El Progreso se extiende por el valle del río Motagua (o Río Grande), en una de las regiones más secas y calurosas del país, con altitudes que van de unos 245 a los 1.240 metros. Su paisaje árido de matorral espinoso, cactus y cerros pelados forma parte del corredor seco centroamericano, donde las sequías son recurrentes.
Su población es mayoritariamente ladina, con raíces pocomames y pipiles: en municipios como Sansare y Sanarate se documenta la antigua presencia xinca y pipil, y en El Jícaro y Achuapa la de pueblos que producían achiote a gran escala, usado incluso como moneda de intercambio en tiempos prehispánicos.
El Progreso es uno de los departamentos de creación más tardía y accidentada. Fue erigido como departamento por decreto en 1908, durante el gobierno del dictador Manuel Estrada Cabrera, quien le dio el nombre de 'El Progreso' en sintonía con el ideario liberal de la época.
Tras la caída de Estrada Cabrera, el departamento fue disuelto en 1920 y su territorio repartido de nuevo entre Guatemala, Zacapa y Jalapa. Finalmente fue restablecido de forma definitiva en 1934, durante el gobierno de Jorge Ubico, con su cabecera en Guastatoya. Es hoy uno de los departamentos más pequeños y menos poblados del país.
En el municipio de San Agustín Acasaguastlán, en el valle del Motagua, se encuentra el sitio arqueológico de Guaytán, uno de los más importantes del oriente, con estructuras, juego de pelota y evidencias de un antiguo centro que controlaba la ruta comercial del río hacia el Caribe. La zona estuvo ligada a pueblos como los alagüilac, cuya presencia se ha discutido en San Agustín Acasaguastlán.
Ese pasado prehispánico, unido a las raíces pocomames y pipiles, muestra que el valle del Motagua fue desde antiguo un corredor de pueblos y mercancías, aprovechando el río como vía natural entre el altiplano central y las tierras bajas del Atlántico.
La economía de El Progreso se basa en la agricultura de tierra caliente: melón —del que es uno de los grandes productores del país—, tomate, jocote, mango, tabaco y granos básicos, además de la ganadería. La sequedad de su clima obliga a un uso cuidadoso del agua del Motagua y sus afluentes para el riego.
Su ubicación sobre la carretera al Atlántico (CA-9), que une la capital con el oriente y los puertos del Caribe, hace de El Progreso un paso obligado del comercio nacional. El departamento conserva tradiciones religiosas y ferias patronales del oriente ladino, y paisajes áridos de una belleza austera muy característica del corredor seco guatemalteco.
La aridez de El Progreso lo hace especialmente vulnerable a las sequías del corredor seco, que periódicamente arruinan cosechas y agravan la inseguridad alimentaria de las familias campesinas. Al mismo tiempo, sus laderas deforestadas y sus quebradas lo exponen a deslaves e inundaciones súbitas cuando llegan las lluvias intensas y los temporales del Caribe.
Esa doble vulnerabilidad —demasiada sequía o demasiada agua— marca la vida de un departamento pequeño y poco poblado, sostenido por la agricultura, la ganadería y el comercio de paso. Entre Guastatoya, San Agustín Acasaguastlán y sus demás municipios, El Progreso conserva la identidad tranquila y trabajadora del oriente ladino en el corazón del valle del Motagua.