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Historia de Lalibela

Una Nueva Jerusalén en la montaña

Imaginá que, en lugar de apilar piedras para levantar una iglesia, decidís esculpirla hacia abajo: cavar zanjas profundas alrededor de un bloque de roca hasta aislarlo de la montaña, y luego vaciarlo por dentro, tallando columnas, arcos, bóvedas, ventanas y altares en la piedra viva, sin junta ni argamasa alguna. Eso, once veces, es lo que se hizo en Lalibela hace unos ocho siglos. El resultado son once iglesias monolíticas y semimonolíticas excavadas en la roca volcánica de los montes Lasta, a 2.500 metros de altura, unidas por trincheras, túneles y pasadizos. No hay nada exactamente igual en el mundo.

La tradición atribuye la empresa al rey Gebre Meskel Lalibela, que dio su nombre al lugar y gobernó a finales del siglo XII y comienzos del XIII. El contexto lo explica: en 1187, el sultán Saladino había reconquistado Jerusalén, y para los cristianos etíopes peregrinar a Tierra Santa se volvió difícil y peligroso. La respuesta fue extraordinaria: crear una 'Nueva Jerusalén' propia en las montañas de Etiopía, un lugar santo al que peregrinar sin cruzar territorio hostil. Por eso muchos nombres de Lalibela evocan la geografía sagrada: hay un río llamado Yordanos (Jordán), un Gólgota, una Tumba de Adán, un Belén. Lalibela no imita a Jerusalén: la reencarna en la piedra etíope.

https://whc.unesco.org/en/list/18/https://es.wikipedia.org/wiki/Lalibelahttps://en.wikipedia.org/wiki/Rock-Hewn_Churches,_Lalibela

El rey Lalibela y la dinastía Zagüe

Lalibela pertenecía a la dinastía Zagüe, que gobernó el norte de Etiopía entre los siglos X/XII y XIII, tras el declive del antiguo reino de Aksum y antes de la restauración de la llamada dinastía salomónica. Los Zagüe procedían de la región de Lasta y su capital estuvo en Adefa, la actual Lalibela. La tradición etíope los recuerda sobre todo por esta obra piadosa colosal.

Alrededor del rey se tejió una rica leyenda hagiográfica. Se cuenta que, siendo niño, un enjambre de abejas lo rodeó sin dañarlo, y que su madre exclamó 'Lalibela' ('las abejas reconocen su soberanía'), presagiando que reinaría. Otra leyenda relata que fue envenenado por un hermano celoso y que, en un sueño o rapto, subió al cielo, donde Dios le ordenó construir iglesias como las de la Jerusalén celestial. Y el relato más famoso asegura que las iglesias se levantaron con una rapidez sobrehumana porque, de día trabajaban los hombres, y de noche seguían la obra los ángeles. Detrás del mito hay una realidad histórica: un rey que movilizó recursos, canteros y una visión religiosa para dotar a su reino de un centro de peregrinación que sustituyera a la lejana Tierra Santa. Tras su muerte, Lalibela fue canonizado por la Iglesia etíope, y su figura quedó unida para siempre a la ciudad que lleva su nombre.

https://es.wikipedia.org/wiki/Lalibelahttps://en.wikipedia.org/wiki/Gebre_Mesqel_Lalibelahttps://en.wikipedia.org/wiki/Zagwe_dynasty

Cómo y cuándo se tallaron las iglesias

La proeza técnica de Lalibela sigue impresionando a los ingenieros modernos. Los canteros medievales trabajaron de arriba abajo, aprovechando una toba volcánica relativamente blanda al excavar pero que endurece al aire. Primero abrían profundas trincheras rectangulares en la roca hasta aislar un enorme bloque; después lo vaciaban por dentro, esculpiendo con precisión el interior sagrado —naves, columnas, capiteles, ventanas en forma de cruz— y el exterior. Todo con herramientas de hierro, sin poder rectificar un error: un solo golpe de más era irreversible. Se calcula que se movieron decenas de miles de metros cúbicos de piedra.

Las once iglesias se agrupan en dos conjuntos separados por el 'río Jordán', más la aislada Bete Giyorgis (San Jorge), la más perfecta, con planta de cruz griega. Entre las mayores está Bete Medhane Alem, la iglesia monolítica excavada en roca más grande del mundo, rodeada de columnas. Un ingenioso sistema de drenaje, canales y pozos evacúa el agua de lluvia y evita que las iglesias, situadas por debajo del nivel del suelo, se inunden.

La cronología exacta es objeto de debate académico. La tradición concentra todo en el reinado de Lalibela (unas décadas en torno a 1200), pero muchos estudiosos piensan que el conjunto se realizó en varias fases a lo largo de siglos, y que algunas estructuras pudieron ser antes cuevas, tumbas o incluso fortalezas y palacios reconvertidos en iglesias. Lo que nadie discute es su valor único: en 1978, Lalibela fue uno de los primeros doce lugares del mundo inscritos en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

https://whc.unesco.org/en/list/18/https://en.wikipedia.org/wiki/Rock-Hewn_Churches,_Lalibelahttps://es.wikipedia.org/wiki/Lalibela

Un santuario vivo de la fe ortodoxa

Lo que hace de Lalibela algo más que un prodigio arqueológico es que nunca dejó de ser un lugar de culto. Durante ocho siglos, las iglesias han estado en uso ininterrumpido, atendidas por sacerdotes y monjes de la Iglesia Ortodoxa Tewahedo etíope, una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo, con raíces en el siglo IV. En sus penumbras se guardan cruces procesionales de valor incalculable, manuscritos iluminados sobre pergamino, íconos y tabots (réplicas del Arca de la Alianza) que solo los sacerdotes pueden ver.

Cada año, y muy especialmente en Genna —la Navidad etíope, el 7 de enero según el calendario ge'ez— y en Timkat —la Epifanía, el 19 de enero—, decenas de miles de peregrinos llegan a pie desde todos los rincones del país, muchos descalzos y envueltos en túnicas blancas, para orar, cantar y velar durante noches enteras en las trincheras de las iglesias. Es una de las manifestaciones de fe popular más impresionantes del mundo, y devuelve a Lalibela su sentido original: el de una Jerusalén etíope a la que peregrinar.

En tiempos recientes, la conservación del conjunto ha planteado desafíos: la erosión de la toba volcánica, las filtraciones de agua de lluvia, el crecimiento de líquenes y la degradación de las tallas obligaron a intervenciones internacionales, y los grandes techos protectores metálicos instalados sobre varias iglesias a comienzos de este siglo —eficaces contra la lluvia pero muy polémicos por su impacto visual y por tapar el cielo sobre los templos— generan un debate abierto entre proteger la piedra y preservar la atmósfera sagrada del lugar. La región también se vio afectada por el conflicto del norte de Etiopía a comienzos de la década de 2020, que en un momento llegó a alcanzar la ciudad y disparó la alarma internacional por la suerte del patrimonio. Pese a todo, Lalibela sigue en pie y en oración, fiel a la vocación con que fue concebida hace ocho siglos: un milagro de piedra tallado por la fe, y todavía habitado por ella, donde cada amanecer los sacerdotes vuelven a abrir las iglesias excavadas y los peregrinos siguen bajando a rezar al fondo de la roca.

https://whc.unesco.org/en/list/18/https://en.wikipedia.org/wiki/Ethiopian_Orthodox_Tewahedo_Chhttps://es.wikipedia.org/wiki/Lalibela

📚 Bibliografía

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