'Agua verde'. Ese es el significado del nombre de Yaxhá en maya, y es una de las pocas ciudades del mundo antiguo que todavía se llama exactamente como la llamaban sus constructores: el glifo emblema de Yaxhá aparece tallado en sus propias estelas, mil años antes de que ningún arqueólogo pusiera un pie en la selva. La mayoría de los grandes sitios mayas perdieron su nombre original y hoy se conocen por topónimos modernos —Tikal, El Mirador— inventados por exploradores. Yaxhá, en cambio, conservó el suyo, el mismo que evoca el color de la laguna que todavía brilla a sus pies cada atardecer. Es un detalle pequeño, pero dice mucho: la de Yaxhá es una historia de continuidad, de una ciudad que nunca dejó del todo de existir.
Yaxhá se levanta sobre una loma en la ribera norte de la laguna homónima, en el corazón de lo que hoy es Petén, Guatemala. Su nombre proviene del maya y se traduce habitualmente como 'agua verde' o 'agua verde-azulada', en alusión al color de la laguna que se extiende a sus pies.A diferencia de muchos sitios cuyos nombres antiguos se perdieron, en Yaxhá el topónimo aparece registrado en inscripciones jeroglíficas con un glifo emblema propio, lo que indica que la ciudad fue una entidad política (un reino o ajawlel) con identidad reconocida en el mundo maya.
La ocupación del lugar es muy antigua. Los primeros asentamientos datan del Preclásico Medio (en torno al 600 a.C.), cuando comunidades agrícolas se establecieron junto a las lagunas, aprovechando el agua, los suelos y la pesca. Durante el Preclásico Tardío (300 a.C. a 250 d.C.) Yaxhá ya era un centro de cierta entidad, con las primeras grandes construcciones ceremoniales. Su posición estratégica entre las lagunas de Yaxhá y Sacnab, y sobre rutas que conectaban el norte de Petén con el río Holmul y las Tierras Bajas centrales, favoreció su crecimiento temprano y la convirtió en un punto de paso para el comercio de bienes como el pedernal, la obsidiana y productos de la selva.
El máximo esplendor de Yaxhá llegó durante el período Clásico (250-900 d.C.), cuando se transformó en una de las ciudades más extensas de las Tierras Bajas mayas, con más de quinientas estructuras catalogadas, entre templos-pirámide, acrópolis, conjuntos palaciegos, calzadas (sacbés), dos juegos de pelota y un conjunto de pirámides gemelas de carácter astronómico, similar a los de Tikal. En su apogeo pudo albergar a decenas de miles de habitantes, lo que la sitúa, en escala, solo por detrás de Tikal y El Mirador dentro del actual territorio guatemalteco.
La historia política de Yaxhá estuvo marcada por su ubicación entre potencias rivales. Mantuvo relaciones cambiantes con Tikal, al oeste, y con Naranjo, al este, en el marco de la gran pugna que enfrentó a Tikal con el reino de Kaan (Calakmul) por la hegemonía de las Tierras Bajas. Las inscripciones y la evidencia arqueológica sugieren períodos de alianza y de conflicto: Yaxhá fue en ocasiones tributaria o subordinada de poderes mayores, y su vecina Naranjo llegó a atacarla. Estas guerras y juegos de alianzas, propios del mundo maya clásico, dejaron su huella en estelas y altares tallados que conmemoran gobernantes, victorias y rituales de fin de período del calendario, varios de los cuales aún pueden verse en el sitio.
Como la mayoría de las grandes ciudades de las Tierras Bajas centrales, Yaxhá entró en declive durante el llamado colapso maya clásico, a lo largo de los siglos VIII y IX d.C. Las causas, todavía debatidas por los especialistas, combinan probablemente sequías prolongadas, sobreexplotación del entorno, presión demográfica y guerras endémicas entre ciudades. Hacia el siglo IX o X, los grandes centros se despoblaron, las cortes reales desaparecieron y la selva fue recuperando templos y plazas.
Sin embargo, la región no quedó del todo vacía. En una pequeña isla de la laguna de Yaxhá floreció Topoxté, un asentamiento que se mantuvo y volvió a crecer durante el Posclásico (después del 1000 d.C.), siendo uno de los pocos centros de las Tierras Bajas centrales con ocupación tardía documentada. Sus templos, de menor tamaño y de un estilo arquitectónico emparentado con el de los mayas itzaes del lago Petén Itzá y con Mayapán en Yucatán, muestran que la tradición urbana maya pervivió en focos aislados mucho después del esplendor clásico. Topoxté pudo seguir habitado hasta vísperas de la llegada española a Petén, una región que los itzaes mantuvieron independiente hasta la caída de su capital, Nojpetén, en 1697.
Yaxhá fue dado a conocer al mundo académico a fines del siglo XIX. El explorador austríaco Teobert Maler lo visitó y documentó hacia 1904, dentro de sus famosas expediciones fotográficas por Petén para el Museo Peabody de la Universidad de Harvard. A lo largo del siglo XX, distintos proyectos cartografiaron y estudiaron el sitio, entre ellos los del propio Maler y, más tarde, trabajos de mapeo sistemático que revelaron la enorme extensión de la ciudad.
Las excavaciones y restauraciones intensivas llegaron sobre todo a partir de las décadas de 1990 y 2000, con un proyecto germano-guatemalteco (la cooperación alemana, junto a instituciones guatemaltecas) que consolidó varias de las grandes estructuras y habilitó el sitio para la visita. En 2003 se creó el Parque Nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo, que protege un amplio territorio de la Reserva de la Biosfera Maya e integra estos tres grandes sitios. Yaxhá alcanzó notoriedad mundial en 2005 al servir de escenario a la temporada estadounidense del reality 'Survivor: Guatemala'. Hoy, gestionado por el CONAP y el IDAEH, es uno de los destinos arqueológicos más valorados de Petén, célebre por su atardecer desde la Estructura 216 y por combinar patrimonio monumental con una naturaleza extraordinaria.
Si hoy Yaxhá tiene un momento estelar, es la puesta de sol desde la Estructura 216, la pirámide más alta del sitio, con unos 37 metros. Conocida como el Templo de las Manos Rojas —por las huellas de manos pintadas de rojo que se hallaron en su interior, junto a una tumba—, corona la Acrópolis Este y ofrece una vista de 360 grados sobre un océano de selva sin fin, con las lagunas gemelas de Yaxhá y Sacnab brillando en la distancia. Cuando el sol baja y el cielo se tiñe de naranja mientras los monos aulladores rompen el silencio con su rugido gutural, se entiende por qué muchos viajeros que han recorrido todo el mundo maya guardan este atardecer como el más memorable de todos.
Esa combinación de monumentalidad y selva casi virgen fue, precisamente, la que llevó a la productora del reality estadounidense 'Survivor' a instalar allí su decimoprimera temporada, 'Survivor: Guatemala – The Maya Empire', emitida en 2005. Millones de espectadores vieron a los concursantes competir entre las ruinas y la jungla de Yaxhá y su vecina Nakum, lo que dio al sitio una proyección internacional inesperada. Para bien o para mal, buena parte de los turistas extranjeros que hoy llegan hasta esta esquina remota de Petén oyeron hablar de Yaxhá por primera vez gracias a ese programa.
Pero su verdadero valor va mucho más allá de la televisión. Yaxhá es la tercera ciudad maya más extensa de Guatemala, después de Tikal y El Mirador, y el corazón de un parque nacional —creado en 2003— que protege también Nakum, Naranjo y Topoxté dentro de la Reserva de la Biosfera Maya. Recibe una fracción de los visitantes de Tikal, lo que permite recorrer sus plazas, calzadas y pirámides casi en soledad, rodeado de tucanes, pavos ocelados y coatíes. Gestionada por el CONAP y el IDAEH, Yaxhá se ha convertido en el secreto mejor guardado de Petén: una ciudad monumental, viva de fauna, donde el visitante todavía puede sentirse, por un rato, un explorador de los de antes.