Izabal es la única salida de Guatemala al mar Caribe. En torno al lago de Izabal —el mayor del país— y al Río Dulce, que lo comunica con el Atlántico a través de un espectacular cañón de paredes cubiertas de selva, se desarrolló una historia de piratas, contrabando y comercio colonial.
El Golfo Dulce fue durante siglos la principal puerta de entrada y salida del Reino de Guatemala hacia España, por donde se exportaban el añil y la grana. Esa condición estratégica lo convirtió en objetivo de bucaneros ingleses, holandeses y portugueses, que remontaban el río para asaltar los barcos cargados de mercancías coloniales.
Para proteger esa ruta, los españoles levantaron a la entrada del lago una fortificación. Sus orígenes se remontan a una torre de vigilancia de 1573, destruida por los piratas en 1604 y reconstruida como Fuerte Bustamante. En 1651-1652, Antonio de Lara y Mogroviejo lo rediseñó y reforzó, y en honor al rey Felipe IV y al arquitecto recibió el nombre de Castillo de San Felipe de Lara.
El castillo funcionó como fortaleza militar, prisión y aduana, controlando el paso entre el lago de Izabal y el Río Dulce. Con el declive del comercio del añil y el ascenso de otros puertos centroamericanos, perdió importancia y fue abandonado hacia 1817. Restaurado en el siglo XX, es hoy uno de los monumentos coloniales más visitados del país y un símbolo de la lucha contra la piratería en el Caribe.
En la desembocadura del Río Dulce, aislado por tierra y accesible casi solo por agua, se encuentra Livingston (La Buga), el gran centro de la cultura garífuna en Guatemala. Los garífuna son descendientes de africanos y de indígenas caribes, llegados a estas costas a fines del siglo XVIII tras su deportación desde la isla de San Vicente.
Sus habitantes conservan su lengua arahuaca-caribe, su gastronomía —como el tapado, una sopa de mariscos y coco—, y sus tambores y danzas como la punta. La lengua, la danza y la música garífuna fueron proclamadas por la Unesco Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Livingston aporta a Guatemala una raíz afrocaribeña única en el país.
La cabecera, Puerto Barrios, nació a fines del siglo XIX como puerto ligado al ferrocarril y, sobre todo, al banano de la United Fruit Company, que a comienzos del siglo XX convirtió a Izabal en el escenario central de su enorme poder sobre la economía nacional, con sus plantaciones, muelles y vías férreas.
La 'frutera' controlaba el puerto, el ferrocarril y buena parte de la política del país, y su influencia fue determinante en episodios como el golpe de 1954 contra Jacobo Árbenz. Puerto Barrios y el vecino Santo Tomás de Castilla siguen siendo los principales puertos de Guatemala en el Atlántico, por donde entra y sale buena parte del comercio exterior.
En el interior de Izabal, entre plantaciones de banano, se hallan las ruinas mayas de Quiriguá, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981, famosas por sus estelas de piedra —las más altas del mundo maya, algunas de más de diez metros—. Su gobernante K'ak' Tiliw Chan Yopaat las erigió en el siglo VIII, tras un episodio decisivo: en el año 738 capturó y decapitó a Waxaklajuun Ub'aah K'awiil, el rey de la vecina y poderosa Copán, lo que dio a Quiriguá su independencia y esplendor.
De Izabal parte además la ruta hacia las ruinas de Copán, ya del lado hondureño de la frontera, uno de los grandes centros del mundo maya, célebre por su escalinata jeroglífica y sus esculturas. Entre el Caribe garífuna, la selva, los puertos bananeros y la arqueología, Izabal ofrece uno de los perfiles más singulares de Guatemala.