Viajá con Gus
InicioFranciaBiarritzHistoria
Historia · origen · formación

Historia de Biarritz

Del arpón ballenero a la corona imperial

Antes de ser el balneario chic de la aristocracia europea, Biarritz olía a mar, a brea y a grasa de ballena. Durante siglos fue un modesto pueblo de pescadores del País Vasco, encaramado sobre acantilados abiertos al golfo de Vizcaya, cuya vida giraba en torno a una actividad tan lucrativa como brutal: la caza de la ballena.

Los vascos fueron de los primeros pueblos de Europa en cazar cetáceos de forma sistemática, ya en la Edad Media. Desde lo alto de las atalayas de la costa, los vigías oteaban el horizonte en busca del chorro de las ballenas francas que en invierno se acercaban a la costa cantábrica. Cuando avistaban una, encendían señales y las barcas salían a remo desde la cala del actual Port Vieux, el Puerto Viejo, para arponear al animal y arrastrarlo a tierra, donde se descuartizaba y se aprovechaba todo: la carne, la grasa (fundida para hacer aceite) y las barbas. Esa riesgosa economía dio prosperidad a Biarritz durante buena parte de la Baja Edad Media, y dejó una huella que todavía hoy figura en el escudo de la ciudad, presidido por una embarcación ballenera.

Con el paso de los siglos, las ballenas se alejaron de la costa y la caza decayó. Biarritz siguió siendo un pueblo pequeño, de casas de pescadores y de labradores, sin nada que hiciera prever el destino deslumbrante que le esperaba. A comienzos del siglo XIX empezó, tímidamente, a llegar gente de fuera atraída por sus baños de mar, entonces considerados saludables. Pero el gran vuelco vendría de la mano de una mujer nacida en Granada, en España: Eugenia de Montijo.

https://es.wikipedia.org/wiki/Biarritzhttps://www.destination-biarritz.fr/decouvrir/le-port-des-pe

Eugenia de Montijo y el nacimiento del balneario imperial (1854)

María Eugenia Ignacia Augustina de Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Teba y más conocida como Eugenia de Montijo, era una aristócrata española que de niña y de joven había veraneado en Biarritz con su familia, y que se había enamorado de aquel rincón del Atlántico. En 1853 se casó con Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón I, que un año antes se había proclamado emperador de los franceses con el nombre de Napoleón III. De la noche a la mañana, la joven española pasó a ser emperatriz de Francia.

En 1854, Eugenia convenció a su esposo de construir una residencia de verano frente al mar en su querido Biarritz. El emperador eligió a propósito un lugar cercano a la frontera con España, para que su mujer no extrañara tanto su país. Así nació la Villa Eugénie, un palacio con planta en forma de 'E' mayúscula levantado sobre las dunas junto a la Grande Plage. A partir de entonces, la corte imperial francesa pasó allí largas temporadas estivales, y con ella llegaron los ministros, los diplomáticos, los artistas y toda la maquinaria del poder del Segundo Imperio.

El efecto fue inmediato y transformador. Donde antes había un pueblo de pescadores, empezaron a surgir villas señoriales, hoteles, avenidas y jardines para alojar a quienes seguían a la pareja imperial. Eugenia dejó además su marca devota: en 1864 mandó construir la Chapelle Impériale, una pequeña capilla de estilo romano-bizantino e hispano-morisco dedicada a la Virgen de Guadalupe de México. Biarritz se convertía, en apenas una década, en el balneario más elegante de la costa francesa. La frase que resume aquella época lo dice todo: 'y Eugenia creó Biarritz'.

https://es.wikipedia.org/wiki/Eugenia_de_Montijohttps://www.napoleon.org/en/magazine/places/villa-eugenie/https://www.destination-biarritz.fr/patrimoine-culturel/chap

La Belle Époque: reyes, zares y el balneario de moda de Europa

El Segundo Imperio francés cayó en 1870, tras la derrota ante Prusia, y Napoleón III y Eugenia partieron al exilio. Pero el prestigio que habían dado a Biarritz les sobrevivió con creces. La Villa Eugénie, vendida tras la caída del Imperio, se transformó en un hotel de lujo: el Hôtel du Palais, que todavía hoy es el edificio más emblemático de la ciudad y sigue funcionando como palace frente a la Grande Plage.

En las décadas siguientes, Biarritz vivió su época dorada, la Belle Époque, convertida en punto de encuentro de la realeza y las élites de media Europa. Veranearon aquí la reina Victoria del Reino Unido, el rey Eduardo VII, y muy especialmente el rey Alfonso XIII de España, que hizo de Biarritz uno de sus lugares favoritos y arrastró consigo a buena parte de la aristocracia española. También llegó una nutrida colonia rusa, aristócratas y familias de la Rusia zarista, para la cual se levantó a comienzos del siglo XX la iglesia ortodoxa de San Alejandro Nevski, con su inconfundible cúpula azul y sus iconos traídos de San Petersburgo, tras la alianza franco-rusa de la época.

La ciudad se llenó de villas fastuosas, de grandes hoteles, de tés y bailes, y en 1901 abrió su célebre Casino Municipal, que consagró a Biarritz como uno de los centros de ocio más influyentes del continente. Se construyeron paseos marítimos, se domesticó la costa con obras como la pasarela del Rocher de la Vierge —cuya realización se vincula al entorno técnico del ingeniero Gustave Eiffel—, y el pequeño pueblo ballenero se convirtió, definitivamente, en un balneario internacional. Las dos guerras mundiales y la crisis del siglo XX apagaron parte de aquel brillo aristocrático, pero Biarritz estaba a punto de reinventarse una vez más, gracias a una tabla de madera venida de California.

https://es.wikipedia.org/wiki/Biarritzhttps://www.donostiasecreta.com/la-iglesia-ortodoxa-rusa-de-

1957: cuando el surf desembarcó en Europa

La segunda gran transformación de Biarritz no vino de un emperador, sino de un guionista de Hollywood. En 1956 y 1957, el escritor y guionista estadounidense Peter Viertel —casado con la actriz Deborah Kerr— estaba en la costa vasca trabajando en el rodaje de la adaptación cinematográfica de la novela de Ernest Hemingway 'The Sun Also Rises' (conocida en español como 'Fiesta'). Viertel, aficionado a un deporte todavía casi desconocido en Europa, se había hecho enviar desde Estados Unidos su tabla de surf, y empezó a meterse al agua en la playa de la Côte des Basques, al pie de los acantilados de Biarritz.

Aquella imagen inédita —un hombre deslizándose de pie sobre las olas— fascinó a los lugareños. Un biarrota ingenioso, Georges Hennebutte, apodado 'Géo Trouvetout' por su habilidad con los materiales, reparó la tabla de Viertel y se hizo amigo suyo; juntos surfearon sus primeras olas vascas. Al año siguiente, Viertel volvió con varias tablas más e inició en el deporte a un grupo de jóvenes franceses: además del propio Hennebutte, figuras como Jacky Rott y Joël de Rosnay. De aquella cuadrilla pionera nació lo que después se conocería, con cariño, como los 'Tontons Surfeurs' (los 'tíos surfistas').

Así, en la Côte des Basques de Biarritz, nació el surf europeo. En pocos años se fundaron los primeros clubes, se empezaron a fabricar tablas en la zona y la costa vasca se convirtió en la meca del surf en el continente. Lo que había empezado como la excentricidad de un guionista estadounidense se transformó en una cultura entera: escuelas de surf, competiciones, marcas y un estilo de vida que le dio a Biarritz una segunda juventud, muy distinta de la del glamour imperial pero igual de característica.

https://www.destination-biarritz.fr/en/decouvrir/le-surf-a-bhttps://artsandculture.google.com/story/the-origins-of-surfi

Biarritz hoy: entre el glamour y el neopreno

El Biarritz del siglo XXI es la suma de todas sus vidas anteriores. Del pueblo ballenero conserva sus puertos, sus calas y su escudo con la ballena; de la época imperial, el Hôtel du Palais, la Chapelle Impériale y el aire de balneario elegante; de la Belle Époque, sus villas, su casino Art Déco y la iglesia rusa; y de 1957, su identidad como capital europea del surf, con playas llenas de tablas y una cultura joven y relajada.

Hoy es una ciudad de poco menos de 25.000 habitantes que recibe cada año a multitudes de visitantes atraídos por esa mezcla poco común de lujo tranquilo, deporte, naturaleza y gastronomía vasca. Acoge competiciones internacionales de surf, un conocido festival de cine latinoamericano (el Festival Biarritz Amérique Latine), grandes eventos de talla de olas y una vida cultural intensa. El rugby, deporte muy arraigado en el suroeste francés, también forma parte de su identidad.

Biarritz funciona además como la puerta de entrada al País Vasco francés (Iparralde), con Bayona, San Juan de Luz, Guéthary y los pueblos del interior a un paso, y con España al otro lado de una frontera casi invisible. Es un lugar donde se puede desayunar un chocolate a la antigua heredado de los sefardíes de Bayona, pasar la mañana surfeando en la playa donde empezó todo, admirar al atardecer el Rocher de la Vierge desde el mismo sitio donde soñaba Napoleón III, y cenar pescado del día en un puerto de pescadores. Pocas ciudades logran contar tantas historias en tan pocos kilómetros de costa.

https://es.wikipedia.org/wiki/Biarritzhttps://www.france.fr/en/destination/biarritz-basque-country

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Biarritz