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Historia de Burdeos

Burdigala: la ciudad romana del vino

La historia de Burdeos empieza junto al agua. Hacia el siglo III a.C., la tribu gala de los bituriges vivisces se instaló en una curva del río Garona, en un lugar de marismas y buen puerto natural, y fundó un asentamiento llamado Burdigala. El nombre parece proceder de raíces aquitanas que evocan un 'abrigo' junto al 'pantano', una descripción exacta del sitio: una ciudad protegida en el recodo de un gran río navegable, con salida al Atlántico.

Con la conquista romana, Burdigala prosperó rápidamente. En el año 70 d.C., el emperador Vespasiano la convirtió en capital de la provincia de Aquitania, y la ciudad se llenó de monumentos, termas y templos; de aquella época se conserva todavía el Palais Gallien, los restos de un gran anfiteatro romano. Fue una ciudad rica y culta: allí nació y enseñó, en el siglo IV, el poeta Ausonio, preceptor del emperador Graciano, que dejó versos elogiando su ciudad natal, sus aguas y sus viñas.

Y es que fue precisamente entonces, en los primeros siglos de nuestra era, cuando se plantaron en las laderas del Garona las primeras vides que darían origen al viñedo bordelés. Aquellos romanos no podían imaginar que estaban sembrando la que sería, dos mil años después, la seña de identidad absoluta de la ciudad. Ya en la Antigüedad, el vino de Burdigala comenzó a exportarse por vía fluvial y marítima: desde el principio, el destino de Burdeos estuvo ligado al río, al mar y al vino, una trilogía que atravesaría toda su historia.

https://es.wikipedia.org/wiki/Burdeoshttps://fr.wikipedia.org/wiki/Histoire_de_Bordeauxhttps://www.musee-aquitaine-bordeaux.fr/

Leonor de Aquitania y los tres siglos ingleses

El acontecimiento que marcó el destino medieval de Burdeos fue un matrimonio. En 1152, Leonor de Aquitania —duquesa de Aquitania, una de las mujeres más poderosas y fascinantes de la Edad Media, recién anulado su matrimonio con el rey de Francia— se casó con Enrique Plantagenet, conde de Anjou. Dos años después, en 1154, Enrique se convirtió en rey de Inglaterra como Enrique II. Por ese enlace, Burdeos y toda Aquitania quedaron bajo el dominio de la corona inglesa, y así permanecerían durante tres siglos, hasta 1453.

Lejos de ser una desgracia, aquella dependencia de Inglaterra fue una edad de oro comercial para Burdeos. El vino de la región encontró en el mercado inglés un cliente insaciable: el 'claret' (el clarete bordelés) se convirtió en la bebida de moda en Inglaterra y en el norte de Europa. Cada otoño, flotas enteras partían del puerto del Garona cargadas de barricas rumbo a Londres, Flandes y los puertos hanseáticos. En pleno apogeo, hacia mediados del siglo XV, cerca de un millón de hectolitros de vino salían cada año de Burdeos hacia Inglaterra y el mar del Norte, la inmensa mayoría de la producción regional. La ciudad obtuvo privilegios comerciales, autonomía y prosperidad. Es revelador que, ya entonces, el vino bordelés tomara el camino del Atlántico y no el de París: Burdeos miraba al mar, no al interior de Francia.

Este largo período inglés terminó con la Guerra de los Cien Años. En 1453, la batalla de Castillon, librada muy cerca de la ciudad, supuso la derrota inglesa definitiva y la reincorporación de Aquitania al reino de Francia. Fue un cambio traumático para una Burdeos que se sentía próspera bajo los ingleses y que perdió parte de sus privilegios y de su mercado principal. El rey de Francia, desconfiado, hizo construir fortalezas para vigilar a la ciudad. Burdeos tardaría tiempo en recuperar su esplendor, pero el vínculo comercial con el mundo anglosajón quedó grabado para siempre en su cultura del vino.

https://es.wikipedia.org/wiki/Leonor_de_Aquitaniahttps://fr.wikipedia.org/wiki/Histoire_de_Bordeauxhttps://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Castillon

El siglo XVIII: comercio atlántico, esplendor y esclavitud

El siglo XVIII fue la verdadera edad de oro de Burdeos y, a la vez, su capítulo más incómodo. La ciudad se convirtió en uno de los grandes puertos del comercio atlántico francés, enriquecida por el tráfico con las colonias de las Antillas: azúcar, café, cacao, algodón e índigo producidos en las plantaciones del Caribe entraban por el Garona y se redistribuían por toda Europa. De ese comercio salieron las inmensas fortunas de los négociants (grandes comerciantes) que financiaron la transformación urbana de la ciudad.

Esa prosperidad tuvo un cimiento oscuro que hoy Burdeos reconoce abiertamente: la trata de personas esclavizadas. Desde comienzos del siglo XVIII y, sobre todo, en las décadas previas a la Revolución, armadores bordeleses participaron directamente en el comercio triangular: sus barcos llevaban armas y tejidos a las costas de África, deportaban desde allí a personas esclavizadas hacia las colonias americanas y regresaban cargados con los productos de las plantaciones. Se han documentado alrededor de 480 expediciones negreras armadas en Burdeos, que deportaron a unas 150.000 personas. A ello se sumaba la riqueza, aún mayor, generada por el comercio de los productos coloniales cultivados por esclavos. La ciudad fue uno de los principales puertos negreros de Francia, y buena parte de su patrimonio dieciochesco se levantó, directa o indirectamente, sobre esos beneficios. Desde hace años, Burdeos afronta esta memoria: hay placas en los muelles, salas dedicadas en el Museo de Aquitania y espacios de memoria que nombran los hechos sin eufemismos.

Mantener juntas estas dos verdades —el esplendor arquitectónico y la fortuna esclavista que lo hizo posible— es hoy parte de una visita honesta a Burdeos. La belleza de sus fachadas de piedra dorada no puede separarse de la historia atlántica, colonial y esclavista que financió aquel siglo de oro.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Traite_n%C3%A9gri%C3%A8re_%C3%https://www.memoire-esclavage-bordeaux.fr/histoirehttps://www.musee-aquitaine-bordeaux.fr/

La ciudad de piedra dorada

Con la riqueza del comercio atlántico, el siglo XVIII dio a Burdeos el rostro que hoy admiramos y que la Unesco protege. Bajo el impulso de una sucesión de intendentes reales ilustrados —los Boucher, los Tourny—, la ciudad medieval, encerrada tras sus murallas y de espaldas al río, se abrió y se embelleció con un urbanismo monumental de líneas clásicas.

La obra más emblemática de ese cambio de mentalidad fue la Place Royale, hoy Place de la Bourse, construida entre 1730 y 1775 según los planos del arquitecto real Ange-Jacques Gabriel. Por primera vez, Burdeos derribó tramos de muralla para mostrar al Garona una fachada armoniosa y elegante: la ciudad dejaba de temer al río para presumir ante él. Al mismo tiempo se trazaron amplias plazas, se alineó el frente de los muelles con kilómetros de fachadas uniformes de piedra caliza local —esa piedra rubia que da a Burdeos su luz dorada— y se levantaron edificios como el Gran Teatro (Grand Théâtre), inaugurado en 1780, una joya del neoclasicismo con su gran columnata y su escalinata interior.

El resultado fue uno de los conjuntos urbanos del siglo XVIII más completos y coherentes de Europa, un manual vivo de arquitectura clásica. Durante mucho tiempo, sin embargo, ese patrimonio quedó ennegrecido por la contaminación y el paso del tiempo, y Burdeos arrastró fama de ciudad gris y adormecida. Habría que esperar al cambio de milenio para que una gran campaña de limpieza de fachadas, la peatonalización del centro, la vuelta de los muelles a la ciudad y la llegada del tranvía moderno devolvieran a la piedra su color original y revelaran, bajo el hollín, a una de las ciudades más bellas de Francia.

https://whc.unesco.org/en/list/1256/https://fr.wikipedia.org/wiki/Histoire_de_Bordeauxhttps://www.bordeaux.fr/bordeaux-port-de-la-lune-patrimoine-

Tres veces capital de Francia y renacimiento

Hay un dato que sorprende a muchos visitantes: Burdeos fue capital provisional de Francia en tres ocasiones, siempre en momentos en que París se vio amenazada por la guerra. La primera vez fue en 1870-1871, durante la guerra franco-prusiana, cuando el gobierno y la Asamblea se trasladaron al suroeste ante el avance alemán sobre París. La segunda, en septiembre de 1914, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, cuando el ejército alemán volvió a acercarse peligrosamente a la capital y el gobierno francés se instaló brevemente en Burdeos. Y la tercera, en junio de 1940, en los dramáticos días de la caída de Francia ante la Alemania nazi: fue en Burdeos donde el gobierno se refugió antes del armisticio y del comienzo de la ocupación. Su posición lejos del frente, bien comunicada y con puerto atlántico, hizo de la ciudad un refugio natural del Estado francés en apuros.

El siglo XX trajo también sombras: durante la Segunda Guerra Mundial, la costa y el estuario fueron fortificados por los alemanes, que construyeron en el puerto una gran base de submarinos, y la comunidad judía de la ciudad sufrió la persecución y las deportaciones del régimen de Vichy y de los ocupantes. Tras la guerra, Burdeos vivió décadas de cierta modorra, marcada por la larga alcaldía del político Jacques Chaban-Delmas.

El renacimiento llegó a partir de los años 2000. La limpieza de las fachadas, la recuperación de los muelles como paseo público, la peatonalización del centro, la inauguración del tranvía en 2003 y, más tarde, del Miroir d'eau (2006) y de la Cité du Vin (2016), transformaron por completo la imagen de la ciudad. El reconocimiento llegó en 2007, cuando la Unesco inscribió el centro histórico —el 'Port de la Lune', el Puerto de la Luna, así llamado por la media luna que dibuja el Garona— en la lista del Patrimonio Mundial, el mayor conjunto urbano protegido de este tipo. Y en 2017, la llegada de la línea de alta velocidad que puso París a poco más de dos horas terminó de consagrar a Burdeos como uno de los destinos favoritos de Francia. La Bella Durmiente, por fin, se despertó.

https://en.wikipedia.org/wiki/Bordeauxhttps://whc.unesco.org/en/list/1256/https://fr.wikipedia.org/wiki/Histoire_de_Bordeaux

📚 Bibliografía

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