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Historia de Provenza (Aviñón)

De los celtas a la Roma antigua

Mucho antes de que los papas la convirtieran en capital de la cristiandad, Aviñón ya era un enclave habitado desde tiempos remotos. Su nombre deriva de 'Avennio', la ciudad de la tribu celto-ligur de los cavares, que se asentaron sobre el peñón rocoso (el actual Rocher des Doms) que domina el río Ródano. La posición era inmejorable: una roca defensiva junto a un gran río navegable, en un cruce natural de rutas entre el Mediterráneo y el interior de la Galia.

Con la conquista romana de la región, Aviñón se integró en la Galia Narbonense, la próspera provincia romana del sur que los romanos consideraban casi una prolongación de Italia. Toda esta zona —la actual Provenza— debe precisamente su nombre a que fue 'la Provincia' romana por excelencia ('Provincia Romana'), y se llenó de ciudades, calzadas, teatros, anfiteatros y acueductos, muchos de los cuales todavía se conservan. No lejos de Aviñón, los romanos levantaron obras maestras de la ingeniería como el Pont du Gard, el acueducto que llevaba agua a Nimes, o los monumentos de Arlés y Orange.

Durante siglos, Aviñón fue una ciudad romana de tamaño medio, a orillas del Ródano. Tras la caída del Imperio, la región pasó por manos de distintos pueblos —visigodos, ostrogodos, francos, y sufrió incursiones sarracenas—, y Aviñón conoció épocas de decadencia y de recuperación. En la Edad Media formó parte de distintas entidades políticas y llegó a ser una comuna con cierta autonomía, hasta quedar bajo la órbita de los condes de Provenza y de Toulouse. Nada hacía prever aún el papel extraordinario que la ciudad estaba a punto de desempeñar.

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El papado de Aviñón (1309-1377): la capital de la cristiandad

El acontecimiento que cambió para siempre el destino de Aviñón ocurrió a comienzos del siglo XIV. A principios de 1300, la ciudad de Roma era un lugar inseguro y convulso: las luchas entre familias nobles, la violencia y la inestabilidad hacían muy difícil el gobierno de la Iglesia. En ese contexto, y bajo la fuerte influencia de la monarquía francesa, el papa Clemente V —un francés, antiguo arzobispo de Burdeos— decidió en 1309 no instalarse en Roma y establecer la corte pontificia en el sur de Francia. Poco después, la sede se fijó en Aviñón.

Comenzaba así el 'papado de Aviñón', que duraría casi setenta años, de 1309 a 1377, y durante el cual se sucedieron siete papas, todos franceses: Clemente V, Juan XXII, Benedicto XII, Clemente VI, Inocencio VI, Urbano V y Gregorio XI. Aviñón se convirtió en el centro del mundo cristiano occidental: hacia ella confluían embajadas, peregrinos, banqueros, artistas y clérigos de toda Europa. La pequeña ciudad provenzal creció de forma vertiginosa, se llenó de palacios y de gente, y acumuló una riqueza inmensa.

El símbolo de aquel esplendor es el Palacio de los Papas, levantado sobre todo entre 1335 y 1352 por los papas Benedicto XII y Clemente VI: una fortaleza-palacio colosal, la mayor construcción gótica de Europa, mitad castillo defensivo, mitad residencia suntuosa. Alrededor se construyeron las grandes murallas que todavía rodean el casco antiguo. No todos veían con buenos ojos aquel traslado: el poeta Petrarca, que vivió en la zona, criticó con dureza la vida lujosa y mundana de la corte papal y llamó a aquel periodo la 'cautividad de Babilonia' de la Iglesia, comparándolo con el exilio del pueblo judío. La expresión hizo fortuna y todavía se usa para referirse a esta época.

https://es.wikipedia.org/wiki/Papado_de_Avi%C3%B1%C3%B3nhttps://en.wikipedia.org/wiki/Avignon_Papacy

El Gran Cisma y la ciudad papal hasta la Revolución

En 1377, el papa Gregorio XI decidió por fin devolver la sede pontificia a Roma, poniendo término al papado de Aviñón. Pero su muerte, poco después, desató una de las mayores crisis de la historia de la Iglesia. En 1378, una parte del clero eligió en Roma a un papa (Urbano VI) y otra parte, descontenta, eligió a un papa rival que volvió a instalarse en Aviñón. Comenzaba así el Gran Cisma de Occidente (1378-1417), durante el cual la cristiandad estuvo dividida entre dos —y por momentos tres— papas simultáneos, cada uno con sus partidarios entre los reinos de Europa.

Aviñón volvió a ser sede de una corte pontificia rival, la de los llamados 'antipapas' de Aviñón, entre ellos Clemente VII y, sobre todo, Benedicto XIII, el aragonés Pedro de Luna, que resistió obstinadamente en el Palacio de los Papas incluso cuando casi toda Europa le había retirado su apoyo, hasta que fue asediado y tuvo que huir a comienzos del siglo XV. El Cisma se resolvió finalmente en el Concilio de Constanza (1414-1418), que depuso a los papas en disputa y eligió a uno solo, reunificando la Iglesia con sede en Roma.

Aunque los papas ya no residieran en ella, Aviñón no volvió a Francia. La ciudad y su comarca circundante, el Comtat Venaissin, siguieron perteneciendo a los Estados Pontificios, es decir, al dominio directo del papa, durante más de cuatro siglos. Gobernada por legados y vicelegados papales, Aviñón fue un curioso enclave de la Iglesia dentro del reino de Francia, con su propia administración y un ambiente cosmopolita. Esta situación singular solo terminó con la Revolución Francesa: en 1791, tras votaciones y no pocas tensiones, Aviñón y el Comtat Venaissin fueron anexionados a Francia, de la que forman parte desde entonces.

https://es.wikipedia.org/wiki/Cisma_de_Occidentehttps://en.wikipedia.org/wiki/Avignon

La Provenza de la luz: pintores, poetas y campos de lavanda

Más allá de la historia papal de Aviñón, la región que la rodea —la Provenza— tiene una identidad cultural poderosísima. Es una tierra de luz intensa y clara, de colinas cubiertas de olivos, viñedos, cipreses y campos de lavanda, de pueblos de piedra encaramados en las peñas y de un modo de vida mediterráneo que ha fascinado a viajeros y artistas durante generaciones. El mistral, el fuerte viento del norte que barre el valle del Ródano, forma parte también del carácter de la región.

En el siglo XIX, la Provenza vivió un renacimiento de su lengua y su cultura propias, el occitano provenzal, impulsado por el movimiento del Félibrige y por su figura mayor, el poeta Frédéric Mistral, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1904 y dedicó su vida a preservar la lengua y las tradiciones provenzales. Por esos mismos años, la luz de la Provenza atrajo a algunos de los pintores más grandes de la historia. Vincent van Gogh pintó en Arlés y en Saint-Rémy-de-Provence algunas de sus obras más célebres, deslumbrado por los colores y la luz del sur; Paul Cézanne, nacido en la cercana Aix-en-Provence, pintó una y otra vez la montaña de Sainte-Victoire.

Los campos de lavanda, que florecen en violeta entre junio y julio en mesetas como Valensole y Sault, se convirtieron con el tiempo en la imagen icónica de la Provenza, aunque su cultivo intensivo es relativamente reciente. La región es también célebre por su gastronomía —el aceite de oliva, las hierbas, los vinos de Côtes du Rhône y Châteauneuf-du-Pape, el melón de Cavaillon— y por sus mercados coloridos. Toda esta riqueza cultural y paisajística es la que hace de Aviñón mucho más que una ciudad monumental: la puerta de entrada a una de las regiones más queridas de Francia.

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Aviñón hoy: Patrimonio de la Humanidad y capital del teatro

El Aviñón contemporáneo vive, en buena medida, de su extraordinaria herencia histórica. En 1995, el centro histórico de la ciudad —el Palacio de los Papas, el conjunto episcopal, el puente de Saint-Bénézet y las murallas medievales— fue inscrito en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, en reconocimiento a su valor excepcional como testimonio del papel de Aviñón como capital de la cristiandad en el siglo XIV y como ejemplo notable de arquitectura gótica.

Pero Aviñón no es solo un museo de piedra. Desde 1947, cuando el director de teatro Jean Vilar organizó una 'semana de arte dramático' en la Cour d'honneur del Palacio de los Papas, la ciudad se ha convertido en una de las capitales mundiales del teatro. El Festival de Aviñón, que se celebra cada mes de julio, es hoy uno de los acontecimientos escénicos más importantes y prestigiosos del planeta, con la muralla y el patio del palacio como escenario mítico. A su alrededor creció el gigantesco festival 'OFF', que llena la ciudad de cientos de compañías y espectáculos. Durante unas semanas, Aviñón se transforma por completo: cada plaza, iglesia y patio se convierte en teatro.

El resto del año, Aviñón es una ciudad provenzal viva y agradable, con su universidad, sus mercados, sus terrazas en la Place de l'Horloge y su papel de capital turística de la región. Bien conectada por el TGV con París, Lyon y Marsella, funciona como base ideal para descubrir la Provenza: los pueblos del Luberon, los campos de lavanda, el Pont du Gard, Arlés y Nimes. Pocas ciudades condensan como Aviñón tantas capas de historia —romana, medieval, papal— y tanta vitalidad cultural presente, todo dentro de sus murallas doradas a orillas del Ródano.

https://whc.unesco.org/es/list/228https://en.wikipedia.org/wiki/Avignon

📚 Bibliografía

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