Naantali nació de la fe. A diferencia de otras ciudades finlandesas, que crecieron alrededor de castillos o puertos comerciales, Naantali surgió de un monasterio. En 1443, el rey Cristóbal de Baviera, que reinaba sobre la Unión de Kalmar (Suecia, Dinamarca y Noruega), autorizó la fundación de un convento de la orden de Santa Brígida —las brigidinas— en un lugar de la costa suroeste de Finlandia. El monasterio recibió el nombre latino de 'Vallis Gratiae', el 'Valle de la Gracia', que se tradujo al sueco como Nådendal y al finés como Naantali.
La orden de Santa Brígida, fundada por la mística sueca Brígida de Suecia (Birgitta), era una de las más influyentes del norte de Europa, y su convento de Naantali se convirtió pronto en uno de los centros religiosos más importantes de Finlandia. Era un monasterio doble, de monjas y monjes, y un lugar de peregrinación, estudio y copia de manuscritos. La gran iglesia conventual de piedra, terminada a finales del siglo XV, se levantó sobre la colina como corazón del complejo.
Alrededor del convento fue creciendo un pequeño núcleo de población que atendía las necesidades del monasterio y de los peregrinos: artesanos, comerciantes, posaderos. Así nació la ciudad de Naantali, que obtuvo derechos urbanos ligados al convento. Durante casi un siglo, la vida de la ciudad giró en torno a la orden religiosa que le había dado nombre y razón de ser.
El mundo que había creado a Naantali se derrumbó con la Reforma protestante. En la década de 1520, el rey Gustavo Vasa de Suecia rompió con Roma, impuso el luteranismo en todo el reino —del que Finlandia formaba parte— y confiscó las propiedades de la Iglesia católica. Los monasterios fueron disueltos y sus bienes pasaron a la corona. El convento de Naantali no escapó a este proceso: perdió sus rentas y sus tierras, y su comunidad religiosa fue extinguiéndose poco a poco.
El monasterio de Santa Brígida de Naantali resistió más que otros, en parte por su prestigio y por la resistencia de sus últimas monjas, pero hacia finales del siglo XVI la vida monástica se había apagado por completo. Los edificios conventuales fueron cayendo en ruinas o se reutilizaron, y con el tiempo desaparecieron casi todos. Solo se salvó la gran iglesia de piedra, que se convirtió en templo parroquial luterano y sigue en pie hoy, como único gran testimonio del pasado monástico de la ciudad.
Sin su convento, Naantali quedó reducida a un pequeño pueblo costero de artesanos y pescadores, sin la importancia que había tenido. Durante los siglos siguientes fue un lugar modesto y algo olvidado, conocido sobre todo por la fabricación de calcetines y prendas de punto, un oficio tradicional de sus habitantes. Habría que esperar al siglo XIX para que Naantali encontrara una nueva razón de prosperidad.
El siglo XIX trajo a Naantali una segunda vida, muy distinta de la primera. En una época en que se puso de moda entre las clases acomodadas de Europa la costumbre de tomar 'baños de mar' y curas de salud en la costa, Naantali, con su bahía tranquila, su clima suave y su encanto, se convirtió en un balneario y en un destino de veraneo elegante. En 1863 se inauguró un establecimiento de baños (spa) que atrajo a la burguesía finlandesa y a visitantes de San Petersburgo y otras ciudades.
Durante el verano, Naantali se llenaba de veraneantes que venían a descansar, bañarse y disfrutar del aire marino. Se construyeron villas de madera, hoteles y jardines, y la ciudad adquirió ese aire coqueto y burgués de villa de veraneo que en buena parte conserva. El casco antiguo de casitas de madera, con sus rosales y sus calles empedradas, cristalizó en esa época como el escenario encantador que hoy atrae a los turistas.
El prestigio de Naantali como lugar de veraneo se consolidó en el siglo XX con un símbolo de primer orden: la elección de Kultaranta, en la isla de Luonnonmaa frente a la ciudad, como residencia oficial de verano del presidente de la República de Finlandia. Ese palacio con sus famosos jardines de rosas convirtió a la pequeña Naantali en el lugar de veraneo del jefe del Estado, un honor que refuerza su imagen elegante hasta hoy.
La transformación más reciente y quizá más sorprendente de Naantali llegó a finales del siglo XX, de la mano de unos personajes de ficción. Los Moomins (Muumit en finés, Mumintroll en sueco) son unas criaturas blancas y bonachonas, con forma de pequeño hipopótamo, creadas por la escritora y artista finlandesa de lengua sueca Tove Jansson (1914-2001) a partir de 1945, en una serie de libros ilustrados y cómics que se convirtieron en clásicos de la literatura infantil.
El universo de los Moomins —tierno, imaginativo y con un fondo melancólico y filosófico— conquistó primero Finlandia y los países nórdicos, y luego el mundo entero, con un éxito extraordinario en Japón gracias a las series de dibujos animados. Los Moomins se convirtieron en uno de los grandes símbolos culturales de Finlandia y en una marca reconocida internacionalmente.
En 1993 se inauguró en la isla de Kailo, junto al puerto de Naantali, el Mundo Moomin (Muumimaailma), un parque temático dedicado a estos personajes, con la aprobación y participación de la propia Tove Jansson y su familia. A diferencia de los parques de atracciones convencionales, se concibió como un lugar de ambientación fiel al espíritu de los libros, sin montañas rusas, centrado en la imaginación y el encuentro con los personajes. El éxito fue enorme y convirtió a Naantali en la capital finlandesa de los Moomins y en uno de los destinos familiares más populares del país. Así, la pequeña ciudad nacida de un convento medieval encontró en el siglo XXI una nueva y luminosa razón de fama, uniendo su casco antiguo de veraneo con la magia de los personajes más queridos de Finlandia.
La Naantali contemporánea vive una curiosa doble vida. Por un lado, es una de las ciudades más pintorescas y turísticas de Finlandia, un destino de veraneo elegante con su casco antiguo de madera, su puerto de yates, el Mundo Moomin y la residencia presidencial de Kultaranta. Por otro, en su municipio se encuentra una de las mayores refinerías de petróleo del país, un importante centro industrial y energético que da trabajo a la región y contrasta con la imagen de postal del centro histórico. Esa mezcla de villa marinera de cuento e infraestructura industrial es parte de la Naantali real.
El turismo, sin embargo, es su gran motor de identidad. Al calor del Mundo Moomin, inaugurado en 1993, Naantali se consolidó como un destino familiar de primer orden, con hoteles, un gran complejo de spa frente al mar (Naantali Spa) muy popular entre los finlandeses, y una intensa vida veraniega de cruceros por el archipiélago, festivales y terrazas junto al agua. En verano, la pequeña ciudad multiplica su población con visitantes de toda Finlandia y del extranjero.
Naantali conserva además tradiciones muy queridas que la unen a su historia. La más famosa es el 'Día del Dormilón' (Unikeonpäivä), el 27 de julio: de madrugada, una personalidad local elegida en secreto es arrojada al agua del puerto entre música y fiesta, en una celebración de raíces medievales ligada a la leyenda de los Siete Durmientes. La ciudad acoge también un prestigioso festival de música de cámara en verano. Así, la antigua ciudad conventual del 'Valle de la Gracia' mantiene vivo su encanto histórico mientras se reinventa, verano tras verano, como uno de los rincones más luminosos y queridos de la costa finlandesa.