En apenas treinta kilómetros de esta esquina de Virginia, entre los ríos James y York, cabe casi toda la historia del nacimiento de Estados Unidos: el lugar donde desembarcaron los primeros ingleses en 1607, la ciudad donde se debatió la independencia en el siglo XVIII, y el campo donde en 1781 se ganó la guerra que la hizo realidad. Y sin embargo, a comienzos del siglo XX, todo eso era un pueblo somnoliento y medio olvidado, hasta que el hombre más rico del mundo decidió reconstruirlo tabla por tabla. Pero la historia empieza mucho antes, con los pueblos que ya vivían aquí cuando llegaron los barcos.
La región del sureste de Virginia, entre los ríos James y York, donde más tarde surgiría Williamsburg, estaba densamente habitada al llegar los ingleses por los pueblos de la confederación powhatan, un poderoso conjunto de comunidades de lengua algonquina lideradas por el jefe supremo Wahunsenacawh, conocido por los ingleses como 'Powhatan'. Vivían de la agricultura, la pesca y la caza, en aldeas distribuidas por la fértil región costera de la bahía de Chesapeake.
En 1607, una expedición inglesa fundó en una isla del río James el asentamiento de Jamestown, el primer establecimiento inglés permanente en América del Norte, financiado por la Virginia Company de Londres. Los primeros años fueron de extrema dureza: hambrunas, enfermedades y conflictos —y a la vez momentos de intercambio— con los powhatan marcaron la supervivencia precaria de la colonia. De esa época proviene la célebre y mitificada historia de Pocahontas, hija de Powhatan, y el colono John Smith, y más tarde el matrimonio de Pocahontas con John Rolfe.
Fueron el tabaco —cuyo cultivo, impulsado por Rolfe, dio a la colonia un producto rentable— y la llegada de más colonos los que permitieron que Virginia echara raíces. En 1619 ocurrieron en Jamestown dos hechos decisivos: la reunión de la primera asamblea representativa (la House of Burgesses) y la llegada de los primeros africanos esclavizados a la Norteamérica inglesa, dos hechos que marcarían, de maneras opuestas, el futuro del país.
Williamsburg no nació como tal, sino que se desarrolló a partir de un asentamiento del interior de la península llamado Middle Plantation, fundado en el siglo XVII en un terreno más alto y saludable que la pantanosa Jamestown. Allí, en 1693, se fundó el College of William & Mary, una de las primeras instituciones de educación superior de las colonias, lo que dio prestigio y población al lugar.
Jamestown, la capital colonial, sufría de un emplazamiento insalubre, propenso a las enfermedades, los incendios y las inundaciones. Tras un incendio que destruyó la sede del gobierno colonial, se decidió trasladar la capital de Virginia a Middle Plantation. En 1699, el asentamiento fue reorganizado y rebautizado como Williamsburg, en honor al rey Guillermo III de Inglaterra ('King William'), y se convirtió en la nueva capital de la colonia.
La ciudad fue planificada con un trazado ordenado, con una gran avenida central —la Duke of Gloucester Street— que unía los dos polos del poder y el saber: el College of William & Mary en un extremo y el nuevo Capitolio colonial en el otro, con el Palacio del Gobernador y los principales edificios públicos distribuidos en el conjunto. Nacía así la capital de la colonia más grande y rica de la América británica.
Durante el siglo XVIII, Williamsburg vivió su época de esplendor como capital de Virginia, la colonia más extensa, poblada y rica de la América británica. Fue el centro político, social, económico y cultural de la colonia, especialmente animada durante las 'Public Times', los períodos en que sesionaba la asamblea y se concentraba en la ciudad la élite de plantadores, comerciantes y políticos, con un bullicio de subastas, ferias, bailes y actividad.
En el Capitolio colonial sesionaba la House of Burgesses, donde se debatían los asuntos de la colonia. A medida que crecía la tensión con la corona británica —por los impuestos y la falta de representación—, Williamsburg se convirtió en un escenario clave de las ideas revolucionarias. Allí resonaron los discursos del gran orador Patrick Henry y se forjaron las posiciones de figuras como Thomas Jefferson (que estudió en el College of William & Mary), George Washington y George Mason. En Williamsburg se gestaron resoluciones y decisiones que empujaron a Virginia hacia la independencia.
Durante la Guerra de Independencia, sin embargo, la capital se trasladó en 1780 a Richmond, ubicada más al interior y considerada más segura frente a posibles ataques británicos por mar. Con la pérdida de la capitalidad, Williamsburg fue perdiendo protagonismo y se convirtió, durante el siglo siguiente, en un tranquilo pueblo universitario que conservaba, casi olvidados, sus viejos edificios coloniales.
Muy cerca de Williamsburg, a orillas del río York, se libró en 1781 uno de los acontecimientos decisivos de la historia de Estados Unidos: el sitio de Yorktown. Tras años de guerra, el ejército británico al mando del general Charles Cornwallis se había atrincherado en Yorktown, esperando apoyo y suministros por mar.
El ejército continental al mando de George Washington, junto con un importante contingente de tropas francesas (aliadas de los estadounidenses) comandadas por el conde de Rochambeau, marchó hacia Virginia y sitió a Cornwallis por tierra. A la vez, la flota francesa del almirante De Grasse bloqueó la bahía de Chesapeake, impidiendo que los británicos recibieran refuerzos o pudieran escapar por mar. Atrapado y sometido a un intenso asedio, Cornwallis se rindió en octubre de 1781.
La rendición de Yorktown fue, en la práctica, el golpe final de la Guerra de Independencia: aunque la paz definitiva se firmaría más tarde (en el Tratado de París de 1783), la derrota británica en Yorktown convenció a Gran Bretaña de la imposibilidad de ganar la guerra y selló la independencia de las trece colonias. Así, este rincón de Virginia —Jamestown, Williamsburg, Yorktown— concentra en pocos kilómetros tanto el nacimiento de la América colonial como el triunfo de su independencia.
Tras perder la capitalidad en 1780, Williamsburg pasó más de un siglo como un tranquilo pueblo universitario, lo que paradójicamente ayudó a que muchos de sus edificios coloniales sobrevivieran sin grandes transformaciones, aunque deteriorados. A comienzos del siglo XX, el rector de una iglesia local, el reverendo W. A. R. Goodwin, concibió la idea de restaurar el casco colonial para preservar ese patrimonio único.
Goodwin logró interesar en el proyecto al multimillonario filántropo John D. Rockefeller Jr., que a partir de los años veinte y treinta financió una ambiciosa y costosísima restauración. Se restauraron los edificios coloniales originales que se conservaban, se reconstruyeron los desaparecidos —como el Capitolio y el Palacio del Gobernador— a partir de investigaciones históricas y arqueológicas, y se eliminaron las construcciones posteriores que no correspondían a la época. El objetivo era devolver a Williamsburg el aspecto de la capital colonial del siglo XVIII.
Así nació Colonial Williamsburg, inaugurado como museo de historia viviente, que con el tiempo incorporó a intérpretes vestidos de época, oficios tradicionales y representaciones para recrear la vida colonial. El proyecto, gestionado por la Colonial Williamsburg Foundation, se convirtió en un modelo de preservación histórica y en uno de los destinos patrimoniales más visitados de Estados Unidos.
El Williamsburg de hoy vive de su extraordinario legado histórico, convertido en uno de los grandes destinos patrimoniales de Estados Unidos. Colonial Williamsburg, con sus cientos de edificios restaurados y sus intérpretes de historia viviente, atrae cada año a multitudes que quieren entender cómo era la vida —y cómo nacían las ideas revolucionarias— en la América colonial del siglo XVIII. En las últimas décadas, el museo amplió su relato para incluir de manera más honesta la historia de las personas esclavizadas y de los grupos a menudo silenciados en la versión tradicional.
La ciudad es el corazón del Historic Triangle, el conjunto que la une con Jamestown (los orígenes coloniales de 1607) y Yorktown (la victoria de la independencia de 1781), conectados por la escénica Colonial Parkway. Juntos forman un recorrido por el nacimiento de Estados Unidos, complementado por museos de recreación modernos en Jamestown y Yorktown que hacen la historia accesible y atractiva para las familias.
A su peso histórico, Williamsburg suma su faceta de destino familiar y de ocio, con los parques temáticos Busch Gardens y Water Country USA en las cercanías, y la presencia del prestigioso College of William & Mary, que mantiene vivo el espíritu universitario de la ciudad desde 1693. Esa combinación de historia profunda, entretenimiento y vida estudiantil hace de Williamsburg un destino singular en el Atlántico Medio estadounidense.