Cuenta la leyenda de Taveuni que una princesa, prohibida de casarse con el hombre que amaba, subió llorando a un cráter en lo alto de la isla, y que de sus lágrimas caídas al lago nació una flor roja y blanca que no existe en ningún otro lugar de la Tierra: la tagimoucia, cuyo nombre mismo significa algo así como "llorar de tristeza". Esa flor, que crece solo alrededor del Lago Tagimoucia, es el emblema de una isla nacida del fuego y modelada por la lluvia.
Porque Taveuni es, ante todo, un volcán. Casi 150 conos volcánicos salpican sus 434 kilómetros cuadrados; su vertiente este recibe hasta diez metros de lluvia al año, y esa combinación de suelo fértil y agua sin fin la cubrió de una selva tan exuberante que se ganó el apodo de "la isla jardín de Fiyi". La misma tierra que hoy da vainilla, kava y taro fue, durante siglos, el corazón de una de las jefaturas más temidas del archipiélago.
Detrás de las cascadas y el coral que atraen hoy a los viajeros hay una historia densa: la de los navegantes lapita, la de la confederación de Cakaudrove y su Tui Cakau, la de misioneros y señores de la guerra tonganos, la de plantadores de algodón y copra, y la de un país entero que cambió de manos en 1874 y nunca volvió a ser el mismo.
El poblamiento humano de Taveuni se remonta a unos tres mil años, hacia el 950 a.C., de la mano de la cultura lapita, los navegantes que colonizaron el Pacífico occidental y de los que desciende el pueblo iTaukei. La geología marcó incluso esa historia temprana: fuertes erupciones entre los siglos III y V d.C. obligaron a abandonar el sur de la isla durante siglos, hasta que las comunidades volvieron a asentarse hacia el año 1100.
Con el tiempo, Taveuni se convirtió en el centro de Cakaudrove, una de las grandes confederaciones de jefaturas de Fiyi. Su capital tradicional fue Somosomo, en la costa noroeste, y su jefe supremo llevaba —y lleva— el título de Tui Cakau. Cakaudrove dominaba Taveuni y buena parte de Vanua Levu, y era, junto a Bau y Rewa, uno de los polos de poder de un Fiyi precolonial hecho de alianzas, tributos y guerras entre jefaturas.
La sociedad iTaukei de la isla se organizaba —y aún se organiza— en torno al mataqali (el clan), el vanua (el lazo sagrado entre la gente, la tierra y los ancestros) y el respeto al jefe. El yaqona o kava sellaba cada acuerdo y cada bienvenida, y el protocolo del sevusevu —presentar un atado de raíz de kava al jefe al llegar a una aldea— sigue siendo, hasta hoy, la llave para entrar con respeto a lugares como Bouma, Lavena o Waitabu, donde son las propias comunidades las que administran los parques y reservas.
El primer europeo en avistar Taveuni fue el neerlandés Abel Tasman, en 1643, aunque la mala visibilidad le hizo confundir sus picos con islas separadas. El contacto sostenido, sin embargo, llegó dos siglos después y por dos vías que marcarían el siglo XIX fiyiano: la religión y la guerra.
En julio de 1839, los misioneros wesleyanos John Hunt y Richard Lyth, con sus familias, se instalaron en Somosomo, la sede del Tui Cakau, para fundar una estación misional. Fueron de los primeros residentes europeos de larga duración de la isla, y su presencia abrió la puerta a la cristianización de Cakaudrove, en un tiempo en que todavía se practicaban la guerra ritual y el canibalismo entre jefaturas rivales.
A mediados de siglo, Taveuni quedó en el centro de las ambiciones de Enele Ma'afu, un noble tongano que buscaba construir su propio imperio en el este de Fiyi. Tras años de tensiones, el ejército del Tui Cakau derrotó a las fuerzas de Ma'afu en una sangrienta batalla naval frente a Somosomo alrededor de 1862. Pero esas guerras tuvieron un costo territorial: como castigo, el Tui Cakau vendió a colonos europeos varias islas y tierras cuyos habitantes habían apoyado a Ma'afu. Esa alienación de tierras abrió, sin saberlo, la puerta a la era de las plantaciones.
La costa oeste de Taveuni, de suelos ricos y pendientes suaves, resultó irresistible para los colonos europeos. Empezaron comprando tierras para cultivar algodón, alentados por la escasez mundial que provocó la Guerra Civil estadounidense (1861-1865): el algodón de Taveuni llegó a exportarse a Europa. Cuando el conflicto terminó y los precios del algodón se derrumbaron, el negocio viró a la copra —la pulpa seca del coco—, que se volvió el cultivo estrella y la base de la economía local durante generaciones.
El suroeste de la isla se transformó en la región más desarrollada de Taveuni: se levantó un pequeño poblado en Vuna Point a comienzos de la década de 1870, los vapores llegaban directamente desde la capital a cargar copra, y las plantaciones dibujaron esas hileras ordenadas de cocoteros que todavía se ven en las laderas del oeste y el sur. Incluso se construyó, en 1876, un pequeño tranvía tirado por caballos en una de las haciendas para transportar la caña.
Mientras tanto, en el plano político se decidía el destino de todo el archipiélago. El 10 de octubre de 1874, tras décadas de guerras entre jefaturas y presiones extranjeras, el jefe Seru Epenisa Cakobau y otros doce jefes supremos firmaron el Deed of Cession a bordo del HMS Pearl, en Levuka: Fiyi se convertía en colonia británica bajo la reina Victoria. Cakaudrove y Taveuni quedaron incorporadas a la nueva administración colonial, y la vida de la isla entró en la órbita del imperio.
La decisión colonial que más transformó a Fiyi vino poco después de la cesión. Para hacer rentables las plantaciones sin desmantelar la sociedad iTaukei —el gobernador Arthur Gordon prohibió emplear a los fiyianos como peones—, los británicos importaron trabajadores desde la India bajo contratos de servidumbre. El primer barco, el Leonidas, llegó en 1879; entre ese año y 1916 arribaron unos 60.000 trabajadores. Llamaban a su contrato girmit (por la palabra inglesa agreement) y a sí mismos girmitiyas.
Las condiciones en los cañaverales fueron durísimas y los abusos, sistemáticos, hasta que las denuncias forzaron la abolición del sistema entre 1916 y 1919. Muchos girmitiyas se quedaron y echaron raíces: sus descendientes, los indofiyianos, llegaron a formar cerca de la mitad de la población del país y aportaron el hindi, el hinduismo, el islam y una cocina que hoy es parte de la identidad fiyiana. En Taveuni, ese legado se siente en los comercios y los curries de Naqara y Waiyevo.
Fiyi recuperó su independencia el 10 de octubre de 1970, exactamente 96 años después de la cesión. La copra fue perdiendo peso y Taveuni diversificó su campo hacia el taro, la kava, la vainilla, el café y la fruta tropical, mientras el turismo de naturaleza y buceo se volvía un motor nuevo. Hoy la isla tiene unos 13.800 habitantes, en su enorme mayoría iTaukei, y una administración centrada en Waiyevo, cerca del famoso meridiano 180.
El gran cambio contemporáneo fue entender que su mayor riqueza no estaba en las plantaciones sino en su naturaleza intacta. Las comunidades de Bouma, Lavena y Waitabu, en vez de vender su selva o su arrecife, los protegieron y los abrieron al visitante, cobrando entradas que sostienen a las aldeas. Así nacieron el Bouma National Heritage Park, la Lavena Coastal Walk y la reserva marina de Waitabu, modelos de conservación comunitaria pioneros en el Pacífico. La isla jardín, que empezó dando algodón y copra al imperio, hoy se cuida a sí misma. Y la tagimoucia, aquella flor nacida de las lágrimas de una princesa, sigue floreciendo cada verano en su cráter, sin crecer en ningún otro lugar del mundo.