Mucho antes de que existieran las montañas rusas de Xetulul, esta esquina cálida de Guatemala ya era un lugar donde dos mundos se tocaban. En los cafetales que rodean Retalhuleu, en el sitio de Takalik Abaj, conviven en la piedra dos civilizaciones que la historia suele contar por separado: los olmecas, la 'cultura madre' de Mesoamérica, y los mayas en sus primeros pasos. Ver una cabeza de rasgos olmecas junto a una estela con escritura maya temprana, en el mismo lugar, es asistir al momento en que una civilización pasa la posta a otra. Por eso, en 2023, la UNESCO declaró a Takalik Abaj Patrimonio de la Humanidad.
La región de Retalhuleu, en la fértil bocacosta del Pacífico guatemalteco, fue escenario de algunos de los procesos culturales más antiguos e importantes de Mesoamérica. A pocos kilómetros de la actual ciudad, Takalik Abaj floreció en la transición entre la cultura olmeca y la maya temprana, durante el Preclásico. La abundancia de agua, los suelos volcánicos muy fértiles y la posición de paso entre la costa, las montañas y México convirtieron a esta franja en una zona próspera y densamente poblada desde tiempos remotos.
En el Posclásico y en vísperas de la conquista, el área quedó en la órbita de los pueblos del altiplano occidental, en especial los k'iche' y los mam, que dominaban buena parte del occidente guatemalteco. El propio nombre de Retalhuleu es de origen k'iche' y se ha interpretado de diversas maneras, habitualmente como 'señal sobre la tierra' o expresiones afines, en alusión a marcas o límites territoriales. Esa herencia indígena sigue presente en la composición cultural de la región.
Tras la conquista española del occidente guatemalteco en el siglo XVI, la región de Retalhuleu se integró a la administración colonial como parte de la 'costa' o tierra caliente, dedicada a la agricultura y al abastecimiento. Sin embargo, la verdadera transformación de la zona llegó en el siglo XIX, con la independencia y, sobre todo, con las reformas liberales que impulsaron los cultivos de exportación. Las tierras cálidas y húmedas de la bocacosta resultaron idóneas para el café, que se convirtió en el gran motor económico del país, así como para la caña de azúcar y el hule (caucho), del que la región tomó parte de su identidad agrícola.
La prosperidad cafetalera y agrícola dejó su huella en la ciudad de Retalhuleu, que creció como cabecera departamental y centro comercial de una región rica. Esa bonanza explica el aire señorial de su centro histórico, con un elegante parque central rodeado de palmeras, la Catedral de San Antonio de Padua y un imponente Palacio Municipal de estilo neoclásico, símbolo del orgullo y el progreso local. 'Reu', como la llaman cariñosamente, se ganó fama de ciudad próspera y acogedora dentro de la 'costa cuca' (la zona costera de Quetzaltenango y alrededores).
El auge cafetalero de la Costa Cuca exigía una salida rápida hacia los mercados internacionales, y esa necesidad se resolvió con el ferrocarril: en 1884 se completó el tramo Retalhuleu-Caballo Blanco-Champerico, que conectaba la próspera zona cafetalera con el puerto de Champerico, en el Pacífico. La estación de Retalhuleu, construida en madera de pino traída desde Nueva Orleans, se convirtió en un símbolo de esa modernización y del dinamismo comercial de la región, con sus bodegas, oficinas y salas de espera hoy conservadas como patrimonio histórico de la ciudad.
A la infraestructura ferroviaria se sumó, entre 1902 y 1915, una fuerte inversión de capital alemán: empresarios de esa nacionalidad adquirieron numerosas fincas cafetaleras en la Costa Cuca y sus alrededores —como la finca 'Las Carolinas', en San Martín Zapotitlán, cerca de Retalhuleu—, introduciendo técnicas modernas de cultivo y beneficio del café. Esta presencia alemana, con sus caserones de finca, su arquitectura y sus tradiciones, dejó una huella cultural perdurable en toda la región, visible aún en topónimos, apellidos y costumbres locales.
El año 1902 marcó profundamente a la región de Retalhuleu y a toda la Costa Cuca. En la noche del 18 de abril, el llamado terremoto de San Perfecto sacudió el occidente de Guatemala, causando graves daños en ciudades y fincas. La región apenas comenzaba a recuperarse cuando, el 24 de octubre del mismo año, entró en erupción el volcán Santa María, uno de los episodios volcánicos más violentos del siglo XX en el continente.
La erupción sepultó bajo ceniza volcánica buena parte de las zonas cafetaleras de Xolhuitz, Costa Cuca, Chuvá, Progreso y Tumbador: se calcula que la ceniza cubrió un área de más de 320 kilómetros cuadrados, con espesores de hasta 20 centímetros en algunos puntos, arrasando cultivos y causando pérdidas económicas enormes para los productores de café de la región, entre ellos las fincas alemanas recién establecidas. La reconstrucción posterior, con nueva inversión y renovación de las plantaciones, consolidó sin embargo el perfil agrícola de Retalhuleu para las siguientes décadas del siglo XX.
En las últimas décadas, Retalhuleu ha sumado a su tradicional perfil agrícola y comercial una vocación turística que la ha hecho conocida en toda Centroamérica. El factor decisivo fue la apertura, por parte del IRTRA (Instituto de Recreación de los Trabajadores de la Empresa Privada de Guatemala), de un gran complejo recreativo en las afueras de la ciudad. El parque acuático Xocomil y, más tarde, el parque temático Xetulul —uno de los mayores de su tipo en la región, con plazas que recrean monumentos del mundo y atracciones mecánicas— convirtieron a Retalhuleu en un destino imprescindible del turismo familiar guatemalteco, junto con los hostales del propio instituto.
A este atractivo recreativo se suma el creciente interés por el patrimonio arqueológico: la puesta en valor de Takalik Abaj, con su singular fusión de elementos olmecas y mayas, ha atraído a viajeros interesados en la historia antigua. Así, la moderna Retalhuleu combina su elegante casco histórico heredado de la era del café, su entorno de fincas de la bocacosta, los grandes parques de diversiones y la cercana arqueología, configurando un destino diverso, cálido y muy popular entre las familias del país.