En una época en que la conquista de América avanzaba a sangre y fuego, un fraile dominico apostó a que estas montañas podían ganarse sin un solo soldado. La región montañosa del centro-norte de Guatemala, habitada por los mayas q'eqchi' y poqomchi', había resistido con tanta fiereza los intentos militares españoles que llegó a ser conocida como 'Tezulutlán' o 'Tierra de Guerra'. Que hoy se llame Verapaz —'verdadera paz'— y que Cobán sea su capital es el resultado directo de aquella apuesta insólita. La historia de la ciudad es inseparable de uno de los episodios más singulares de toda la conquista. Tras los fracasos de las armas, el fraile dominico Bartolomé de las Casas, célebre defensor de los pueblos indígenas, propuso a la Corona un experimento radical: conquistar la zona únicamente por medios pacíficos, mediante la predicación y sin soldados.
Hacia 1537-1538, los dominicos firmaron un acuerdo con la autoridad colonial y emprendieron la evangelización de la región valiéndose de la lengua de los nativos, de cantos doctrinales y de la mediación de comerciantes indígenas cristianizados. El proyecto tuvo éxito suficiente como para que la Corona reconociera la pacificación: la región pasó a llamarse 'Verapaz' ('verdadera paz'), nombre que conserva hasta hoy en los departamentos de Alta y Baja Verapaz. En ese contexto se fundó Cobán, que el emperador Carlos V honró otorgándole el título de Ciudad Imperial. La población q'eqchi' fue reasentada en pueblos de indios bajo administración dominica, sentando las bases de la actual ciudad.
Durante el período colonial, Cobán y las Verapaces se desarrollaron bajo el control casi exclusivo de la orden dominica, que administró la región con notable autonomía respecto del resto de la Capitanía General de Guatemala. Esta administración religiosa, sumada al difícil acceso por las montañas y el clima nuboso, mantuvo a la zona relativamente aislada del centro político del reino, asentado en el valle de la actual Antigua y luego en la Nueva Guatemala.
Ese aislamiento tuvo una consecuencia cultural duradera: la fuerte pervivencia de la identidad y la lengua q'eqchi', que hoy sigue siendo dominante en la región. A diferencia de otras zonas más mestizadas, en Alta Verapaz la cultura maya se mantuvo muy viva en la vida cotidiana, las costumbres, la indumentaria y la religiosidad, en la que se fundieron el catolicismo dominico y las creencias mayas en un sincretismo característico. La catedral de Santo Domingo y el santuario de El Calvario son testimonio de esa larga presencia religiosa y de la devoción popular que aún late en la ciudad.
El siglo XIX transformó radicalmente a Cobán. Tras la independencia de Centroamérica y las reformas liberales que abrieron el país a la inversión extranjera y al cultivo del café, las fértiles y húmedas tierras de Alta Verapaz resultaron ideales para el grano. A partir de la segunda mitad del siglo y, sobre todo, hacia las décadas finales, llegó una numerosa colonia de inmigrantes alemanes que adquirió grandes fincas y desarrolló una próspera industria cafetalera orientada a la exportación, en buena parte hacia el propio mercado alemán.
Los colonos alemanes imprimieron un sello inconfundible a la ciudad: levantaron casonas y fincas de estilo europeo, introdujeron tecnología y modos de vida que dieron a Cobán fama de ciudad cosmopolita y próspera, y vincularon estrechamente su economía con Alemania, incluso a través de un ferrocarril y una ruta de salida del café hacia el Caribe por el río Polochic y el lago de Izabal. Aquella época dorada terminó abruptamente con la Segunda Guerra Mundial: bajo presión de los aliados, el gobierno guatemalteco expropió numerosas fincas alemanas y expulsó o internó a muchos de sus propietarios, en torno a 1941-1944. Pese a ello, la huella alemana en la arquitectura, los apellidos, la gastronomía y la cultura cafetalera de Cobán perdura hasta hoy.
Para entender hasta qué punto la era del café transformó Cobán, basta un dato asombroso: a comienzos del siglo XX, buena parte de la ciudad hablaba alemán, se editaban periódicos en esa lengua y algunas familias mandaban a sus hijos a estudiar a Europa. La riqueza cafetalera de Alta Verapaz no salía por la capital —demasiado lejos y con caminos imposibles— sino hacia el norte: el grano bajaba por el valle del río Polochic hasta el lago de Izabal y de allí, por el Caribe, cruzaba el Atlántico rumbo a los puertos de Hamburgo y Bremen. Para agilizar ese comercio se construyó el Ferrocarril Verapaz, una línea que unió las fincas y bodegas con el embarcadero fluvial de Panzós, sobre el Polochic.
Aquel eje —fincas, ferrocarril, río y mar— hizo de Cobán una de las ciudades más prósperas y cosmopolitas de la Guatemala de entonces, con una élite empresarial germano-guatemalteca que dominaba la economía regional. La bonanza dejó edificios, marcas comerciales, técnicas de beneficiado del café y hasta un mestizaje de apellidos que todavía se leen en la guía telefónica cobanera. Pero la Segunda Guerra Mundial cortó ese mundo de raíz: entre 1941 y 1944, presionado por Estados Unidos, el gobierno guatemalteco expropió las fincas alemanas y deportó o internó a muchos de sus dueños por considerarlos ciudadanos de una potencia enemiga. El Ferrocarril Verapaz terminó desmantelado a mediados de siglo, y la 'pequeña Alemania tropical' quedó como un recuerdo, aunque su impronta sobrevive en el paisaje y la identidad de la ciudad.
Tras el fin de la era de las grandes fincas alemanas, Cobán fue creciendo como cabecera departamental de Alta Verapaz y centro administrativo, comercial y de servicios de una región que sigue siendo eminentemente agrícola: café, cardamomo (del que Guatemala es uno de los mayores exportadores mundiales), pimienta y otros cultivos de altura. El conflicto armado interno que vivió Guatemala en la segunda mitad del siglo XX afectó duramente a las comunidades q'eqchi' de la región, una de las páginas más dolorosas de su historia reciente.
En las últimas décadas, Cobán se ha consolidado como un destino turístico de creciente importancia, gracias a la espectacular naturaleza de las Verapaces —Semuc Champey, las grutas de Lanquín, la laguna de Lachuá, el Biotopo del Quetzal— y a su propia identidad cultural. La ciudad es además sede de eventos célebres en todo el país, como el Festival Folclórico Nacional y la elección de la Rabín Ajau (representante de la mujer indígena), que se celebran durante las fiestas patronales de finales de julio y reúnen a delegaciones de los pueblos mayas de toda Guatemala. Hoy Cobán combina su pasado dominico, su herencia alemana cafetalera y su fuerte raíz q'eqchi' en una ciudad de montaña con personalidad propia.