Chiquimula se ubica en el sureste del país, en la frontera con Honduras y El Salvador. Es tierra del pueblo maya chortí, herederos directos del área de influencia de la antigua Copán, la gran ciudad maya que floreció justo del otro lado de la frontera hondureña y cuyo reino, llamado por algunas crónicas 'Payaqui', se extendía por esta región.
Los chortí conservan su lengua y sus tradiciones sobre todo en municipios como Jocotán, Camotán y Olopa, en una zona de montañas secas afectada por recurrentes sequías y hambrunas. Esa raíz maya del oriente distingue a Chiquimula de la mayoría ladina del resto de la región.
El gran símbolo de Chiquimula es Esquipulas, sede del santuario del Cristo Negro, una imagen de Cristo crucificado tallada en madera oscura (bálsamo y naranjo) por el escultor de origen portugués Quirio Cataño. La talla, encargada en 1594 por los vecinos, llegó al pueblo el 9 de marzo de 1595, fecha que marca el inicio oficial de su devoción.
Con el tiempo, el humo de las velas y el roce de millones de fieles oscurecieron aún más la imagen, que la tradición asocia también al color de piel de los pobladores chortí. La devoción creció hasta convertir a Esquipulas en el mayor centro de peregrinación de Centroamérica, con su gran romería del 15 de enero que congrega a fieles de toda la región.
Para albergar la creciente devoción, se construyó a mediados del siglo XVIII, entre 1735 y 1758, un imponente templo de estilo barroco con cuatro torres blancas. En 1961, el papa Juan XXIII elevó el santuario a la categoría de Basílica Menor, consolidando su rango como uno de los grandes centros religiosos del continente.
Cada año, sobre todo en enero y durante la Cuaresma, cientos de miles de peregrinos llegan a Esquipulas desde Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y México, sosteniendo una intensa vida religiosa y comercial que gira en torno a la basílica y a las rutas de peregrinación. El Cristo Negro de Esquipulas es probablemente el símbolo de fe más importante de toda Centroamérica.
En Esquipulas se firmaron además, en los años ochenta, los acuerdos de paz que sentaron las bases del fin de los conflictos armados en Centroamérica. En 1986 se reunió Esquipulas I y, sobre todo, el 7 de agosto de 1987 se firmó Esquipulas II, un plan de pacificación acordado por los cinco presidentes del istmo —entre ellos el guatemalteco Vinicio Cerezo y el costarricense Óscar Arias—.
Aquel esfuerzo diplomático, que buscaba democratización, reconciliación y cese de la ayuda a las fuerzas irregulares, valió a Óscar Arias el Premio Nobel de la Paz de 1987 y abrió el camino que, años después, conduciría a los acuerdos de paz de Guatemala en 1996. El nombre de Esquipulas quedó así ligado tanto a la fe como a la paz centroamericana.
La condición fronteriza de Chiquimula, en el punto donde confluyen Guatemala, Honduras y El Salvador, marcó su comercio y su cultura, con un intenso intercambio de personas y mercancías. La cabecera, Chiquimula, conocida como 'la perla de oriente', es un activo centro comercial regional.
El departamento es también la puerta natural, desde Guatemala, hacia las ruinas mayas de Copán, en Honduras, uno de los grandes centros de la civilización maya, célebre por su escalinata jeroglífica y sus estelas. Entre la herencia chortí, la fe del Cristo Negro, la memoria de la paz y la cercanía de Copán, Chiquimula concentra buena parte de la identidad del oriente guatemalteco.