglófono y coralino incrustado en la costa de un país centroamericano.
Roatán, la mayor de las islas, combina buceo, playas de arena blanca como West Bay y un turismo de cruceros en pleno auge que la ha transformado en las últimas décadas: sus modernas terminales reciben cada temporada a cientos de miles de cruceristas, convirtiéndola en el principal destino turístico de Honduras. Coxen Hole, French Harbour y West End son sus núcleos más animados.
La montañosa Guanaja —la que Colón llamó Isla de los Pinos— conserva un aire más virgen y tranquilo; su cabecera está construida sobre cayos y es apodada la 'Venecia del Caribe' porque se recorre en lancha entre canales. Útila, la más pequeña de las tres mayores, mantiene su ambiente bohemio y buceador.
Entre la fama pirata, la barrera de coral, la cultura garífuna e isleña y el auge turístico, las Islas de la Bahía son el gran destino caribeño de Honduras y uno de los rincones más singulares de todo el país.