El departamento de Cortés, en el noroeste de Honduras, es el centro industrial y económico del país y su departamento más poblado, con más de 1,6 millones de habitantes. Recibe su nombre en honor al conquistador Hernán Cortés, que llegó al territorio hondureño en 1525 para imponer orden entre sus capitanes. Fue creado como departamento el 4 de julio de 1893, durante el gobierno de Domingo Vásquez, segregándose de Santa Bárbara.
Su capital, San Pedro Sula, fue fundada el 27 de junio de 1536 por Pedro de Alvarado como Villa de San Pedro de Puerto Caballos, tras someter al cacique Cicumba, que resistió en el densamente poblado Valle de Sula. Aquel valle había sido un cruce comercial entre los mundos maya y mesoamericano. Tras siglos de estancamiento, la ciudad renació al calor de las bananeras y de la industria hasta convertirse en la segunda urbe del país y en su gran polo manufacturero, comercial y de maquilas textiles, apodada 'la capital industrial de Honduras'.
El fértil Valle de Sula, regado por los ríos Ulúa y Chamelecón, concentra buena parte de la agroindustria hondureña y una densa red de ciudades. Ese dinamismo económico convivió, sin embargo, con altísimos índices de violencia urbana que en los años 2010 llevaron a San Pedro Sula a figurar entre las ciudades más peligrosas del mundo, una imagen que la ciudad ha buscado revertir en los últimos años.
La costa de Cortés fue puerta de entrada de la conquista: aquí desembarcó Cristóbal de Olid en 1524 y fundó el Triunfo de la Cruz, en la zona de Puerto Caballos, la actual Puerto Cortés. Hoy Puerto Cortés es el principal puerto de Honduras y uno de los más importantes y modernos de Centroamérica, la única terminal de aguas profundas del istmo con acceso directo al mercado estadounidense.
Por sus muelles pasa la mayor parte del comercio exterior del país —café, banano, textiles de maquila, contenedores— y su bahía natural, una de las mejores del Atlántico centroamericano, lo convirtió desde tiempos coloniales en un enclave estratégico. Su modernización, con terminales de contenedores de última generación y controles aduaneros integrados con Estados Unidos, ha reforzado su papel de plataforma logística regional.
Junto a la actividad portuaria, Puerto Cortés conserva playas caribeñas como Travesía y Bajamar, con comunidades garífunas, que ofrecen un contrapunto de mar y cultura afrocaribeña al ajetreo comercial de la terminal.
Unos kilómetros al oeste de Puerto Cortés se alza la Fortaleza de San Fernando de Omoa, la mayor fortificación colonial de Centroamérica. Fue construida por los españoles entre 1752 y 1775, bajo los reinados de Fernando VI y Carlos III, para proteger el litoral de los ataques de piratas y corsarios ingleses y para frenar el contrabando y las incursiones desde la costa de los Mosquitos.
Sus imponentes muros de piedra coralina en forma de triángulo, con fosos, baluartes y cañones, resguardan hoy un museo y son uno de los sitios históricos más visitados de la costa norte. La fortaleza llegó a ser tomada brevemente por los ingleses en 1779, en plena rivalidad imperial por el Caribe, y su historia resume los siglos de asedio que padeció el litoral hondureño.
Omoa figura en la lista indicativa de Patrimonio Mundial de la Unesco y, junto a su pequeño pueblo pesquero y sus playas, se ha convertido en un atractivo destino que combina historia, mar y gastronomía.
En el sur del departamento, entre Cortés, Comayagua y Santa Bárbara, se extiende el Lago de Yojoa, el mayor lago natural de Honduras: un espejo de agua turquesa de origen tectónico y volcánico, de unos 16 kilómetros de largo y hasta cerca de 90 metros de profundidad, rodeado de montañas, cafetales y dos parques nacionales —Cerro Azul Meámbar y Santa Bárbara—. Es un paraíso para la observación de aves, con más de 400 especies registradas, y un destino gastronómico famoso por sus 'kioscos' de pescado frito con tajadas.
Cerca del lago se encuentran las espectaculares cataratas de Pulhapanzak, con casi 43 metros de caída sobre el río Amapa, uno de los saltos de agua más impresionantes del país, con tirolesas y un sendero que pasa por detrás de la cortina de agua. En sus inmediaciones hay también sitios arqueológicos como Los Naranjos, de la antigua cultura lenca, con montículos y estelas a orillas del lago.
Esta zona lacustre, a medio camino entre San Pedro Sula y Tegucigalpa, es uno de los grandes atractivos naturales y de fin de semana del centro-norte de Honduras.
Cortés concentra buena parte del aparato productivo de Honduras: parques industriales, zonas francas y maquilas textiles que exportan ropa a Estados Unidos, industria alimentaria, cementeras, embotelladoras y una intensa actividad comercial y financiera con sede en San Pedro Sula. El departamento genera una porción muy alta del PIB nacional y es el gran imán migratorio interno del país.
Esa pujanza económica ha dado a la ciudad una identidad propia, cosmopolita y emprendedora, con una vida cultural que incluye la Feria Juniana —sus fiestas patronales de junio—, una gastronomía mestiza y una fuerte presencia de comunidades de origen árabe (palestino) que han marcado el comercio y la política locales.
Entre el mar Caribe, el valle agroindustrial, las montañas del Yojoa y la fortaleza de Omoa, Cortés reúne en un solo departamento la Honduras portuaria, la industrial y la de la naturaleza, siendo el gran motor del desarrollo del norte del país.