El departamento de Copán guarda el mayor tesoro arqueológico de Honduras: las ruinas de Copán, capital de un poderoso reino maya que floreció entre los siglos V y IX en un fértil valle a orillas del río Copán. Su dinastía fue fundada hacia el año 426 por el rey K'inich Yax K'uk' Mo' ('Gran Sol Quetzal-Guacamayo'), y llegó a tener dieciséis gobernantes, retratados en el célebre Altar Q. La ciudad es conocida como la 'Atenas del mundo maya' por la finura excepcional de su escultura en toba volcánica.
Su joya es la Escalinata Jeroglífica, mandada erigir por el rey Uaxaclajuun Ub'aah K'awiil ('18 Conejo') y completada hacia 749 por su sucesor: con más de 2.000 glifos tallados en 63 peldaños, es la inscripción maya más larga que se conserva, un verdadero libro de piedra que narra la historia de la dinastía. Copán fue también un notable centro científico y astronómico del período Clásico.
Abandonada hacia el siglo IX en medio de la sobrepoblación y el agotamiento de los recursos, la ciudad quedó cubierta por la selva. Fue mencionada ya en 1576 por el oidor Diego García de Palacio y dada a conocer al mundo en 1839 por los exploradores John Lloyd Stephens y Frederick Catherwood, con sus relatos y grabados. En 1980 la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad.
A la sombra del sitio arqueológico creció el pueblo de Copán Ruinas, de calles empedradas y ambiente colonial, hoy uno de los destinos más encantadores de Honduras y base para visitar las ruinas. A poca distancia del centro ceremonial principal se encuentra el conjunto de Las Sepulturas, un barrio residencial de la élite maya, unido antaño a la acrópolis por una calzada, que ofrece una mirada única a la vida cotidiana de la antigua ciudad.
El valle de Copán fue habitado por los mayas en alianza con un señorío chortí, y los descendientes de aquellos pueblos —los maya-chortís— siguen habitando la región de Copán y Ocotepeque, manteniendo tradiciones, artesanías, danzas y una lengua emparentada con el maya clásico. Visitar sus comunidades permite conocer de primera mano esa herencia viva.
En torno a las ruinas se conservan también el parque de aves Macaw Mountain, dedicado a la guacamaya roja —ave nacional de Honduras—, fincas de cacao y café, y una rica biodiversidad de bosque tropical, que hacen de Copán un destino donde la arqueología se combina con la naturaleza y la cultura indígena.
La capital departamental, Santa Rosa de Copán, es una elegante ciudad de montaña conocida como 'La Sultana de Occidente'. Floreció en el siglo XIX gracias al tabaco: aquí se instaló la Fábrica Nacional de Tabacos, que convirtió a la ciudad en el gran centro cigarrero del país. Esa tradición sigue viva en marcas de puros de prestigio internacional como Flor de Copán, cuyos habanos se exportan a todo el mundo.
Su casco histórico de casas de adobe encaladas, calles empedradas y su catedral, junto a una Semana Santa muy celebrada y un clima templado de altura, la convierten en una de las ciudades más bellas del interior de Honduras. Es además un importante centro del cultivo de café de altura del occidente hondureño, país que se ha consolidado como el mayor exportador de café de Centroamérica.
Alrededor de la ciudad, las fincas de café y tabaco, los pueblos de montaña y los talleres artesanales completan una región de fuerte identidad occidental, orgullosa de su historia y de su gastronomía.
El departamento de Copán ofrece experiencias singulares ligadas a la tierra. Las aguas termales de Copán, a pocos kilómetros de las ruinas, brotan en plena montaña entre fincas de café y bosque nublado, formando ríos de agua caliente que se mezclan con corrientes frías y que han sido acondicionados en pozas y spas naturales, un complemento perfecto para relajarse tras la visita arqueológica.
La economía departamental combina el café de altura y el cacao con el cultivo de tabaco, la caña de azúcar, los granos básicos, los cítricos y la ganadería. En los últimos años ha crecido el turismo de fincas, que permite recorrer los procesos del café y del cacao, aprender de manos de los propios productores y probar los sabores de la región.
Esta mezcla de patrimonio maya, cultura chortí, ciudades coloniales y agricultura de montaña hace de Copán uno de los destinos más completos y visitados de Honduras.
Situado en el extremo occidental de Honduras, junto a la frontera con Guatemala, Copán ha sido siempre una tierra de paso y de comercio entre ambos países. Su cercanía a los grandes sitios mayas de Guatemala lo integra en el circuito turístico del Mundo Maya, y su historia lo vincula estrechamente con Ocotepeque y con la cultura chortí que se extiende a ambos lados de la frontera.
Durante la colonia, la región vivió de la agricultura, la ganadería y el comercio, y a lo largo del siglo XIX y XX se consolidó como uno de los polos del occidente hondureño, con Santa Rosa de Copán como capital regional del comercio, la banca y los servicios de toda la zona.
Hoy, entre las estelas de sus reyes-dioses, las fincas de café, los puros de Santa Rosa y las comunidades chortís, Copán condensa buena parte de la identidad occidental de Honduras: maya, mestiza, cafetalera y profundamente ligada a su extraordinario pasado.