La historia de Haapsalu empieza, como la de tantas ciudades bálticas, con la conquista cruzada y la Iglesia. Tras el sometimiento de los antiguos estonios en el siglo XIII, la costa oeste y las islas quedaron bajo el obispado de Ösel-Wiek (Saare-Lääne), uno de los principados eclesiásticos en que se organizó la Livonia medieval. Los obispos necesitaban una sede en tierra firme, y hacia 1279 eligieron Haapsalu como capital de su obispado, otorgándole derechos de ciudad.
Allí levantaron un imponente conjunto: el castillo episcopal, con sus murallas y torres, y en su corazón la catedral (Dome), una gran iglesia-fortaleza que es el mayor templo románico-gótico de una sola nave del Báltico. Castillo y catedral hicieron de Haapsalu un centro de poder religioso y político en el oeste estonio, y alrededor de la fortaleza fue creciendo la ciudad medieval, con sus artesanos, comerciantes y clérigos.
De aquella época medieval nace también la identidad del lugar y su leyenda más célebre, la de la Dama Blanca, ligada a la catedral y la capilla del castillo: la historia de la joven emparedada viva cuyo fantasma se aparecería en las noches de luna llena de agosto. Real o no, la leyenda encarna el aura romántica y algo melancólica que Haapsalu conserva hasta hoy.
Como toda Livonia, Haapsalu fue arrastrada por las guerras que asolaron el Báltico en la Edad Moderna. La Reforma y la Guerra de Livonia (1558-1583) acabaron con el obispado de Ösel-Wiek: la ciudad y su castillo pasaron de mano en mano entre las potencias que se disputaban la región. Finalmente, tras diversos avatares, Haapsalu quedó integrada en el Imperio sueco, que dominó buena parte de la actual Estonia durante el siglo XVII.
La época sueca reforzó la iglesia luterana y la administración, pero la ciudad siguió siendo pequeña y su castillo fue perdiendo importancia militar. El golpe definitivo a su papel de fortaleza llegó con la Gran Guerra del Norte (1700-1721), en la que el zar Pedro el Grande arrebató a Suecia sus provincias bálticas. Por la paz de Nystad (1721), Haapsalu, con toda Estonia, quedó incorporada al Imperio Ruso, en cuyo seno permanecería dos siglos.
Durante buena parte del período ruso, Haapsalu fue una pequeña y tranquila ciudad de provincias en la costa oeste, con su castillo ya en ruinas, sus casas de madera y su vida modesta ligada a la pesca, el pequeño comercio y el campo. Nada hacía prever que, en el siglo XIX, un descubrimiento la convertiría en un balneario de moda de todo el Imperio.
El gran giro en la historia de Haapsalu llegó en 1825, cuando el médico Carl Abraham Hunnius empezó a estudiar y aplicar con fines terapéuticos el barro marino de la bahía, rico en minerales, al que se atribuían propiedades curativas para reumatismos y otras dolencias. La iniciativa de Hunnius dio origen a un establecimiento de baños de barro que transformaría por completo la pequeña ciudad.
A lo largo del siglo XIX, Haapsalu se convirtió en un elegante balneario de moda del Imperio Ruso. La aristocracia y la burguesía —y, sobre todo, la propia familia imperial rusa— empezaron a acudir a tomar los barros y los baños de mar. Se levantaron casas de baños, villas de veraneo con encajes de madera tallada, parques, paseos y salones. El emblema de esa época dorada es el Kuursaal, el gran pabellón balneario de madera de 1898, y el largo paseo marítimo que aún hoy bordea la bahía.
La conexión con la corte rusa dejó una huella arquitectónica única: cuando llegó el ferrocarril, se construyó una estación con un andén cubierto de unos 200 metros —el más largo de Estonia—, pensado precisamente para que el zar y su séquito pudieran bajar del tren imperial bajo techo. Aquella estación, hoy Museo del Ferrocarril, es un monumento a los años en que Haapsalu estaba de moda y a un paso, por tren, de San Petersburgo.
La región de Haapsalu tiene, además, una capa histórica particular: la de los 'suecos de Estonia' (rannarootslased, suecos de la costa). Durante siglos, la costa oeste y las islas —Vormsi, Noarootsi (Nuckö), la zona de Haapsalu— estuvieron pobladas por una minoría de habla sueca, campesinos y pescadores libres que conservaron su lengua, sus costumbres y sus iglesias desde la Edad Media. Vormsi, con sus cruces de rueda medievales, y la península de Noarootsi son testimonios de esa herencia.
Esta comunidad sueca convivió con la mayoría estonia y con la elite germano-báltica que dominaba las mansiones y el comercio. Su presencia dio a la costa oeste un carácter cultural propio, visible aún hoy en topónimos, apellidos, museos y en el paisaje de molinos e iglesias. Fue una de las minorías históricas más singulares de Estonia.
El destino de los suecos de Estonia se truncó con la Segunda Guerra Mundial: ante la llegada de la ocupación soviética, la gran mayoría de esta comunidad —varios miles de personas— fue evacuada o huyó a Suecia entre 1943 y 1944, poniendo fin a siglos de presencia sueca en la costa. Hoy su recuerdo se conserva en museos y en la memoria de la región, y forma parte de la rica y compleja identidad de la zona de Haapsalu.
El siglo XX trajo a Haapsalu la independencia de Estonia y, después, la tragedia de las guerras y ocupaciones. Con la Guerra de la Independencia (1918-1920), la ciudad formó parte de la nueva República de Estonia, y durante los años de entreguerras siguió siendo un balneario apreciado, ahora al servicio de los estonios y de veraneantes de la joven república. Pero el pacto Molotov-Ribbentrop de 1939 y la Segunda Guerra Mundial lo cambiaron todo.
Estonia fue ocupada por la URSS en 1940, invadida por la Alemania nazi en 1941 y reconquistada por los soviéticos en 1944. La costa oeste vivió las deportaciones estalinistas, la huida masiva de los suecos de Estonia y de miles de estonios hacia Suecia por mar, y la instauración del régimen soviético. Bajo la URSS, Haapsalu y toda la costa quedaron convertidas en zona militar fronteriza, con acceso restringido, vigilancia y presencia militar, por su condición de frontera occidental del bloque soviético.
Durante las décadas soviéticas, la ciudad conservó su función de balneario —con sanatorios para trabajadores— pero su elegante patrimonio de época imperial envejeció sin recursos. El aislamiento como zona fronteriza, sin embargo, tuvo un efecto colateral: preservó buena parte del casco de madera, las villas y el paseo, que llegaron al final del siglo, ajados pero en pie, a la recuperación de la independencia.
Con la recuperación de la independencia de Estonia en 1991, Haapsalu emprendió la recuperación de su patrimonio y su vocación de balneario. El castillo episcopal fue restaurado —con una gran renovación culminada en 2019— y alberga hoy un moderno museo; el paseo marítimo, el Kuursaal, las villas y el casco de madera con sus encajes tallados se han cuidado y revalorizado, y los baños de barro han vuelto a funcionar en modernos hoteles-spa herederos de la tradición de Hunnius.
Haapsalu es hoy una ciudad pequeña, tranquila y con mucho encanto, que combina el balneario histórico con una animada vida cultural: el festival de la Dama Blanca en agosto, festivales de música (blues, música antigua), museos como Ilon's Wonderland —dedicado a Ilon Wikland, la ilustradora de Astrid Lindgren, que se crió aquí— y el precioso Museo del Ferrocarril en la vieja estación del zar. La gastronomía de producto local y pescado completa la oferta.
Para el viajero, Haapsalu es a la vez historia, balneario y naturaleza: se puede pasar del castillo medieval al paseo al atardecer, de un baño de barro a un concierto en el Kuursaal, y usar la ciudad como base para el gran humedal de Matsalu y las islas del oeste. Un lugar donde el pasado episcopal, la época dorada de los zares, la herencia sueca y el siglo XX de guerras y frontera conviven en un casco de madera junto a una bahía serena. Y donde, dentro de unos años, cuando se reabra la línea de tren, volverá a sonar el silbato en el andén más largo de Estonia.