Mucho antes de que existiera ciudad colonial alguna, el valle donde hoy se levanta la capital de Guatemala ya era un importante centro de poder. En lo que hoy es la Zona 7 de la ciudad floreció Kaminaljuyú, una de las grandes ciudades del mundo maya en el Altiplano. Su nombre, en idioma k'iche', suele traducirse como 'cerro de los muertos' o 'colina de los muertos', un nombre dado en tiempos posteriores a sus impresionantes montículos funerarios.
Kaminaljuyú tuvo una ocupación larguísima, que abarcó buena parte del período Preclásico y se extendió al Clásico maya. En su apogeo fue una urbe extensa y populosa, con cientos de montículos, plataformas y plazas, y una sociedad compleja capaz de erigir monumentos, tallar estelas con inscripciones y mantener redes de intercambio a larga distancia. A diferencia de las ciudades del Petén, construidas en piedra caliza, Kaminaljuyú se levantó en gran parte con tierra y adobe, por lo que hoy sus restos tienen forma de colinas y montículos más que de pirámides imponentes.
Su importancia fue tal que mantuvo vínculos con la lejana Teotihuacán, la gran metrópoli del centro de México, cuya influencia se nota en parte de su arquitectura y sus objetos. Kaminaljuyú controlaba además recursos valiosos, como la obsidiana de las cercanías, fundamental para el comercio mesoamericano. De sus tumbas y ofrendas salieron piezas magníficas de jade, cerámica y escultura, hoy tesoros de los museos de la capital. Conocer su historia recuerda que el valle de la ciudad fue un centro maya de primer orden milenios antes de la fundación española.
La actual Ciudad de Guatemala es la cuarta capital que ha tenido el país en la época histórica, fruto de una larga sucesión de traslados motivados sobre todo por desastres naturales. Tras la conquista, los españoles establecieron su primera capital en 1524 junto a Iximché, la ciudad de los kaqchikeles, pero la alianza se rompió pronto y hubo que buscar otro sitio.
La capital se trasladó luego al valle de Almolonga, al pie del Volcán de Agua, donde se fundó Santiago de los Caballeros de Guatemala (en la actual Ciudad Vieja). Pero en 1541, tras fuertes lluvias y un alud de agua y lodo que bajó del volcán, la ciudad quedó destruida y muchos de sus habitantes murieron. Hubo que mudarse nuevamente.
La tercera capital se estableció en el valle de Panchoy: la Santiago de los Caballeros que hoy conocemos como Antigua Guatemala. Durante más de dos siglos fue una de las ciudades más importantes y bellas de la América española, sede de la Capitanía General de Guatemala, con universidad, imprenta, conventos y palacios. Pero estaba en una región sísmica, y los terremotos la golpearon una y otra vez. El golpe definitivo llegó con los terremotos de Santa Marta, en 1773, que causaron enormes daños y llevaron a las autoridades a decidir, una vez más, el traslado de la capital a un valle considerado más seguro: el Valle de la Ermita, donde nacería la ciudad actual.
Tras los terremotos de Santa Marta de 1773, que destruyeron buena parte de la antigua capital, las autoridades coloniales encabezadas por el capitán general Martín de Mayorga decidieron trasladar la ciudad a un nuevo emplazamiento. La elección recayó en el Valle de la Ermita (también llamado Valle de la Virgen o de las Vacas), considerado más amplio y, en teoría, menos expuesto a los desastres que habían arruinado la Antigua.
El traslado no fue sencillo ni pacífico: muchos vecinos, autoridades religiosas y comerciantes se resistían a abandonar la próspera Santiago, lo que dio lugar a un largo enfrentamiento entre los 'terronistas' (partidarios del traslado) y quienes querían quedarse. Finalmente, la Corona impuso la mudanza. La nueva ciudad se fundó oficialmente con el nombre de Nueva Guatemala de la Asunción el 2 de enero de 1776, y se trazó siguiendo el modelo de cuadrícula colonial, con su plaza mayor, su catedral y sus edificios de gobierno.
Durante las décadas siguientes se levantaron lentamente los grandes edificios y se trasladaron imágenes, retablos y obras de arte desde la Antigua. La Nueva Guatemala se convirtió en la capital de la Capitanía General de Guatemala, que abarcaba buena parte de Centroamérica. Sería desde aquí que, en 1821, se proclamaría la independencia de toda la región respecto de España, abriendo un nuevo capítulo en la historia del país y de la ciudad.
La Nueva Guatemala de la Asunción tuvo un protagonismo histórico inmediato. Fue en esta ciudad donde, el 15 de septiembre de 1821, se firmó el Acta de Independencia de Centroamérica, por la que la Capitanía General de Guatemala se separaba de España. Aquel documento, firmado en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, marcó el nacimiento político de las naciones centroamericanas.
Tras un breve período de anexión al Imperio Mexicano de Iturbide, las antiguas provincias formaron las Provincias Unidas del Centro de América (luego República Federal de Centroamérica), con la Ciudad de Guatemala como una de sus sedes principales. La federación, sin embargo, fue inestable y terminó por disolverse hacia 1838-1840, en medio de guerras civiles entre liberales y conservadores. A partir de entonces, la Ciudad de Guatemala quedó como capital de la República de Guatemala, ya como Estado independiente.
Durante el siglo XIX, la ciudad fue el escenario de los grandes vaivenes políticos del país: el largo régimen conservador de Rafael Carrera, la Reforma Liberal de 1871 encabezada por Justo Rufino Barrios —que transformó la economía con el auge del café y modernizó el Estado— y, hacia fin de siglo, el inicio del largo y autoritario gobierno de Manuel Estrada Cabrera. La capital fue creciendo, dotándose de teatros, parques, monumentos y servicios, y consolidándose como el centro indiscutido de la vida nacional.
El siglo XX fue, para la Ciudad de Guatemala, un siglo de catástrofes naturales y de crecimiento vertiginoso. La ciudad, asentada en una región tectónicamente muy activa, sufrió varios terremotos devastadores. Los terremotos de 1917-1918, una serie de sismos que se prolongaron durante semanas, derribaron gran parte de los edificios coloniales que aún quedaban del traslado de 1776 y obligaron a una primera gran reconstrucción.
Muchos de los edificios emblemáticos que hoy vemos en el Centro Histórico datan precisamente de las décadas siguientes, ya en estilos del siglo XX. El monumental Palacio Nacional de la Cultura, por ejemplo, se construyó entre 1939 y 1943 durante el gobierno del general Jorge Ubico, convirtiéndose en el símbolo del poder y en una de las obras arquitectónicas más imponentes de la ciudad.
El golpe más reciente y trágico llegó el 4 de febrero de 1976, cuando un fortísimo terremoto sacudió el país y causó decenas de miles de muertos, cientos de miles de heridos y una enorme destrucción, especialmente en la capital y el altiplano central. La reconstrucción posterior cambió el rostro de muchos barrios. A lo largo del siglo, además, la ciudad creció de manera acelerada y muchas veces desordenada, absorbiendo migración del campo —agravada por el conflicto armado interno (1960-1996)— y expandiéndose sobre los barrancos circundantes, lo que dio forma a la enorme y contrastada metrópoli actual.
Buena parte de la historia reciente de la Ciudad de Guatemala está marcada por el conflicto armado interno que vivió el país entre 1960 y 1996, una larga guerra entre el Estado y la guerrilla que dejó cientos de miles de muertos y desaparecidos, en su mayoría población indígena y campesina. La capital fue el centro del poder político y militar durante esos años y también escenario de represión, desapariciones y luchas sociales. La memoria de aquella tragedia está hoy presente en la ciudad: en las columnas del atrio de la Catedral Metropolitana están grabados los nombres de miles de víctimas y desaparecidos, y en el Palacio Nacional de la Cultura una rosa se renueva cada día en el monumento a la paz.
El conflicto terminó con la firma de los Acuerdos de Paz Firme y Duradera, el 29 de diciembre de 1996, precisamente en la Ciudad de Guatemala. Aquel acto, celebrado en la Plaza de la Constitución y en el Palacio Nacional, cerró una de las etapas más dolorosas de la historia del país y abrió un proceso de reconciliación que todavía continúa.
La Ciudad de Guatemala contemporánea es una metrópoli enorme, contrastada y vital: el principal centro económico, financiero, político y cultural de toda Centroamérica. Conviven en ella el casco histórico con sus edificios cargados de memoria, los barrios populares, las zonas residenciales y financieras de torres modernas como la Zona 10, y polos culturales y gastronómicos como el 4 Grados Norte. Para el viajero, es la puerta de entrada al país y un lugar donde se palpa, en pocas cuadras, toda la complejidad de la historia guatemalteca.