El departamento de Colón lleva el nombre del descubridor porque fue aquí, en la bahía de Trujillo, donde Cristóbal Colón puso pie en tierra firme americana. El 14 de agosto de 1502, durante su cuarto y último viaje, el almirante desembarcó en Punta Caxinas, muy cerca de la actual Trujillo, tras tocar antes la isla de Guanaja. Según la tradición, allí se celebró la primera misa católica en el continente americano, un hito que Trujillo reivindica con orgullo.
La leyenda cuenta que fue al salir de un violento temporal frente al cabo oriental cuando Colón exclamó '¡Gracias a Dios que hemos salido de estas honduras!', dando origen —según el relato popular— al nombre del país y al del cabo Gracias a Dios. Sea cierto o no, la costa de Colón quedó ligada para siempre al primer contacto europeo con Honduras.
El departamento como tal fue creado el 19 de diciembre de 1881, durante la administración reformista de Marco Aurelio Soto, agrupando la vieja región de Trujillo y su hinterland caribeño en una nueva unidad administrativa.
La ciudad de Trujillo fue fundada por los españoles en 1525 —la tradición atribuye su fundación a Juan de Medina el 18 de mayo de ese año, por encargo de las huestes de Hernán Cortés—, convirtiéndose en la primera capital de la provincia de Honduras y en sede de su primer obispado. Fue un puerto clave por donde salían la plata y los productos coloniales rumbo a España y por donde entraban las mercancías europeas.
Su importancia la convirtió también en blanco constante de piratas y corsarios ingleses, franceses y holandeses, que la saquearon repetidamente a lo largo de los siglos XVI y XVII, hasta el punto de que la ciudad llegó a ser abandonada y refundada varias veces. La Fortaleza de Santa Bárbara, junto al mar, con sus cañones apuntando a la bahía, recuerda aquellos siglos de asedio y de defensa del Caribe hondureño.
Hoy Trujillo conserva un aire de puerto histórico detenido en el tiempo, con su bahía en forma de herradura, sus playas y su cementerio, testigo de la larga y turbulenta historia del Caribe centroamericano.
En 1797, los garífunas expulsados por los ingleses de la isla de San Vicente y desembarcados primero en Roatán fueron trasladados a la costa continental de Trujillo, que se convirtió así en uno de sus primeros asentamientos en tierra firme y en una de las cunas de la cultura garífuna de Honduras. Desde allí poblaron el litoral hacia el oeste y se extendieron por toda la costa caribeña centroamericana, hasta Belice y Nicaragua.
Trujillo tuvo además un final histórico célebre: el filibustero estadounidense William Walker, que había intentado apoderarse de Centroamérica y llegó a proclamarse presidente de Nicaragua, fue capturado por la marina británica, entregado a las autoridades hondureñas y fusilado en Trujillo el 12 de septiembre de 1860. Su tumba aún se conserva en el cementerio de la ciudad, cerrando una de las páginas más turbulentas de la historia del istmo.
Esa mezcla de garífunas, ladinos y memoria histórica hace de Colón un departamento donde la identidad afrocaribeña convive con la herencia colonial y con episodios que marcaron a toda la región.
En el siglo XX, el fértil valle del río Aguán, en el interior del departamento, se convirtió en una de las grandes zonas de cultivo de banano y, más tarde, de palma africana. El Aguán riega los valles de Sonaguera, Tocoa, Santa Rosa de Aguán y Limón, y sus tierras planas y húmedas atrajeron a compañías fruteras, empresas agroindustriales y a miles de campesinos llegados en oleadas de colonización y de reforma agraria.
Esa riqueza tuvo un costo: el Bajo Aguán es escenario de una larga y dolorosa historia de conflictos por la tenencia de la tierra, con enfrentamientos entre campesinos organizados en cooperativas, empresas palmicultoras y terratenientes. Especialmente desde 2009, la región ha registrado decenas de muertes de dirigentes campesinos y de guardias en uno de los conflictos agrarios más graves de Centroamérica, que ha atraído la atención de organismos internacionales de derechos humanos.
Hoy la palma africana domina el paisaje del valle, en medio de un pulso permanente entre el modelo agroexportador y la lucha de las comunidades por el acceso a la tierra.
La costa de Colón conserva algunas de las playas más tranquilas y menos masificadas del Caribe hondureño, con arena blanca, cocoteros, aldeas garífunas y una atmósfera apacible que la distingue de destinos más turísticos. Trujillo, con su bahía y sus fortalezas, es la base natural para explorar la región.
Entre sus tesoros naturales están el Parque Nacional Capiro y Calentura, sobre las montañas que dominan Trujillo, con bosque tropical y miradores hacia el mar, y el Refugio de Vida Silvestre de la laguna de Guaimoreto, un extenso humedal de manglares que es refugio de aves acuáticas, monos y manatíes. Más al este, hacia La Mosquitia, el departamento se adentra en selvas cada vez más remotas.
Esta combinación de historia fundacional, cultura garífuna, conflictos agrarios y naturaleza caribeña convierte a Colón en uno de los departamentos más singulares y contrastantes de la costa norte de Honduras.