Jutiapa ocupa el extremo sudeste de Guatemala, en la frontera con El Salvador. Apodada 'la cuna del sol' por su clima cálido y soleado, fue territorio de los pueblos xinca, pipil y pupuluca (poupuluca), con asentamientos prehispánicos como Mictlán (El Jutiapa antiguo), y conserva una fuerte identidad del oriente ladino.
Su paisaje mezcla llanuras cálidas cercanas al Pacífico con cerros, volcanes y lagunas de cráter en el interior. Los primeros habitantes, tolteca-pipiles y xincas, se dispersaron desde tiempos prehispánicos por Jutiapa, Santa Rosa y Escuintla, dejando una huella cultural que aún se rastrea en topónimos y tradiciones.
La economía de Jutiapa es fundamentalmente ganadera y agrícola —maíz, sorgo, frijol, caña, tabaco, frutas y café en las alturas— y comercial, favorecida por su condición de paso fronterizo con El Salvador. Sus grandes ferias ganaderas y su tradición de vaqueros y de crianza de caballos marcan la vida del departamento y le dan fama de tierra ranchera.
El municipio de Jutiapa fue conocido en la época hispánica como San Cristóbal Jutiapa; por acuerdo del 8 de mayo de 1852 recibió la categoría de villa, y el 15 de septiembre de 1878, durante la Reforma Liberal, el título de ciudad. El comercio transfronterizo y el paso constante hacia El Salvador siguen siendo un rasgo definitorio de la región.
Jutiapa está salpicada de conos volcánicos y lagunas de cráter que le dan un carácter singular. Entre sus volcanes destacan el Suchitán y el Ixtepeque; de este último se extraía, en tiempos prehispánicos, obsidiana de gran calidad, una piedra volcánica vidriosa con la que los pueblos mesoamericanos fabricaban cuchillos, puntas de flecha y herramientas, y que se comerciaba a larga distancia.
Lagunas como la de Retana, dentro de un antiguo cráter, o la de Güija, compartida con El Salvador, completan un paisaje volcánico de gran belleza. Esa geografía de fuego y agua hace de Jutiapa uno de los departamentos más característicos del suroriente.
Jutiapa es uno de los últimos reductos del pueblo xinca, cuya herencia sobrevive en topónimos, costumbres, gastronomía y comunidades que aún reivindican su identidad y su lengua, hoy casi extinta pero objeto de esfuerzos de revitalización. El pueblo xinca del suroriente guatemalteco mantiene su organización comunitaria y su lucha por el reconocimiento de sus derechos.
Entre la ganadería, la frontera, los volcanes y la raíz xinca, Jutiapa condensa la identidad de un oriente cálido y mestizo, muy distinto del altiplano maya. Su cultura de vaqueros, sus ferias y su clima soleado hacen honor a su apodo de 'cuna del sol'.
La condición fronteriza de Jutiapa, uno de los principales puntos de paso hacia El Salvador, ha marcado su economía y su cultura. Los pasos de Valle Nuevo y San Cristóbal son cruces de gran movimiento comercial, y la vecindad salvadoreña se nota en el habla, la gastronomía y la vida cotidiana de sus municipios fronterizos.
Como el resto del oriente, el departamento ha visto crecer la emigración hacia Estados Unidos, cuyas remesas sostienen a numerosas familias y han transformado pueblos enteros. Ese contacto permanente con el exterior, sumado a su tradición ganadera y a su herencia xinca, hace de Jutiapa un departamento de fronteras —geográficas y culturales— en el extremo sudeste de Guatemala.